El movimiento sionista cristiano viene impulsando hace tiempo un cambio de régimen en Irán. Con aliados en el círculo íntimo de Donald Trump y sus ideas filtrándose en el ejército, jugó un papel clave en la construcción de apoyo para la guerra.
Notas publicadas en Imperialismo
El cese al fuego anunciado por Donald Trump es un reconocimiento tácito del fracaso de una guerra inútil e insostenible. La posibilidad de una paz duradera pende de un hilo ante los intentos de sabotaje de Israel y el irresponsable belicismo de la oposición demócrata.
En Irán, Donald Trump le ha demostrado al mundo que incluso el inmenso poder de la principal potencia imperial del mundo tiene límites. Sus iniciales amenazas genocidas, al igual que su posterior capitulación, fueron consecuencia de esta realidad.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán entrelaza numerosos elementos geopolíticos clave, que van desde la apuesta inmediata para controlar vías estratégicas de circulación comercial hasta el inicio de una reorganización regional a gran escala.
La extrema derecha europea presumía de poner en primer lugar los intereses de sus propios países, pero ahora apoyan servilmente la última guerra de EE. UU. e Israel. Las fuerzas antibelicistas resultaron ser las verdaderas defensoras de la soberanía.

A medida que el poder estadounidense declina, destruye las normas e instituciones que alguna vez organizaron su proyección internacional de autoridad. Estados Unidos pierde su liderazgo pero ninguna potencia individual lo reemplaza.
La cumbre «Escudo de las Américas», convocada por Trump en Miami, reunió a los líderes del bloque reaccionario de América Latina y el Caribe. Fiel a su estilo, el presidente estadounidense se aseguró de que fuera un ritual de humillación y degradación.
Gilbert Achcar explica cómo el petróleo, el poder de Estados Unidos y las rivalidades regionales han configurado décadas de conflicto en Oriente Medio.
La ofensiva de Estados Unidos contra Irán busca forzar una transformación interna del régimen mediante presión militar y golpes selectivos contra su liderazgo, apostando a que los sectores pragmáticos impongan un giro estratégico hacia Washington.
El ataque estadounidense-israelí contra Irán ha causado graves daños a su estructura de mando, pero el sistema iraní está diseñado para soportar tal presión. Es de esperar una guerra más prolongada que la del año pasado, en la que los factores políticos serán clave para el resultado final.








