La reelección no se gana negociando con el Centrão: se gana en la calle.


La reelección no se gana negociando con el Centrão: se gana en la calle.
A medida que Luiz Inácio Lula da Silva busca su último mandato como presidente de Brasil, la estrategia electoral de la izquierda —quién se postula, qué facciones se alinean y cómo la coalición equilibra el pragmatismo con los principios— ya está delineando la era post-Lula.
La experiencia del nuevo gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil pone de manifiesto que una estrategia frenteamplista durante la campaña electoral resulta decididamente menos eficaz a la hora de gobernar.
El Congreso brasileño actúa como muro de contención de los privilegios de clase, mientras Lula, bajo presión, oscila entre la moderación y un posible giro. Es hora de que desde abajo se impulse un desplazamiento real hacia posiciones transformadoras.
Con una extrema derecha desorientada por no poder contar con Bolsonaro pero con las elecciones presidenciales de 2026 cada vez más cercanas, la izquierda brasileña aún no encontró un candidato que pueda igualar el atractivo popular de Lula.
La policía federal de Brasil está investigando un complot del líder de extrema derecha Jair Bolsonaro y sus aliados para impedir que Lula asuma el cargo en 2023. Ahora han acusado a los conspiradores de planear el asesinato de Lula, su vicepresidente y un juez de alto rango.
Lula ha apostado a las concesiones a las élites del agronegocio como elemento necesario para avanzar en su proyecto redistributivo. Sin embargo, esas mismas élites pueden poner un freno a todo su programa.

Luego de que Elon Musk alimentara las conspiraciones sobre la persecución de los partidarios de Bolsonaro, la ultraderecha brasileña recibió una inyección de energía. La abogada que desmintió la acusación habla de la nueva amenaza para la democracia en Brasil: las Big Tech.
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La sumatoria de pequeñas medidas progresivas en los primeros 100 días impresionan, pero fueron parciales e insuficientes. Queda claro que Lula decidió gobernar «en frío» y no «en caliente», privilegiando los pactos con los partidos tradicionales sobre la movilización popular. Bolsonaro sigue políticamente «vivo» y no debe ser subestimado.
El bolsonarismo no es un tigre sin dientes y sigue siendo necesario construir una nueva relación social de fuerzas. Para ello, el gobierno de Lula necesitará de la movilización social, porque «en frío», Brasil no cambia.