Niños palestinos esperan las comidas calientes distribuidas por organizaciones humanitarias mientras se enfrentan al hambre, el 4 de enero de 2025 en la Franja de Gaza. (Hassan Jedi/Anadolu vía Getty Images)
Después de más de un mes de desplegar todos los medios a su alcance para sabotear y hacer colapsar el acuerdo de alto el fuego con las fuerzas de resistencia palestinas lideradas por Hamás, Israel, bajo el gobierno de Benjamin Netanyahu, se negó una vez más a continuar con la siguiente etapa de las negociaciones acordadas, amenazando con reanudar su guerra contra Gaza a menos que se acceda a nuevas exigencias que no formaban parte del acuerdo original.
Según el acuerdo inicial de tres fases de alto el fuego, que todas las partes firmaron, la primera etapa comenzó el 19 de enero de 2025 y estaba programada para durar cuarenta y dos días. Las negociaciones para la siguiente fase estaban programadas para comenzar el día dieciséis, allanando el camino para la liberación de todos los cautivos israelíes y la retirada de las fuerzas de ocupación de la Franja de Gaza.
En cambio, Israel violó repetidamente el acuerdo de alto el fuego —más de doscientas veces—, se negó a entrar en conversaciones hasta el cuadragésimo primer y penúltimo día de la primera fase, y luego presentó demandas de última hora para extender la primera fase ya expirada hasta el Ramadán y la Pascua. Adoptando una postura esbozada por el enviado especial de Estados Unidos a Oriente Medio, Steve Witkoff, Netanyahu afirmó que en una reunión de gabinete «se necesitaba más tiempo para que las conversaciones llegaran a un posible acuerdo», insistiendo en que «no había posibilidad de acercar las posiciones con Hamás en relación con la fase dos».
En la misma reunión, Netanyahu declaró que no habría «comidas gratis» en Gaza, admitiendo así el uso del hambre colectiva como herramienta de coerción. Esta política afecta deliberadamente a casi dos millones de los 2,3 millones de palestinos de Gaza, que ya soportaron una guerra genocida que duró más de quince meses y una hambruna intencionalmente provocada, que tendrá consecuencias duraderas para generaciones futuras.
Para venderle a la comunidad internacional la hambruna que el bloqueo le provoca a los palestinos en Gaza, un portavoz de la oficina de Netanyahu utilizó una rima, afirmando burlonamente que «los suministros están ahí, pero Hamás no comparte» [the supplies are there, but Hamas don’t share], al tiempo que comentaba falsamente que hay «suficiente comida [en Gaza] para alimentar una epidemia de obesidad». En realidad, se prevé que los suministros de alimentos en Gaza se agoten en menos de dos semanas, lo que provocará pánico, subidas masivas de precios y esfuerzos desesperados por parte del gobierno local para combatir la especulación.
Prohibida por el derecho internacional, la última campaña flagrante de Israel para provocar hambruna fue descrita por la ONG internacional Oxfam como un «acto imprudente de castigo colectivo» que utiliza la ayuda humanitaria vital como «moneda de cambio» para un pueblo que «necesita urgentemente de todo».
La hambruna de Gaza se está produciendo en un contexto en el que el presidente de estadounidense Donald Trump llamó a su país a «tomar el control de Gaza» y a desplazar por la fuerza a sus habitantes. Trump incluso compartió un vídeo generado por IA que muestra a la franja sitiada transformada en una ciudad turística de temática playera llamada «Trump Gaza».
Ahora, los últimos bloqueos de Netanyahu sobre alimentos y ayuda humanitaria parecen afirmar que el objetivo de la política estadounidense e israelí en Gaza no es simplemente el regreso de los cautivos israelíes, sino la expulsión forzosa de la población palestina. Esto se evidencia aún más en las reiteradas ofertas de Hamás para un intercambio total de cautivos a cambio de ponerle fin permanentemente a la guerra, las cuales, como era de esperarse, no recibieron respuesta.
Israel violó sistemáticamente el alto el fuego desde el momento en que entró en vigor: el 19 de enero bombardeó Gaza tres horas más allá de la hora de inicio acordada, continuó matando palestinos e incluso impidió que más de medio millón de palestinos desplazados regresaran al norte de Gaza, alegando como justificación la continuidad del cautiverio de un solo prisionero israelí. Solo en las tres primeras semanas del alto el fuego, más de cien palestinos murieron en Gaza, mientras que en la Cisjordania ocupada, Israel lanzó su mayor asalto militar y la campaña más grande de apropiación de tierras desde la Segunda Intifada. Estas escaladas reflejan una estrategia deliberada para hacer insostenible la vida de los palestinos, afianzando aún más las condiciones de ocupación.
Envalentonado por el apoyo incondicional de Estados Unidos y la Unión Europea, su ocupación continua de territorio sirio y libanés, la incapacidad de los regímenes árabes regionales para prevenir el genocidio y la erosión de la legitimidad moral del orden internacional global, Israel actúa con total impunidad mientras intensifica sus ataques contra Cisjordania y se prepara para reanudar la destrucción de Gaza.
A raíz de la obstrucción incesante y de la escalada deliberada de Israel, se están agravando las catástrofes humanitarias tanto en Gaza como en Cisjordania. Al convertir el hambre para Gaza en un arma y llevar a cabo la mayor campaña de limpieza étnica en Cisjordania desde 1967, el desprecio total de Israel por el derecho internacional pone de manifiesto la urgente necesidad de evitar una segunda Nakba en Palestina.
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