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Un votante deposita su voto durante el referéndum para aprobar o rechazar la nueva Constitución el 4 de septiembre de 2022 en Santiago, Chile. (Foto: Marcelo Hernández / Getty Images)

La lucha por un nuevo Chile sigue en pie

La derrota del proyecto de nueva Constitución de Chile es un gran golpe. Pero el apoyo a la sustitución del documento de la era Pinochet sigue siendo fuerte, y la necesidad de acabar con el neoliberalismo es más vital que nunca.

El domingo pasado, Chile votó abrumadoramente rechazar el proyecto de una nueva Constitución que habría sustituido al actual documento redactado en 1980 durante la dictadura de Pinochet. Durante semanas, las encuestas auguraban una victoria del Rechazo, pero aun así fue una gran sorpresa que el Apruebo obtuviera solo el 38,41% de los votos frente al 61,86% del Rechazo. Se trata de una diferencia de más de 20 puntos, que contrasta fuertemente con los resultados del referéndum de 2020, en el que el 78,8% votó a favor de la redacción de una nueva Constitución y solo el 21,72% se opuso. Dado que la propuesta votada el domingo contenía una serie de ideas progresistas popularizadas durante y después del levantamiento de 2019, había cierta expectativa de que los resultados se alinearan más o menos con los resultados electorales de Boric el pasado diciembre, en los que ganó con el 55,87% de los votos. Entonces, ¿qué salió mal?

El referéndum del 4 de septiembre fue la primera votación obligatoria en una década, lo que significa que la participación fue una de las más altas de la historia de Chile. El 86% del electorado acudió a las urnas, logrando un nivel de participación similar al del referéndum de 1988 que inició la transición del país a la democracia. Este alto nivel de participación electoral dejó a ambas campañas con la incertidumbre de cómo votaría el sector de la población normalmente abstinente desde el punto de vista político. Al iniciarse el recuento el domingo, quedó claro que la tendencia entre los nuevos votantes era hacia el Rechazo, lo que hizo surgir rápidamente la noción de una «mayoría silenciosa» que no suele expresar sus posiciones políticas mediante el voto.

Pero sería simplista homogeneizar a esos millones de personas que decidieron votar por primera vez. La alta participación habla más de las limitaciones de los sistemas de voto voluntario que del tipo de política que se esconde detrás de estos no-votantes: el voto voluntario, especialmente con el primer referéndum y la elección de Boric, dio la impresión del surgimiento de una nueva política progresista con apoyo masivo. Esto fue acompañado por considerables expresiones de «política callejera» que ocuparon las primeras páginas durante los últimos tres años. Por primera vez en décadas, en Chile se discutían abiertamente las desigualdades, las injusticias y la opresión que sentía el pueblo, y daba la sensación de que la política de izquierdas y las ideas progresistas predominaban en la población chilena. El lema «el neoliberalismo nació en Chile y morirá en Chile» se convirtió en un grito de guerra para muchas organizaciones sociales y políticas. Y aunque no se puede ignorar el auge de la política progresista en Chile, los resultados del domingo muestran que las circunstancias son mucho más complejas.

Según el reciente análisis de datos publicado por Miguel Ángel Fernández y Eugenio Guzmán de la Universidad del Desarrollo, el Rechazo ganó en cada una de las dieciséis regiones y en 338 de las 346 comunas, dejando al Apruebo victorioso solo en ocho comunas. Estos datos también identifican que las personas de ingresos bajos y medio-bajos prefirieron el Rechazo en un 87,4% y 87,6% respectivamente, con un apoyo ligeramente mayor que el encontrado en las zonas de ingresos medio-altos y altos. Asimismo, el Rechazo ganó en las zonas rurales y en los lugares con alta densidad de población indígena. La inclinación hacia el rechazo del proyecto constitucional en todos los grupos sociales y demográficos no puede explicarse simplemente por el uso excesivo de la desinformación por parte de la campaña del Rechazo, como ya intentan hacer algunos al referirse al referéndum como el «Brexit chileno». Tales fuerzas jugaron un papel, pero es importante examinar más de cerca las razones que llevaron a este resultado y las posibles explicaciones de la derrota de la campaña del Apruebo.

Una encuesta realizada por CADEM —una de las principales empresas de estudios de mercado de Chile— entre 1135 personas, reveló que el 40% decidió rechazar el proyecto porque «el proceso llevado a cabo por la Convención fue deficiente». El 35% consideró que el proyecto «crearía inestabilidad e incertidumbre»; el 29% rechazó la propuesta de «plurinacionalidad y autonomía indígena», y el 24% dijo que «no era necesario redactar una nueva constitución, solo había que reformarla». Solo el 7% explicó su rechazo al proyecto porque permite el «aborto libre», el 7% porque la nueva constitución «eliminaría el Senado y concentraría el poder en la cámara de Diputados» y el 1% porque «le da al Estado el control de los recursos naturales».

El centro de investigación CIPER también publicó un informe basado en 120 testimonios de personas que votaron por el Rechazo en 12 comunas obreras de Santiago. Aunque este estudio tiene claras limitaciones metodológicas, el informe concluye que las principales razones por las que la gente votó por el Rechazo fueron la posibilidad de «perder sus casas» y ver su herencia «expropiada por el Estado». La segunda razón más ofrecida fue, de nuevo, la propuesta de plurinacionalidad, que «dividiría el país» y crearía «sistemas jurídicos diferenciados», mientras que la tercera fue que «los fondos de pensiones serían expropiados por el Estado y no heredados por los familiares». Ninguna de estas presunciones es cierta, pero esto da una idea de las dificultades a las que se enfrentó la campaña del Apruebo, tanto en lo que respecta a los mensajes como a la conexión de las preocupaciones materiales de la gente con los artículos propuestos en el proyecto.

En ambos estudios, la plurinacionalidad fue uno de los principales factores para votar el Rechazo. El proyecto constitucional proponía que Chile fuera un Estado plurinacional que reconociera la existencia de los diferentes pueblos y naciones indígenas que habitan el país. El concepto de plurinacionalidad se recogía en una serie de artículos que reconocían los territorios indígenas, su autonomía, y —de forma más controvertida— permitían la creación de una justicia indígena y la implantación del pluralismo jurídico. Esta reforma jurídica permitiría a los indígenas contar con un sistema de justicia paralelo al nacional en el que podrían tratar los asuntos comunales a través de sus propias costumbres culturales y jurídicas, sin dejar de estar sujetos a la ley nacional y al imperio de la Corte Suprema. Aunque la propuesta de plurinacionalidad era uno de los puntos más progresistas del proyecto y representaba una importante reparación para los grupos indígenas de Chile, se convirtió en un aspecto muy discutido tanto por la mala interpretación de la propuesta como por la lucha de las fuerzas progresistas por popularizar la importancia de estas demandas históricas.

La campaña del Rechazo y los principales medios de comunicación se centró tenazmente en el tema de la plurinacionalidad, repitiendo sin explicación que el país se dividiría en muchos países y que una minoría de indígenas estaría por encima de la ley que se aplica a todos los demás. A menudo con un claro tono racista, los medios y los políticos de la campaña del Rechazo utilizaron el elemento controvertido de la plurinacionalidad para proseguir con la narrativa de que la Convención Constitucional solo redactó la Constitución para algunos grupos —principalmente «la izquierda» y «las minorías»— a expensas de las «grandes mayorías» que estarían sujetas a un sistema de justicia que no les beneficiaría. El énfasis en este punto causó una profunda impresión entre las comunidades de la clase trabajadora que tienen poco o ningún acceso a las formas de justicia y que, en cambio, han estado exigiendo un mejor acceso a la justicia en sí misma en lugar de una reforma total de su estructura.

La plurinacionalidad, por lo tanto, se convirtió en una idea inaccesible o en un significante vacío que solo exigía «la izquierda», y que ni siquiera apoyaban «todos los grupos indígenas», como se empeñó en subrayar la campaña del Rechazo. La alienación de la plurinacionalidad de otras demandas sociales más populares, como el sistema nacional de salud, la educación gratuita y un nuevo sistema de pensiones, fue esencial para que la campaña del Rechazo ganara. Por esta razón, no debemos sugerir que el 62% que votó por Rechazo son nacionalistas ignorantes o racistas. Por el contrario, el rechazo a la plurinacionalidad refleja la incapacidad de las fuerzas progresistas de transmitir la importante relación entre las desigualdades más amplias y la opresión de los grupos indígenas y la incapacidad de conectar las demandas de octubre de 2019 con las propuestas contenidas en la idea de la plurinacionalidad.

Hay quienes, por supuesto, dicen que la campaña del Apruebo estaba perdida incluso antes de comenzar, en julio. La campaña del Rechazo comenzó extraoficialmente con la confirmación de la Convención Constituyente en junio de 2021, lo que permitió a los partidos de derecha y a los medios de comunicación impugnar cada propuesta y discusión que ésta realizaba, además de permitirles deslegitimar públicamente el comportamiento de sus miembros, la mayoría de los cuales nunca antes habían formado parte de instituciones públicas y no estaban acostumbrados a un escrutinio público tan intenso. Hechos aislados, como la dimisión de uno de los miembros de la Convención después de que se revelara que estaba fingiendo un cáncer, se convirtieron en predominantes en la narrativa pública, creando la sensación de que la Convención era tan poco fiable y corrupta como otras instituciones políticas. Así lo demuestra el estudio del CADEM, en el que el 40% de los encuestados indicó que había votado para rechazar el proyecto debido a los malos procedimientos llevados a cabo por la Convención.

Visto de esta manera, las desigualdades entre las campañas no fueron solo financieras, sino también en cuanto al tiempo dedicado a ellas y al predominio de sus respectivas narrativas en la mente del público. El Rechazo tuvo un año de ventaja para organizarse y preparar una campaña sistemática contra la propuesta, mientras que el Apruebo solo pudo comunicar el proyecto cuando éste estaba terminado y la Convención había cerrado, a finales de junio. Esto es, tal vez, algo que las fuerzas progresistas no pudieron evitar ni prevenir, pero sí sugiere que el resultado del 4 de septiembre fue un voto de descontento basado en principios similares a los que desencadenaron el levantamiento social de 2019, es decir, la percepción de la incapacidad de las instituciones políticas para responder a las demandas de la gente.

¿Qué le queda al Apruebo después de esta derrota? El devenir del proceso para la redacción de una nueva Constitución es ahora toda una incógnita. El presidente Boric ya se ha reunido con los presidentes de ambas cámaras legislativas y con los principales partidos políticos para empezar a definir los términos de la redacción de un nuevo borrador. Los partidos de la derecha intentarán impedir la creación de una nueva Convención e incluso la redacción de una nueva Constitución. Las fuerzas políticas de la derecha y del centro bloquearán los intentos de repetir la incorporación de una cuota indígena y la paridad de género en cualquier futura Convención, y algunos tratarán de impedir la posibilidad de otro referéndum para votar el nuevo borrador.

La derrota del Apruebo no solo tiene un impacto significativo en la forma en que las ideas progresistas llegarán a una nueva Constitución, sino que representa un desafío para las fuerzas democráticas en un nuevo proceso. La victoria del Rechazo se movilizará para transferir el poder de nuevo a las élites políticas, privando de derechos a la misma masa de gente que votó para rechazar el borrador el pasado domingo.

Sin embargo, las encuestas muestran que la demanda de una nueva Constitución sigue siendo muy popular, y será tarea de las fuerzas progresistas seguir asegurando que algunos elementos como el derecho al agua, un sistema nacional de salud, los derechos reproductivos y la educación gratuita puedan continuar siendo incluidos en cualquier futuro proyecto. Estas siguen siendo cosas básicas que las chilenas y los chilenos no tienen y que necesitan desesperadamente. Algunos grupos de la izquierda volverán a las calles para revivir el espíritu y la acción de octubre de 2019, mientras que otros tomarán esta derrota como un punto terminal en sus esfuerzos. Sea lo que sea que venga, sigue siendo responsabilidad de las fuerzas progresistas dar la batalla por el fin del neoliberalismo en Chile y hablarle a esa «mayoría silenciosa» que se expresó con fuerza el domingo pasado.

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Publicado en Artículos, Chile, Estado, Estrategia, homeCentro, Política and Sociedad

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