Ideología

El ICE está desatando una cacería violenta, ilegal e inmoral

Por lo general, cuando una agencia gubernamental se ve envuelta en un gran escándalo público, sus empleados y funcionarios mantienen un perfil bajo, muestran cierto arrepentimiento mientras tratan de controlar los daños y se comportan de la mejor manera posible hasta que todo pase. Pero el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y las fuerzas federales de deportación no están actuando como una institución típica.

Pocas agencias gubernamentales han enfrentado una crisis de relaciones públicas tan grande como la que protagonizó el ICE la semana pasada en Minneapolis, después de que un agente matara a Renee Good, una mujer que se alejaba de él en su coche, un hecho que, como muestran las encuestas, fue considerado por la mayoría de los estadounidenses como un tiroteo injustificado.

Tanto el ICE como las otras fuerzas de deportación ya venían siendo objetivo de una ola de indignación nacional debido a los largos meses que llevan actuando de manera ilegal, en exceso severa y a menudo violenta, postura que había llevado a detener ilegalmente a innumerables ciudadanos estadounidenses, disparar a una ciudadana estadounidense cinco veces y presumir de ello, y quitar la vida a un inmigrante por lesiones que el propio agente involucrado admitió que «no eran graves».

Pero disparar a sangre fría a una ciudadana estadounidense desarmada, que no representaba ninguna amenaza, llamarla «puta» a continuación e impedir que la atendieran mientras moría es algo que va más allá de todo.

Sin embargo, a juzgar por lo ocurrido la semana pasada, ser responsables de lo que la mayoría de los estadounidenses considera el asesinato injustificado de una ciudadana, algo que debería ser perseguido penalmente, no ha moderado el comportamiento de los agentes federales. Al contrario: si acaso, han respondido con más agresividad, mostrándose más dispuestos a amenazar con el uso de la fuerza letal, utilizando repetidamente el asesinato de Good como medio para intimidar a los manifestantes.

Un video del día después del asesinato de Good, por ejemplo, muestra a un agente del ICE apuntando a quemarropa con un arma cargada a la cara de un manifestante en Minneapolis, mientras que otro video, publicado el sábado en Rosemount, Minnesota, muestra a un agente apuntando con su pistola a un conductor que graba la interacción desde su coche.

A solo unas cuadras de donde Good fue asesinada, un pastor local informó que dijo a los agentes del ICE que habían abordado a una mujer latina que se lo llevaran a él en su lugar, y que no les tenía miedo. Los agentes le apuntaron sus armas a la cara, lo esposaron en una camioneta y luego le preguntaron repetidamente: «¿Ya tienes miedo?». Finalmente, dijo, lo dejaron ir, diciéndole «Eres blanco, no sería tan divertido».

En varios de los casos reportados, los agentes federales parecían incluso regodearse del asesinato de Good con el fin de intimidar a los manifestantes y a los observadores legales. «¿No han aprendido? Por eso matamos a esa perra lesbiana», declaró una veterana de la Marina a Status Coup News que le gritaron los agentes federales después de arrestarla violentamente por el solo hecho de seguirlos, acusación que fue respaldada por su amiga. «¿No han aprendido de los últimos días?», le dijo otro agente a una manifestante antes de intentar arrebatarle su teléfono.

«¿No han aprendido nada de lo que acaba de pasar?», dijo un agente enmascarado a un hombre después de apercibirlo airadamente por seguirlos. «¿Esto es un juego para ustedes?», preguntó otro agente enmascarado mientras se acercaba a un manifestante que hacía sonar un silbato. «Por eso resultó herida aquella señora el otro día». Van al menos cuatro incidentes distintos en los que los agentes de deportación señalan sin vergüenza alguna el asesinato de una ciudadana estadounidense para amenazar a otros manifestantes.

Esto se suma a varios otros abusos impactantes de parte de las fuerzas de deportación en la semana transcurrida desde entonces: empujar a un hombre que grababa en silencio hacia la trayectoria de un autobús en movimiento, agredir y arrestar a otro que los grababa en una gasolinera, irrumpir en casas sin una orden judicial, embestir a coches en un semáforo en rojo, romper las ventanillas de los autos y arrastrar a sus ocupantes fuera arrodillándose ilegalmente sobre sus cuellos, agredir físicamente a funcionarios locales electos, amenazar con detener a una ciudadana porque no llevaba consigo su identificación, secuestrar a un adolescente hispanohablante al azar… y la lista podría seguir.

La situación excede con creces a Minneapolis. En Hartford, Connecticut, al día siguiente de la muerte de Good —que sucedió en primer lugar porque el agente del ICE que le disparó supuestamente temía que ella lo atropellara— los agentes del ICE atropellaron con su propio vehículo a una mujer que protestaba por el asesinato. Pensemos esto por un segundo: el mismo acto violento que los agentes de deportación dicen que justifica el uso de la fuerza letal es lo que los agentes del ICE hacen a las personas que protestan pacíficamente contra esa idea. Y al día siguiente.

Es casi como si el ICE y las agencias de deportación se deleitaran con la hipocresía y la doble moral que la defensa incondicional de su comportamiento por parte del gobierno de Trump les ha dado licencia para disfrutar.

Esto se suma a la letanía de otros abusos por parte de las fuerzas federales que, inquietantemente, se vuelven cada vez más rutinarios en la consideración de las personas, como el uso de gases lacrimógenos y spray pimienta contra manifestantes pacíficos o la detención injustificada de ciudadanos estadounidenses (lo cual es claramente ilegal). Todo esto está sucediendo a pesar de que las encuestas muestran que las acciones del ICE volvieron a la agencia profundamente impopular entre el público, por lo que cada vez más estadounidenses están a favor de abolirla.

El hecho de que todo esto no esté generando que el ICE y las otras fuerzas de deportación quieran mostrar moderación sino, por el contrario, que los conduzca a intensificar y publicitar su comportamiento violento e ilegal como táctica de intimidación es profundamente inquietante. Sugiere que están pasando de ser organismos encargados de hacer cumplir la ley de inmigración a convertirse en una fuerza policial hostil e ideológicamente motivada que considera al propio pueblo estadounidense como el enemigo y que piensa que su trabajo consiste en intimidar a las personas para que obedezcan al presidente, sin ninguna restricción legal ni política sobre lo que pueden hacer para conseguirlo.

Branko Marcetic

Redactor de Jacobin Magazine y autor de Yesterday’s Man: The Case Against Joe Biden (Verso, 2020).

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