Libros

El capital. Crítica de la economía política

Con El capital, al dar cima a su obra, Marx entregaría a las masas trabajadoras del mundo el arma revolucionaria más formidable para su combate: la legitimación científica rigurosa de la razón y justicia de éste y la certeza inconmovible de su victoria.
— Wenceslao Roces, ¿Qué es, para nosotros, El Capital? (1967), en Escritos sobre El Capital, UNAM/CEMOS, 2025.

Hacia 1898, año de la edición pionera de Juan B. Justo en Argentina de su primero tomo traducido del alemán, El capital era patrimonio de círculos reducidos: cuadros militantes, sociedades de lectura, minorías obreras con acceso a bibliotecas sindicales. Las primeras versiones habían circulado a partir de la edición francesa preparada por Joseph Roy -nunca del alemán original- y respondían a las urgencias de distintas corrientes del movimiento obrero: socialistas, anarquistas, comunistas (Tarcus, 2018). Todavía en 1935, cuando Manuel Pedroso publicó su propia versión en la editorial del señor Aguilar en Madrid, el universo lector hispanoparlante seguía siendo reducido y disperso. El libro que Marx había escrito para armar a la clase obrera con la ciencia de su propia condición no disponía aún en castellano de una edición sistemática, completa y científicamente confiable. Eso cambiaría en 1946.

Wenceslao Roces nació en 1897 en Soto de Sobrescobio, en la cuenca minera asturiana, y murió en Ciudad de México en 1992, fundiéndose en la cultura latinoamericana. Formado como jurista en Oviedo y Madrid, doctorado con premio extraordinario en Alemania y titular de la cátedra de Derecho Romano en Salamanca, en 1924 es apartado de la enseñanza por la dictadura de Primo de Rivera. En el período de ostracismo que siguió, Roces se volcó a la traducción.

Fotografía de Wenceslao Roces. Boletín Filosofía y Letras, Año 2 (1983). Hemeroteca Facultad de Filosofía y Letras UNAM

Cuando regresó a Alemania a fines de los años veinte, el movimiento obrero aún cargaba con la memoria inmediata del levantamiento espartaquista de enero de 1919, que resultó en el asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg por las milicias que el SPD desencadenó contra la revolución. Esa reciente herida en el movimiento comunista mundial fue parte del ambiente que empujó a Roces del neokantismo al socialismo científico. Armado con la ciencia proletaria, se incorporó al Partido Comunista Español a su regreso, y desde ahí su trabajo intelectual y su trabajo político pasaron a ser la misma cosa. Además del PCE, participó en el Ateneo, el Frente Antifascista, la Asociación de Amigos de la Unión Soviética y el Socorro Rojo Internacional. En 1934, la Revolución de Asturias lo encontró del lado de los mineros sublevados, comparable por forma y brevedad al levantamiento de la Comuna de París: la clase obrera asturiana tomó el poder local por la fuerza, organizó milicias y estableció comités sosteniendo el control político durante dos semanas contra el ejército enviado por Madrid. Roces estuvo en los días finales, cuando el cerco se cerraba, intentando negociar la rendición de los trabajadores incomunicados para evitar una masacre. No lo logró y fue a prisión. Con el triunfo del Frente Popular en 1936, salió libre y asumió la Subsecretaría del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes -un cargo que, en plena guerra civil, significaba gestionar simultáneamente campañas de alfabetización en el frente, reorganización de la enseñanza y protección del patrimonio cultural ante el avance franquista. Desde ese cargo coordinó el rescate del acervo del Museo del Prado y de la Biblioteca Nacional durante los bombardeos. Al mismo tiempo que expandía el corpus marxista accesible para la clase obrera capaz de leer en español, defendía el desarrollo de las condiciones materiales para que la clase obrera alcanzara la frontera científica de su propio reconocimiento.

Desde la editorial Cenit, entre 1930 y 1934, Roces no solo publicó el tomo I de El capital en dos volúmenes y en formato popular, sino que dirigió la colección Biblioteca Carlos Marx, en la que vertió al castellano el Anti-Dühring de Engels, el Manifiesto Comunista, textos de Lenin, Mi Vida de Trotsky, La acumulación del capital de Rosa Luxemburg y la biografía de Marx escrita por Franz Mehring (Tarcus, 2018). Todos estos trabajos forman parte del corpus marxista en español y se apoyaron en las ediciones críticas del Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú. En el logro mismo de la traducción se jugaba algo más: la posibilidad de fijar un marxismo de lengua española con la coherencia científica que exigía la acción política organizada, frente al trabajo disperso y ecléctico del socialismo reformista. La guerra civil, sin embargo, interrumpió ese proyecto antes de completarlo. La derrota de la República y la oleada fascista obligaron a Roces a cruzar el Atlántico antes de concluir la traducción de los tres tomos y la edición definitiva hubo de esperar hasta 1946.

La clase obrera europea cruzó el Atlántico gracias a las redes solidarias que tendía la clase obrera latinoamericana, trayendo con Roces el proyecto inacabado de traducción. Pablo Neruda, quien era entonces cónsul general de Chile en Francia, gestionó la salida de Roces y su compañera, Carmen Dorronsoro, de una Europa en llamas donde agentes franquistas buscaban al traductor y obrero del sector público para entregarlo a España y fusilarlo. El barco que los condujo no fue el famoso Winnipeg -cuya leyenda concentra la memoria de aquel exilio- sino el Masilia, que zarpó hacia Río de Janeiro. Desde allí, Roces cruzó tres países hasta llegar a México en 1942.

El fascismo, al mismo tiempo que destruía a los sectores más avanzados de la clase obrera europea, desplazaba hacia América Latina nuevas y fecundas fuerzas productivas. México recibía a los exiliados en un momento en que su propio proceso de expansión estatal y educativa creaba una demanda inédita de trabajo intelectual calificado. La contracción del mercado mundial durante la guerra y el desarrollo de procesos nacionales de industrialización demandaba ciencia social para su organización: el Estado crecía, se complejizaba, y demandaba cuadros técnicos capaces de comprenderlo y administrarlo. Hacia 1940, cuando Roces llegó a México, América Latina sumaba ya unos 140 millones de habitantes; la tasa de alfabetización rondaba el 45% -cerca de 63 millones de letrados-, más del triple que a comienzos del siglo, y las universidades públicas se multiplicaban para sostener la industrialización en marcha. El Fondo de Cultura Económica, fundado en 1934 por Daniel Cosío Villegas para dotar a México de la bibliografía básica de la ciencia económica -que hasta entonces solo existía en inglés-, encontró en los exiliados españoles un recurso extraordinario de traducción de obras de circulación limitada prácticamente a Europa a un público latinoamericano más amplio. El colapso de la industria editorial española, cuyos trabajadores y recursos materiales habían sido destruidos por la guerra y perseguidos por el fascismo, florecieron del otro lado del Atlántico como parte del desarrollo cultural de la región latinoamericana.

Incorporándose a inicios de 1940 al Fondo de Cultura Económica, el trabajo de Roces no se redujo a la traducción de El capital, sino que volcó al español gran parte de la obra de Marx, volviendo disponible, por primera vez, potencias sociales hasta ahora excluidas del acervo obrero latinoamericano. Serán más de cincuenta títulos de distintos autores a lo largo de seis décadas. El primer texto marxista que Roces tradujo en México fue la Historia crítica de la teoría de la plusvalía (FCE, 1945), los tres volúmenes de manuscritos póstumos de Marx que Kautsky había organizado y publicado como tomo IV de El capital. Un año después, entre abril de 1946 y julio de 1947, el FCE publicó la edición completa en cinco volúmenes: los tres tomos de El capital. Crítica de la economía política, traducidos directamente del alemán a partir de la edición crítica del Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú. Era la primera vez que la obra íntegra existía en castellano con solidez filológica y coherencia terminológica. Aquella edición venía a cumplir el compromiso que Roces había contraído en 1934 con los lectores de la edición Cenit, abortada por la guerra antes de completarse. Más de una década después, en medio de una ruta de exilio que cruzó tres países, la deuda intelectual quedaba saldada y se masificaba una puerta en español a la ciencia obrera.

Cuando las primeras traducciones indirectas de El capital circularon en América Latina hacia 1900, el continente tenía apenas 18 a 20 millones de personas alfabetizadas. La traducción de Roces llegó en un punto de inflexión. En 1950, América Latina tenía cerca de 90 millones de letrados; en 1960, más de 130 millones; en 1975, más de 200 millones. El tomo I de la edición FCE alcanzó por sí solo los 230.000 ejemplares (Tarcus, 2018). Lo que en las décadas anteriores había sido un texto de circulación militante restringida, se convertía en un componente estructural del campo académico latinoamericano y en un instrumento de formación política de alcance masivo.

Si la importancia del FCE pasa por ser un puente entre una producción intelectual internacional y una creciente clase obrera latinoamericana que demanda herramientas para reconocerse en su propia experiencia histórica, la importancia de Roces radica en poner a la mano de la inteligencia obrera el principal trabajo de la ciencia social moderna dedicado específicamente a su ser social. Lejos de ser un libro de economía, El capital deja atrás a la ciencia económica burguesa, superándola con una exposición sistemática de las relaciones sociales que median el ser social de la clase obrera: el vínculo mercantil, el dinero, la jornada laboral, el salario, la plusvalía, la acumulación, la reproducción de sí misma como atributo del capital. Con la traducción de Roces y el obrero colectivo que mueve los engranajes del FCE, la clase obrera hispanohablante accedió -por primera vez en toda su extensión- a la ciencia de su propia condición.

Wenceslao Roces continuó traduciendo hasta sus últimos años y su traducción de El capital nos seguirá acompañando. En 1980, el FCE publicó una nueva versión, también suya, de las Teorías sobre la plusvalía (tomo IV de El capital), esta vez a partir de la edición del Instituto de Marxismo-Leninismo de Berlín. Su traducción de la principal obra de Marx seguiría siendo la versión más difundida en castellano durante décadas -objeto de disputa, de corrección, de nuevas ediciones y críticas filológicas-. Cuando en 1975 el uruguayo Pedro Scaron publicó en Siglo XXI Argentina su propia traducción, considerada la primera edición crítica de la obra en cualquier idioma, reconoció en Roces un antecesor inevitable: le reprochó errores de interpretación, pero no pudo negarle «el elegante, cálido estilo español» de quien en muchos pasajes escribe «con tanta frescura e inspiración como si fuera el autor, no el traductor» (Marx, 1975/1981). Ambas traducciones hoy conviven como parte del patrimonio científico obrero latinoamericano.

A los 80 años de su primera edición, la traducción de El capital por Wenceslao Roces se posiciona como un legado indeleble: que la clase obrera latinoamericana pudiera leer en su propio idioma el arma que Marx escribió para ella.

Libros y publicaciones asociadas

Marx, K. (1946). El capital. Crítica de la economía política, 3 tomos (5 volúmenes). México: Fondo de Cultura Económica. Traducción de Wenceslao Roces.

Marx, K. (1945). Historia crítica de la teoría de la plusvalía, 3 tomos. México: Fondo de Cultura Económica. Versión directa y prólogo de Wenceslao Roces.

Marx, K. (1934). El capital. Crítica de la economía política, vol. I, Libro I. Madrid: Cenit. Biblioteca Carlos Marx. Traducción de W. Roces.

Marx, K. (1975–1981). El capital. Crítica de la economía política (P. Scaron, Trad.; 8 vols.). Siglo XXI. (Obra original publicada en 1867)

Roces, W. (1932). Introducción: Sobre los orígenes del Manifiesto y la Liga Comunista. En C. Marx y F. Engels, El Manifiesto Comunista (pp. 15-41). Editorial Cenit. Biblioteca Carlos Marx · Dirigida por Wenceslao Roces · Sección II. Los fundadores.

Tarcus, H. (2018). La Biblia del proletariado. Traductores y editores de El Capital en el mundo hispanohablante. Buenos Aires: Siglo XXI.

Vargas Lozano, G. (1983). Entrevista exclusiva a Wenceslao Roces. Dialéctica, núm. 14-15.

Garciadiego, J. (2025). La segunda fundación del Fondo de Cultura Económica. El Trimestre Económico, vol. XCII, núm. 365, pp. 289-301.

 

Versión extendida de la reseña publicada en Modernismo Latinoamericano.

Gabriel Rivas Castro

Becario posdoctoral en el Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (ICSO) de la Universidad Diego Portales (UDP), magíster en economía, profesor de ciencias sociales y filosofía.

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