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Irán más allá de la propaganda

Aunque los medios occidentales busquen romantizarlo y exotizarlo, el levantamiento popular en Irán tiene un fuerte contenido antisistémico y reconoce la unidad de su lucha con la de los sectores populares de todo el mundo.

Han pasado más de cuatro semanas del comienzo de las protestas contra el régimen en Irán; protestas que, como los mismos manifestantes dicen, han superado su naturaleza inicial para empezar a tomar la forma de una revolución. En estos días se ha hablado mucho de lo que está sucediendo en las calles de más de cien ciudades y pueblos iraníes, pero las palabras, aunque no estén dirigidas a los beneficios personales, geopolíticos y económicos de quien las pronuncia, nunca son capaces de hacer justicia a este levantamiento grandioso.

Ya es sabido que la chispa que encendió la llama del movimiento fue el asesinato de la joven Jina (Mahsa) Amini por la policía moral de la República Islámica en Irán. Pero también es claro que, desde los primeros días, las demandas han ido más allá del rechazo al velo obligatorio y tienen como objetivo decir un claro «no» a la totalidad de un sistema que lleva más de cuatro décadas oprimiendo a los diferentes pueblos que habitan Irán y reprimiéndolos violentamente cada vez que levantan la voz mediante huelgas, plantones, manifestaciones, etc.

A lo largo de la historia de la República Islámica, los pueblos de Irán (el pueblo turcomano, el pueblo árabe, el pueblo kurdo, el pueblo azeri y el pueblo baluchi, entre otros), no solo no han contado con sus derechos humanos y democráticos, sino que han sido objeto de los ataques militares del régimen, bombardeados y masacrados. Desde hace años Kurdistán se ha convertido en un cuartel militar; los trabajadores baluches están obligados a ganarse el pan cada día bajo el disparo de las balas del Cuerpo de los Guardianes (Pasdarán) y los obreros son encarcelados y enjuiciados por exigir el pago de sus sueldos retrasados y formar sindicatos, porque se les reconoce como enemigos del Estado. Mientras el representante obrero del sindicato de la Empresa Única de Autobuses de Teherán está encarcelado, el representante de los obreros del conjunto industrial azucarero de Haft Tapeh es expulsado de su trabajo y los obreros de Acero de Ahvaz deben aceptar ir al exilio.

Estas constantes violencias han sido respondidas por los diferentes sectores de la población desde el propio comienzo del establecimiento del régimen. En el mes de enero de 1979, tras la Conferencia de Guadalupe, Helmut Schmidt, Jimmy Carter, Valéry Giscard d’Estaing y James Callaghan deciden que Ruholá Jomeiní debe sustituir al monarca Mohammad Reza Pahlaví para así montarse sobre la revolución del pueblo iraní y garantizar los beneficios políticos y económicos de los viejos caciques coloniales e imperialistas.

Apenas llegó al poder, Jomeiní, como representante legítimo de su clase —los clérigos, que a lo largo de la historia velaron siempre por los intereses de los poderosos— realizó un primer acto de represión hacia las mujeres: la imposición del uso obligatorio del velo islámico. Acto que simbolizó la naturaleza de la dictadura religiosa venidera, pues velar a la mujer no significa solo quitarle derechos a un sector de la población sino crear, a través de un primer golpe que deje claro quién manda, un ambiente de miedo y represión que posibilite el cumplimiento de todos los demás objetivos de dominio de la República Islámica (como bien lo evidenciaron los masacres de los distintos pueblos y las ejecuciones en serie de miles de presos políticos en los meses y años siguientes).

Solo unas semanas después, el 8 de marzo de 1979, en un primer acto de resistencia política y social contra el nuevo régimen, las mujeres salieron a las calles para pronunciarse contra el velo obligatorio. Ellas eran conscientes de que el velo que debía cubrir sus cabellos pronto ocultaría también los demás derechos y demandas legítimas de los iraníes. Pero, lamentablemente, aquellas personas pertenecientes a la oposición del régimen que comprendían las dimensiones de estas primeras protestas y las apoyaron fueron una minoría. La mayoría aceptó el discurso de que Jomeiní representaba la revolución misma, despreció el tema del velo como una demanda de la burguesía y consintió la violencia contra las mujeres en las calles. Esta decisión fue uno de los factores que convirtió a organizaciones como Tudé (partido hermano del Partido Comunista de la URSS) y, después, a Los Guerrilleros Fedayí (Mayoría) en imperdonables traidores que se aliaron con el régimen en la represión de la década de los 80 en Irán, de la que ellos mismos también fueron víctimas más tarde[1]. Este es un antecedente histórico irrefutable que muestra cómo el tema del velo obligatorio ha estado siempre relacionado con otras demandas y cómo consentir esta imposición ha significado la aceptación de la naturaleza tiránica del régimen en su totalidad. De ahí que no sorprenda escuchar a las autoridades estatales decir que el velo es uno de los pilares que sostienen a la República Islámica.

Tras casi veinte años de terror y silencio (1979-1999) propicios para que los intereses capitalistas y neoliberales de los gobernantes de Irán avanzaran sin encontrar resistencia alguna (recuérdense las privatizaciones realizadas desde la llegada a la presidencia de Rafsanjaní en 1989, la creación de corredores industriales, etc.), se empezaron a dar nuevos levantamientos: en 1999, para demandar libertad de expresión y después condenar la represión contra los estudiantes universitarios; en 2009, contra el fraude electoral; en 2017, contra el alza de precios, seguido de protestas contra el velo obligatorio; en 2019, contra el hambre, el desempleo y la inflación (conocido como «el levantamiento de los hambrientos»), seguido de protestas por el accidente aéreo provocado a sabiendas por las autoridades del régimen; y, finalmente, en 2021, en contra de cortes de agua y políticas medioambientales del régimen (conocido como «el levantamiento de los sedientos»). Estos movimientos hicieron que la gente esté cada vez más preparada para protestas más amplias.

El 3 de septiembre de 2022 Zahra Sedighi y Elham Chubdar fueron condenadas a muerte por haber defendido el derecho de los homosexuales. Apenas se había secado la tinta de la sentencia de muerte de estas dos personas cuando Jina Amini, quien había viajado desde Kurdistán a Teherán, fue arrestada por agentes de la policía moral iraní y (como bien se reflejaba en el reporte forense anterior a que las autoridades del régimen lo negaran[2]) fue golpeada al punto de haber tenido que llevarla al hospital porque había entrado en coma. Desde el mismo instante en que se supo la noticia de su hospitalización, muchas personas —incluidas las familias de aquellos que el régimen había asesinado en levantamientos anteriores— se congregaron frente al hospital para mostrar solidaridad con la familia de Amini.

La muerte de Jina avivó el fuego de la ira de la gente en todo Irán y rápidamente hizo resurgir todas las demandas de los diferentes sectores de la población iraní acumuladas durante 43 años en la consigna «Mujer, Vida, Libertad». Esta consigna, que fue inventada por las mujeres combatientes de Kurdistán —sobre todo, por las madres de los desaparecidos y asesinados políticos en Turquía, conocidas como «Madres de los Sábados»— y después utilizada en Rojava en contra del sistema patriarcal y en defensa de la vida, ahora se ha convertido en Irán en el grito de mujeres y hombres que no solo quieren la abolición del velo obligatorio, sino acabar con el régimen en su totalidad, un régimen capitalista cuya religión es obtener beneficios.

Las incansables luchas de miles de personas se lo han puesto tan difícil al régimen que estamos presenciando, con horror, cómo la República Islámica utiliza incluso a los niños soldado para reprimir a la gente y cómo, para transportar sus fuerzas de represión, infringe todas las normas internacionales y utiliza ambulancias.

El gobierno iraní actualmente tiene diferentes métodos para reprimir el movimiento. En las zonas fronterizas, el régimen usa armas letales para la represión. Quizá porque en estas zonas (y debido a distintas razones, como tradiciones tribales) algunos de los habitantes están armados. Pero, al mismo tiempo, esto responde a que en dichos lugares viven los pueblos no persas de Irán: el racismo, junto con el velo obligatorio, es otro de los pilares de la República Islámica; basta con fijarnos en el número que personas asesinadas en un solo día (¡98!) en la ciudad de Zahedán, en Baluchistán en las actuales protestas, o recordar que la represión violenta del Estado en Kurdistán se ha vuelto una rutina, para darnos cuenta de cómo las dimensiones del acto represivo varían de una zona a otra (cabe mencionar que la mayoría absoluta de los migrantes y refugiados afganos en Irán no recibe permiso oficial de estancia en el país, aunque haya nacido ahí, ni tiene derecho a la educación o al sistema de salud).

Ahora bien, la semana pasada, la táctica de las protestas populares en las grandes ciudades iraníes ha tomado una nueva forma: ya no se trata de manifestaciones homogéneas y centralizadas, sino que las masas salen a las calles en distintos barrios al mismo tiempo. Para enfrentarlos, el régimen utiliza pistolas de paintball y después del término de las manifestaciones se dedica a cazar a las personas en cuya ropa se puede encontrar alguna huella de la pintura disparada por las fuerzas de represión. De esta manera, el régimen evita confrontaciones directas con los manifestantes en las que pudiera ser sujeto de contrataques de parte de la gente. En otros casos, han estado utilizando escopetas con balas de goma o metálica para asustar a los manifestantes; en ocasiones hemos sido testigos del disparo de una cantidad muy alta de balas a un solo cuerpo que crea una escena verdaderamente terrible.

Otro tema interesante es preguntarnos por qué los gobiernos y medios de comunicación occidentales «de repente» están pretendiendo solidarizarse con las mujeres iraníes. Después de la ocupación de la embajada estadounidense en Irán, el mercado iraní y sus relaciones comerciales se fijaron primero en los gobiernos europeos, atención que se ha redirigido hacia China desde hace ya algún tiempo. Mientras el Estado iraní se pronunciaba en contra del Occidente y especialmente en contra de los Estados Unidos, tenía muy buenas relaciones económicas casi con todos los países occidentales.

Durante los ocho años de guerra entre Irán e Iraq, los gobiernos europeos vendían armas tanto a Irán como a Iraq. A lo largo de la guerra civil en Nicaragua, Irán pagaba por las armas estadounidenses a través de los Contras («Iran Contra Affair»); las grandes empresas, como las francesas Total y Peugeot y las alemanas Mercedes Benz, Hochst AG, Thyssenkrupp, Siemens, etc. (por nombrar solo algunas), han mantenido negocios muy beneficiosos con el gobierno iraní. Los hijos de muchas de las autoridades del régimen iraní residen actualmente en los Estados Unidos y en Canadá y pasan sus vacaciones en distintos países del Oriente y Occidente.

Durante todo el tiempo en que el régimen iraní entregaba a sus opositores a los escuadrones de ejecución, los gobiernos europeos dificultaban constantemente las condiciones de vida de los exiliados que se habían refugiado en Europa. Los refugiados iraníes a veces tenían que esperar hasta cinco años para poder obtener residencia legal en Alemania y, en algunos casos, mientras esperaban, tenían que reportarse cada dos semanas en una de las oficinas de Migración donde eran objeto de comportamientos racistas de todo tipo por parte de los agentes migratorios.

¿Qué ha ocurrido ahora para que el Occidente se acuerde de las mujeres iraníes? ¿Por qué los representantes de los partidos europeos más derechistas y salvajes, que han sido cómplices del gobierno de Turquía en la represión de las fuerzas que inventaron la consigna de «Mujer, Vida, Libertad», ahora aparecen llevando playeras con dicha consigna escrita? ¿Por qué estas mujeres burguesas que se han vuelto repentinamente feministas no hablan ni una palabra del feminicidio que sufren las mujeres afganas y entregan a las mujeres de Afganistán al gobierno misógino de los Talibanes?

Las políticas del Occidente pueden estar persiguiendo varios objetivos: si es que ha de realizarse una revolución en Irán, debe existir un plan B. Un plan a través del cual el turbante de los clérigos musulmanes se sustituya por la corbata occidental, para así garantizar la continuidad de los avances de las políticas económicas que dicta el Banco Mundial. Por esta razón, todos los esfuerzos de los medios de comunicación occidentales y los medios derechistas de habla persa se centran en limitar la lucha de los pueblos iraníes al tema del velo obligatorio y no pronuncian palabra acerca de las demandas que se han formulado a lo largo de los cuarenta y cuatro años de la vida de la República Islámica. Si pueden lograr que la gente crea que el problema es únicamente el velo, pueden conservar el sistema mediante una «represión democrática» en la que nuevas caras sustituyan a las anteriores. Ellos creen que, si alcanzan un rápido cambio de régimen, pueden detener la revolución, como ya lo hicieron en 1979.

Pocos días después de la celebración de la Cumbre de Shanghái (15 y 16 de septiembre en Samarcanda) y del encuentro amistoso entre Macron y Raisí (20 de septiembre en Nueva York)[3], la política occidental súbitamente se torna contra el Estado iraní —al menos a nivel de los medios y la propaganda— y se habla de sancionar a las autoridades del régimen. Aquí hay que tomar en cuenta la posible causa de este cambio de política: la celebración de la conferencia de dos días de la Organización de Cooperación de Shanghái, fundada en 2001, formada por China, Rusia, Kirguistán, Kazajistán, Tayikistán, Uzbekistán, India y Pakistán como miembros permanentes, y por Afganistán, Bielorrusia, Mongolia como miembros observadores.

Según las agencias oficiales de noticias iraníes, en esta Cumbre, Irán —que había estado presente como miembro observador—, fue admitido como miembro permanente de la organización. Por un lado, este tema tiene importancia ahora que el Occidente intenta aislar a Rusia, puesto que probablemente facilita el acceso de Rusia al Golfo Pérsico. Por otro lado, puede resultar en que el Occidente pierda el mercado iraní. Por lo tanto, parece muy lógico que, con la excusa de apoyar las protestas en Irán, Occidente ofrezca su limitada ayuda a la oposición derechista de la República Islámica y a los que restan del régimen monárquico anterior, para así intentar evitar que las fuerzas de la izquierda iraní (que a pesar de no ser muy numerosas siguen gozando de mucho crédito político dentro de Irán) tomen la iniciativa. Sin embargo, consignas como «Muerte al opresor, sea rey o clérigo» que se han escuchado dentro y fuera del país desde el comienzo de las protestas dan una respuesta contundente a este tipo de políticas (desde hace unos días, gritan algunos de los manifestantes: «¡No queremos rey ni clérigo: todo el poder para las Juntas!» —o soviets—).

Los obreros y los pueblos de Irán son perfectamente conscientes de que sus verdaderos aliados son los demás pueblos y obreros que luchan como ellos contra un enemigo común que es el capitalismo. Las huelgas obreras en las zonas petroleras de Irán en apoyo a las manifestaciones actuales son una clara muestra de ello. Los pueblos del Oriente Medio, especialmente las mujeres, en distintos países como Palestina, Líbano, Siria, Iraq, Afganistán, etc., han mostrado su solidaridad con las mujeres y los hombres iraníes de diferentes maneras. Hay que estar a la expectativa de otra primavera en el Oriente Medio.

¡Mujer, Vida, Libertad!

 

Notas

[1] Buena parte de la izquierda latinoamericana no ha parado de caer en la misma trampa. Aunque seamos optimistas y rechacemos la idea de que algunos medios de comunicación en lengua española están directamente subvencionados por la República Islámica, las entrevistas y notas divulgadas por algunos periódicos supuestamente izquierdistas (véase, por ejemplo, El sheij Abdul Karim Paz opina sobre los incidentes violentos ocurridos en la nación iraní e Informe oficial forense concluye: Mahsa Amini no murió por golpes) dejan en claro el poco conocimiento que tienen no solo de la situación de los pueblos en Irán, sino también de la propia naturaleza de la República Islámica, que ha sabido venderles una imagen antimperialista mientras oprime fronteras adentro a quienes se pronuncian en contra de sus proyectos capitalistas (véanse, por ejemplo las siguientes entrevistas con obreros en Irán: «Nuestra voz no se limita a Ahwaz ni a Irán: la voz de nuestro movimiento ya es internacional» y «Muchos de los miembros del sindicato han enfrentado represión, tortura y encarcelamiento») o adoptan una postura de izquierda dogmática contra sus ambiciones geopolíticas en el Medio Oriente que han costado la vida de miles de personas inocentes en conflictos en Siria, Líbano, Yemen, etc.

[2] En la historia de las luchas en Irán, estas negaciones de parte del Estado no son ninguna novedad. Cada vez que los iraníes salen a la calle a exigir sus derechos y pronunciarse contra el régimen, éste los descalifica y toma medidas al respecto: dice que han sido movilizados por poderes extranjeros, monarquistas o por la Organización de los Muyahidines; arresta y tortura a los manifestantes y graba sus «confesiones» bajo tortura para confirmar la primera alegación y, cuando los verdugos matan a algún detenido bajo tortura, anuncia que dicha persona se ha suicidado o que, como en el caso de Jina Amini, ha muerto por una enfermedad crónica (cosa que su familia ha desmentido tajantemente). A estas alturas, tales medidas de la República Islámica han perdido toda credibilidad entre la población.

[3] Los presidentes se vieron al margen de la Cumbre de las Naciones Unidas, a cuatro días del asesinato de Jina Amini. Según Iran Press, Macron invitó a Raisí a visitar Francia y afirmó: «We can increase our cooperation on developing bilateral relations and economic and regional issues». Esto evidencia que a pesar de las prácticas inhumanas del Estado iraní en el interior del país, los líderes europeos seguían haciendo negocios con el gobierno iraní.

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Publicado en Artículos, Feminismo, homeCentro3, Irán, Política and Protesta

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