Por primera vez, la extrema derecha francesa se encuentra en el umbral del poder. Esto es menos sorprendente de lo que parece si se observa su presencia constante en la vida política francesa, desde el caso Dreyfus hasta el presente.
Notas publicadas en Primera Plana
Combatir hoy a la extrema derecha, así como la precariedad y los miedos de los que se alimenta, requiere apostar decididamente por un feminismo para todo el mundo.
La derecha se autoproclama campeona de la libertad, pero cuando analizamos su historia nos damos cuenta de que siempre tuvo otra prioridad: la defensa de la propiedad y de los propietarios.
Durante su largo desarrollo, el capitalismo recurrió a muchos tipos de relaciones laborales, algunas basadas en la coacción económica y otras en factores no económicos. Si el argumento es correcto, debemos conceptualizar a la clase obrera asalariada como un tipo —importante, sin duda— de fuerza de trabajo mercantilizada entre otras.
Los trabajadores estamos atrapados en un círculo vicioso: cada vez trabajamos más horas para pagar los servicios que necesitamos porque cada vez trabajamos más horas… Etcétera. Romper el círculo implica repensar los vínculos que establece el capitalismo entre nuestra «vida laboral» y nuestra «vida familiar».
El trabajo no está desapareciendo, pero las organizaciones construidas a su alrededor fueron sepultadas. Mientras que los antiguos partidos obreros rompen amarras con los intereses de los trabajadores, la derecha logra movilizar partes cada vez más grandes de la clase obrera.
La «comprensión ampliada» del capitalismo que propone Nancy Fraser arroja nueva luz sobre problemáticas centrales para los debates de hoy: la reproducción social, el racismo, la crisis ecológica, la estrategia socialista.
El proyecto socialista no debería concebirse como la continuación ni el freno del progreso o la modernidad, sino como la construcción de una modernidad alternativa. Una modernidad que recoja los frutos técnicos y sociales del capitalismo pero los module en un proyecto civilizatorio diferente, de tipo ecosocialista y comunitario.

Los gobiernos progresistas y los movimientos antiextractivistas se enfrentaron con frecuencia en las décadas recientes. En Ecuador el conflicto asumió tal magnitud que se convirtió en la contradicción central. Y el resultado fue desastroso.
Necesitamos una perspectiva de reconstrucción ecológica amplia, y eso implica adoptar la geoingeniería como parte de nuestro proyecto.








