Médicos y enfermeras de una de las brigadas Henry Reeve de Cuba se despiden antes de partir hacia Turquía para atender a las víctimas del terremoto, en la Unidad Central de Cooperación Médica de La Habana, el 10 de febrero de 2023. (Yamil Lage/AFP a través de Getty Images)
El 25 de febrero, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, anunció restricciones a los visados tanto para los funcionarios del gobierno en Cuba como para cualquier otro funcionario del mundo que sea «cómplice» de los programas de asistencia médica en el extranjero de la nación insular. Un comunicado del Departamento de Estado luego aclaró que la sanción se extiende a los funcionarios «actuales y anteriores» y a la «familia inmediata de dichas personas». Esta acción, la séptima medida dirigida contra Cuba en un mes, tiene consecuencias internacionales; ya que durante décadas decenas de miles de profesionales médicos cubanos (muchos más que la fuerza laboral de la Organización Mundial de la Salud) fueron destinados a unos sesenta países, en su mayoría para trabajar en poblaciones desatendidas o con pocos servicios del Sur Global. Al amenazar con retenerle los visados a los funcionarios extranjeros, el gobierno de EE.UU. pretende sabotear estas misiones médicas cubanas al extranjero. Si la medida funciona, millones de personas sufrirán.
Rubio construyó su carrera alrededor de una línea dura contra el socialismo cubano, llegando incluso a alegar que sus padres huyeron de la Cuba de Fidel Castro hasta que el Washington Post reveló que emigraron a Miami en 1956, durante la dictadura de Fulgencio Batista. Como secretario de Estado de Trump, Rubio está en una posición privilegiada para intensificar la beligerante política de Estados Unidos hacia Cuba, establecida por primera vez en abril de 1960 por el subsecretario de Estado adjunto Lester Mallory: utilizar la guerra económica contra la Cuba revolucionaria para provocar «hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno».
Cuba está acusada por el gobierno de EE.UU. de tráfico de personas, llegando incluso a equiparar al personal médico cubano en el extranjero con esclavos. El tuit de Rubio repitió este pretexto. El verdadero objetivo es socavar tanto el prestigio internacional de Cuba como los ingresos que recibe por la exportación de servicios médicos. Desde 2004, los ingresos por exportaciones de servicios médicos y profesionales cubanos constituyeron la mayor fuente de ingresos de la isla. La capacidad de Cuba para llevar a cabo un comercio internacional «normal» se ve actualmente obstaculizada por el largo bloqueo de Estados Unidos, pero el Estado socialista logró convertir sus inversiones en educación y atención sanitaria en ganancias nacionales, al tiempo que mantiene la asistencia médica gratuita al Sur Global, basándose en sus principios internacionalistas.
Sin embargo, el investigador guatemalteco Henry Morales reformuló la solidaridad internacional de Cuba como «asistencia oficial para el desarrollo» (AOD), utilizando los tipos medios del mercado internacional y adoptando la metodología de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), para calcular la magnitud de su contribución al desarrollo mundial y facilitar la comparación con otros donantes. Según Morales, el valor monetario de los servicios profesionales médicos y técnicos, la AOD de Cuba, superó los 71.500 millones de dólares solo entre 1999 y 2015, lo que equivale a 4870 millones de dólares anuales. Esto significa que Cuba dedicó anualmente el 6,6% de su PIB a la AOD, la proporción más alta del mundo. En comparación, la media europea fue del 0,39% del PIB y Estados Unidos contribuyó con solo el 0,17%. Dado que el bloqueo estadounidense le costó a Cuba entre 4000 y 5000 millones de dólares anuales en este periodo, sin esta carga la isla podría haber duplicado su contribución a la AOD.
Estos costos excluyen las inversiones estatales cubanas en educación, formación médica e infraestructura en la propia isla. Cuba también sufre pérdidas considerables al cobrarle a los beneficiarios por debajo de las tarifas del mercado internacional o, en muchos casos, simplemente no cobrarles nada.
En 2017, los médicos cubanos operaban en sesenta y dos países; en veintisiete de ellos (el 44%), el gobierno anfitrión no pagaba nada, mientras que en los treinta y cinco restantes se compartían los costos según una escala móvil. Cuando el gobierno anfitrión paga todos los costos, lo hace a un precio inferior al que se cobra internacionalmente. Los pagos diferenciales se utilizan para equilibrar las cuentas de Cuba, por lo que los servicios cobrados a los países ricos en petróleo (Qatar, por ejemplo) ayudan a subvencionar la asistencia médica a los países más pobres. El pago por las exportaciones de servicios médicos va al gobierno cubano, que entrega una pequeña proporción de esos montos a los propios médicos. Esto suele ser un adicional a sus salarios cubanos.
En 2018, el primer año en que la Oficina de Estadísticas Nacionales de Cuba publicó datos por separado, las «exportaciones de servicios sanitarios» obtuvieron 6.400 millones de dólares. Sin embargo, los ingresos disminuyeron desde entonces, ya que los esfuerzos de Estados Unidos para sabotear el internacionalismo médico cubano tuvieron éxito, por ejemplo en Brasil, lo que redujo en miles millones los ingresos de la isla.
Los contratos de servicio que firman los médicos cubanos antes de ir al extranjero son, de hecho, voluntarios; y por su trabajo reciben su salario cubano habitual, más una remuneración del país de acogida. A los voluntarios se les garantizan vacaciones y contacto con sus familias. Sean cuales sean sus motivaciones para participar, los profesionales médicos cubanos hacen enormes sacrificios personales para ofrecerse como voluntarios en el extranjero, dejando atrás a sus familias y hogares, a su cultura y comunidades, para trabajar en condiciones difíciles y a menudo arriesgadas durante meses o incluso años. Entrevistado para nuestro documental, Cuba & COVID-19: Public Health, Science and Solidarity [Cuba y el COVID-19: salud pública, ciencia y solidaridad], el Dr. Jesús Ruiz Alemán explicó cómo un sentido de obligación moral lo llevó a ofrecerse como voluntario para el Contingente Henry Reeve. Realizó su primera misión en Guatemala en 2005, luego estuvo en África Occidental en la campaña contra el ébola en 2014 y en Italia en 2020, cuando era el epicentro de la pandemia de COVID-19. «Nunca me sentí como un esclavo, nunca», insistió. «La campaña contra las brigadas parece ser una forma de justificar el bloqueo y las medidas contra Cuba, para dañar una fuente de ingresos para el país».
En el mismo documental, Johana Tablada, subdirectora para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, condenó la «militarización y criminalización» del internacionalismo médico cubano que «causó estragos», especialmente en países presionados para poner fin a sus alianzas con Cuba poco antes de la pandemia de COVID-19, como Brasil y Bolivia. «La razón por la que Estados Unidos lo llama esclavitud o trata de personas no tiene nada que ver con el delito internacional de la trata de personas». Esto es una tapadera, dice, para una política de sabotaje que es «imposible de sostener ante el escrutinio público». Los Estados Unidos no pueden decirles a las personas en los países en desarrollo que renuncien a los servicios médicos que brindan las brigadas cubanas «solo porque no coincide con su política de evitar que Cuba reciba reconocimiento y admiración internacionales». Y ciertamente, EE.UU. no está ofreciendo reemplazar a los médicos cubanos con los suyos.
Las características clave del enfoque cubano son: el compromiso con la atención sanitaria como derecho humano; el papel decisivo de la planificación e inversión estatales para proporcionar un sistema de salud público universal sin un sector privado paralelo; la rapidez con la que se mejoró la prestación de servicios sanitarios (en la década de 1980, Cuba tenía el perfil sanitario de un país altamente desarrollado); el enfoque en la prevención por encima de la cura; y el sistema de atención primaria basado en la comunidad. De esta manera, la Cuba socialista logró resultados sanitarios comparables con los de los países desarrollados, pero con un gasto per cápita menor: menos de una décima parte del gasto per cápita de Estados Unidos y una cuarta parte del del Reino Unido. En 2005, Cuba había alcanzado la mayor proporción de médicos per cápita del mundo: 1 por cada 167 habitantes. En 2018, tenía tres veces la densidad de médicos de Estados Unidos y el Reino Unido.
Hoy en día, Cuba se encuentra en medio de una grave crisis económica, en gran parte como resultado de las sanciones de EE.UU. El sistema de salud pública está sometido a una presión sin precedentes, con escasez de recursos y de personal tras la emigración masiva desde 2021. No obstante, el gobierno sigue dedicando una alta proporción del PIB a la atención sanitaria (casi el 14% en 2023), manteniendo la prestación médica universal gratuita, y cuenta actualmente con 24.180 profesionales médicos en cincuenta y seis países.
La Cuba revolucionaria nunca se preocupó únicamente por satisfacer sus propias necesidades. Según los datos de Morales, solo entre 1999 y 2015, los profesionales médicos cubanos en el extranjero salvaron 6 millones de vidas, realizaron 1.390 millones de consultas médicas y 10 millones de operaciones quirúrgicas, y asistieron a 2,67 millones de partos, mientras que 73.848 estudiantes extranjeros se graduaron como profesionales en Cuba, muchos de ellos como médicos. Si a eso le sumamos los beneficiarios entre 1960 y 1998, y los que lo han sido desde 2016, las cifras suben vertiginosamente.
Las naciones beneficiarias fueron las más pobres y menos influyentes a nivel mundial; y pocas de ellas tienen gobiernos con influencia en la escena mundial. Y las poblaciones receptoras suelen ser las más desfavorecidas y marginadas dentro de esos países. Si los médicos cubanos se van, no tendrán otra alternativa. Si Rubio y Trump tienen éxito, no solo sufrirán los cubanos. También lo harán millones de beneficiarios globales, cuyas vidas hoy están siendo salvadas y mejoradas por el internacionalismo médico cubano.
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