Marcha organizada por la Conaie. Quito, 5 de marzo de 2015. Fotografías: Carlos Rodríguez/ANDES (Vía Wikimedia Commons)
En una sociedad fragmentada por el narcotráfico, la desigualdad estructural y la exclusión sistémica, el desafío urgente es tejer un proyecto colectivo en un contexto lo menos hostil posible. En 2025, el movimiento indígena, los pueblos y nacionalidades, los sectores populares y la clase trabajadora, impulsaron una candidatura sin figuras mesiánicas, reflejo de años de lucha organizada. No es nuevo que estos sectores desafíen al poder-realmente-existente: lo hicieron en octubre de 2019 y en junio de 2022. Pese a que la democracia liberal —desde su génesis— le niega a los subalternos el reconocimiento como sujetos políticos plenos, no abandonaron el espacio de la «tensión institucional». Incluso jugando en cancha inclinada, los resultados fueron significativos: 538 444 votos.
El país no puede seguir oscilando entre tragedia y farsa. El riesgo de afianzar una República bananera neocolonial —con salarios de miseria, privatización voraz, criminalización de defensores territoriales y asesinatos impunes de líderes populares y de niños— exige tener sentido del momento histórico. En este período es imperativo ralentizar las espirales de violencia que azotan de forma insoportable al campo popular. Daniel Noboa Azín, sobrino de la tía millonaria e hijo del padre magnate que devino en presidente de la República debido a su papel de ‹outsider› y gracias al marketing, hoy encarna, sin mediaciones, el proyecto oligárquico.
El 13 de abril, en segunda vuelta electoral, Ecuador definirá su rumbo gubernamental. Y el resultado podría ser más nefasto que el presente. La candidatura de Noboa se traduce en menores posibilidades de organización para los sectores populares. En este contexto, resulta imprescindible elevar con fuerza las demandas propias. Por otro parte, la socialdemocracia exige «responsabilidad histórica» sin autocrítica ni compromisos concretos. Los puentes hacia un futuro viable no se edifican con gestos aislados, sino con hechos reales.
Este texto propone una visión del escenario político y aporta elementos que permiten forjar una posición colectiva. Su propósito es defender mejores condiciones de vida para las personas empobrecidas y fortalecer la organización popular de izquierda.
La socialdemocracia del siglo XXI creyó que bastaba con mejorar la capacidad adquisitiva y redirigir parte de la renta hacia la inversión social pública, a través de las grandes empresas privadas. También fortaleció el aparato estatal, incluidas las fuerzas de seguridad modernizadas, que luego reprimirían los levantamientos de octubre y de junio. En este proceso, se restringió la protesta y se castigó el derecho a organizarse o a pensar críticamente, acusando a la disidencia de «hacerle el juego a la derecha».
El entonces presidente llegó a declarar: «No somos anticapitalistas, no somos antiyanquis, no somos antiimperialistas, somos projusticia social, prodignidad, prosoberanía» (Correa, El Telégrafo, 2013). La socialdemocracia adoptó un programa policlasista para remozar el Estado-nación, donde coexistían figuras de derecha en la administración y el ideario público, siempre y cuando contribuyeran al fortalecer el Estado regulador. Uno de sus pilares económicos fue el extractivismo metálico y petrolero, que abrió la puerta a concesiones que despojaron de sus territorios a pueblos, nacionalidades y campesinos.
Sin embargo, la política está marcada por contradicciones y antagonismos que dependen de la coyuntura histórica. En este momento, el adversario principal no es la izquierda institucional, expresada en la socialdemocracia —autodenominada progresismo—, sino el populismo oligárquico. En sintonía con la radicalización de la derecha a nivel global, apuesta por una salida autoritaria de corte neofascista.
Es cierto que algunos sectores —incluso los que nos apoyaron en primera vuelta— desconfían de Luisa González, y tienen sus razones. Los llamados a la unidad se reducen a meros cantos de sirena cuando, pese a las buenas intenciones, no van acompañados de medidas concretas para remediar agravios pretéritos.
La socialdemocracia, en su periodo de gobierno, no desarrolló una política de enfrentamiento unilateral ni frente a la derecha ni contra la burguesía —que de hecho salieron fortalecidas—, sino en perjuicio de los sectores populares. No fue un paraíso; se esperan autocríticas y compromisos claros con miras al futuro. El país se desmorona.
Las consecuencias de la continuidad de Noboa en el Gobierno serían indeseables: la hegemonía del narcotráfico, aliado de las élites e incrustado en el gobierno, el aparato estatal y las fuerzas de seguridad; el aumento de la pobreza y la pobreza extrema en áreas urbanas, rurales y, sobre todo, en los pueblos y nacionalidades; la precarización laboral en condiciones de esclavitud moderna y un desempleo generalizado; la venta del erario público y la privatización de la seguridad social, la salud, la educación y los servicios básicos; el agravamiento de la violencia de género y el alza de los feminicidios; la descampesinización y la migración forzada hacia las ciudades, generando cinturones de miseria; la profundización del extractivismo y la entrega del país al capital transnacional; el vasallaje imperialista. En suma, la supremacía del capitalismo en sus formas más abyectas.
Las posiciones del movimiento indígena se edifican colectivamente. Esta es la única vía hacia un Estado plurinacional de clase, cimentado en el Poder Popular Plurinacional, capaz de rescatar al país. A lo largo de los años, hemos enfrentado tanto a gobiernos neoliberales como a proyectos socialdemócratas. En la coyuntura actual, la vara elevada de nuestro programa se expresa en los siguientes puntos mínimos:
Las demandas enunciadas no deben interpretarse como un régimen de cogobierno ni implicar la aceptación de cargos en las instituciones estatales. Al campo popular le corresponde llevar adelante la construcción efectiva del Estado plurinacional de clase, cimentado en el principio del Poder Popular Plurinacional.
El 13 de abril hay que enfrentar el proyecto de una derecha radicalizada y filofascista representada por Noboa. Por ahora, el campo popular dispone de menos condiciones para enfrentar de manera victoriosa con esta forma de gobierno. Es necesario definir el marco de disputa de los próximos cuatro años, sin hipotecar nuestro proyecto histórico a cambio de concesiones mínimas ni aceptar cargos en ninguna instancia gubernamental. Los acuerdos deben gestarse con transparencia en las calles, donde las masas movilizadas enarbolan banderas multicolores, rojas, y empuñan lanzas y escudos.
De nuestra historia de lucha de más de 25 años aprendimos la coherencia: diciendo-haciendo.
Bibliografía
Iza, Leonidas, Andrés Tapia y Andrés Madrid (2021). Estallido. La Rebelión de Octubre en Ecuador. Fondo de Cultura Económica. Quito.
CONAIE (1994). Proyecto Político de la CONAIE. Aprobado en el IV Congreso de la CONAIE. Informática CONAIE. Quito.
El Telégrafo (2013). «Tenemos que hacer las cosas nuevas y mejores». En: https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/nacionales/1/tenemos-que-hacer-cosas-nuevas-y-mejores
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