Octubre, con cifras duras, victorias territoriales y el rechazo popular en el horizonte, obliga a decirlo sin adornos: o recuperamos la iniciativa política o naturalizamos la excepción․ Esa elección ya no es ecuatoriana: es latinoamericana.
Octubre, con cifras duras, victorias territoriales y el rechazo popular en el horizonte, obliga a decirlo sin adornos: o recuperamos la iniciativa política o naturalizamos la excepción․ Esa elección ya no es ecuatoriana: es latinoamericana.