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Diccionario gramsciano

Los Cuadernos de la Cárcel de Antonio Gramsci son un verdadero laberinto de palabras y conceptos. Este nuevo diccionario gramsciano aporta a esclarecerlo.

El artículo que sigue es el prefacio de Diccionario gramsciano (1926-1937). Un laberinto de palabras y conceptos (Unica Press, Cagliari, 2022) de Guido Liguori, Massimo Modonesi, Pasquale Voza (edición en español a cargo de Maria Cristina Secci y Massimo Modonesi), que está disponible para su descarga libre aquí.

 

Frente al laberinto de papel de los Cuadernos de la cárcel[1]La expresión es de Gianni Francioni, «Un labirinto di carta. Introduzione alla filologia gramsciana», en International Gramsci Journal, vol. 2, n. 1, 2016, pp. 7-48. han ido desarrollándose, de forma combinada o divergente según los tiempos y los casos, dos tipos de esfuerzos. El primero asumió la tarea de descifrar, a través de la labor filológica, la complejidad propia de la sofisticación intelectual que alcanzó Gramsci en las reflexiones que vertió en sus apuntes, el entramado de referencias, alusiones y fuentes que se plasman en una serie de cuadernos, conjuntos de hojas en las cuales colocó fichas de trabajos, apuntes pero también reflexiones más desarrolladas, borradores de ensayos. En la forma cuaderno —soporte material que refleja las condiciones de trabajo en la cárcel— se desplegó la arborescente agenda político-intelectual de Gramsci, dando luz a una obra que, también por su peculiar marxismo antidogmático e historicista, es abierta, no lineal y fragmentaria.

Al mismo tiempo, una segunda tarea que asumieron los estudios gramscianos fue y sigue siendo mapear el laberinto, en la medida en que aparece surcado por recorridos ya trazados por el autor, itinerarios posibles e hipotéticas conexiones reticulares que han sido relevadas en distintos planos interpretativos, no solo aquellos de matriz estrictamente filológica sino también por intentos de traducción más teoréticos, historiográficos y obviamente político-estratégicos.

A lo largo de las ya varias décadas de recepción de la obra de Gramsci se han explorado diversos senderos de reconstrucción y representación que hicieran más digeribles los escritos y más accesible el pensamiento que allí germina y florece. Además de una infinidad de antologías, proliferaron varias introducciones a Gramsci[2]En español circulan la de Antonio Santucci, originalmente publicada en italiano (Antonio Gramsci, Palermo, Sellerio, 1997), que se publicó en Chile (Gramsci, Santiago de Chile, LOM, 2006) pero … Continue reading en el afán de sintetizar su obra y sus contribuciones al marxismo y, en particular, a los estudios políticos y culturales, así como de las relaciones internacionales, la pedagogía, la antropología, entre otros campos disciplinarios en los cuales las intuiciones gramscianas suscitaron interés y estimularon perspectivas originales y a contracorriente.

Entre estos ejercicios destaca el carácter único y original del Diccionario gramsciano. Una aproximación centrada en las palabras de Gramsci que emprendió la International Gramsci Society Italia a partir de un primer seminario sobre el léxico gramsciano iniciado en 2000[3]Los resultados de la primera etapa fueron publicados en Fabio Frosini, Guido Liguori (a cura di), Le parole di Gramsci, Roma, Carocci, 2004., que desembocó en el monumental diccionario de 660 voces y 920 páginas, publicado en 2009 por la editorial Carocci en Roma[4]La versión portuguesa, publicada por la editorial Boitempo (Sao Paulo, 2017) cuenta con 823 páginas..

Entre los criterios que establecieron los coordinadores de la obra, Guido Liguori y Pasquale Voza, figura el de circunscribir la selección de conceptos y voces a la elaboración de Gramsci en el periodo carcelario (1926-1937) y, por lo tanto, únicamente a los Cuadernos y las Cartas. Por otra parte, siguiendo los dictados filológicos en boga, la redacción de las voces fue realizada privilegiando la cita textual, para «sugerir una atención al texto que no siempre se encuentra en la crítica» y la secuencia cronológica que permitiera reconocer la «estrategia del pensamiento y de la escritura de Gramsci»[5]Guido Liguori, Pasquale Voza (a cura di), «Prefazione», Dizionario gramsciano (1926-1937), Roma, Carocci, 2009, p. 6.. La escritura de las voces aparece así, a los ojos del lector, lo más limpia posible, solo hilada por una intervención discreta de los autores y sin la interferencia de las referencias a los debates entre las diversas interpretaciones existentes en la literatura sobre los puntos, aspectos o conceptos expuestos.

En el diccionario que aquí presentamos seleccionamos y tradujimos 100 voces de la versión italiana; 100 palabras fundamentales que constituyen, a nuestro parecer, la columna vertebral del pensamiento gramsciano. La selección se realizó a partir de un criterio convencional, es decir, eligiendo aquellos vocablos consabidamente reconocidos como parte substancial del léxico gramsciano y que corresponden a voces que en la versión italiana merecieron un texto «largo» y solo algunas de texto «intermedio» y una «breve», según la distinción establecida por los coordinadores de la obra original. Se agregó solo una voz, la de autonomía, que elaboré personalmente. Este agregado, consensuado con Liguori y Voza, quiere subsanar una laguna que señalé hace unos años en cuanto la noción/condición de autonomía constituye, en el pensamiento de Gramsci, un pasaje fundamental de la lógica de la constitución del sujeto político, a la par y como contrapunto y pasaje entre las de subalternidad y de hegemonía[6]Massimo Modonesi, «Consideraciones sobre el concepto gramsciano de clases subalternas», en Memoria, n. 265, Ciudad de México, CEMOS, 2018, pp. 61-63; también en Massimo Modonesi, The antagonistic … Continue reading.

La selección de estas 101 palabras de Gramsci recorta y simplifica pero, a mi parecer, no pervierte el sentido del diccionario original sino que opera en la misma lógica, ofreciendo, sin embargo, un recorrido más breve, más compacto y conciso, atreviéndose a proponer una síntesis, queriendo ser más operativo, menos enciclopédico. Se trata de una operación con doble filo, porque la obra de Gramsci invita a ser interpretada pero, al mismo tiempo, se resiste a representaciones que puedan ser reduccionistas o pretendan ser definitivas. De por sí la forma diccionario tiende a circunscribir y aislar los conceptos; si a eso le agregamos un recorte y una delimitación más estrecha, lo que ganamos en síntesis lo perdemos por ensanchar el margen de arbitrariedad.

Por otra parte, no se puede negar que, más allá de la importancia indiscutible de las voces y palabras seleccionadas, la selección presupone un criterio no solo cuantitativo sino cualitativo, de contenido, el cual remite a identificar o asignar un hilo conductor, un leit-motiv, como lo señalaba el propio Gramsci, reconocible como clave de lectura de una «concepción del mundo» que no pudo exponerse «sistemáticamente» (C 16, 2, 248). Y este leit-motiv, a mi parecer, lo encontramos, por azar e ironía alfabéticos, en la última voz del diccionario, la de «voluntad colectiva», elaborada por Carlos Nelson Coutinho. Porque, más allá de la multiplicidad de intereses, intuiciones y ramificaciones de la reflexión de Gramsci, una preocupación de fondo aflora permanentemente y orienta el conjunto de su pensamiento: la de la constitución de una voluntad colectiva que se proyecta de la subalternidad a la autonomía y la hegemonía, es decir de la formación de un sujeto social y político organizado y creador/portador de una concepción del mundo susceptible de impulsar una revolución socialista que incluya una reforma moral e intelectual. 

Un leit-motiv que muestra los pliegues distintivos del marxismo gramsciano, asumiendo que la originalidad de Gramsci se inserta y se monta en el marco de una específica interpretación del marxismo como filosofía de la praxis. Ir al texto, y aún más a la biografía de Gramsci, suele evidenciar esto a contrapelo de la tendencia a usar de forma aislada y entrecortada frases célebres de los Cuadernos, desarticulando su pensamiento y desanclándolo del marxismo del cual fue abrevando. Un simple sobrevuelo del índice de las 101 voces que componen este diccionario muestra esta colocación de manera inequívoca y, en este sentido, contribuye a sostener la idea de una contribución cuya originalidad es interna y renovadora de una tradición y no externa y contestataria de la misma. De allí que nos aparece un Gramsci tanto clásico como actual y contemporáneo, en tanto recorre temáticas y cuestiones de alcance universal que siguen rondando nuestra época, no un simple autor de colección o de culto, sino una punta de lanza especialmente filosa de una corriente que insiste en querer cruzar la interpretación y la transformación del mundo. 

Así que el diccionario que proponemos no es, por lo tanto, solo un compendio, una guía a la obra de Gramsci, el marxista más citado del mundo —asumiendo que Marx no era marxista— sino una herramienta intelectual que combina cualidades divulgativas, acompañadas de precisión textual y rigor filológico pero que ofrece, al mismo tiempo, específicos ángulos de lectura abiertos, obviamente, a la interpretación de los lectores. 

Esperamos que este texto se inserte provechosamente en la porción hispanohablante del mundo, en donde los estudios gramscianos han tenido un desarrollo muy relevante en la última década. En efecto, tanto en el Estado español como en América Latina han surgido asociaciones gramscianas y han proliferado estudios en las tres direcciones que marcan un recurrente patrón tripartito que es ya, en los hechos, una agenda de investigación colectiva: a) estudios sobre la obra de Gramsci de tipo más filológico o más teorizante, según el caso; b) indagaciones sobre su recepción en autores, países y campos disciplinarios de carácter más panorámico o, en alternativa, de profundización en el terreno de la historia intelectual; c) aplicaciones de conceptos o enfoques al análisis de procesos sociales y políticos del pasado o del presente con un mayor o menor apego o coherencia con la letra, el texto y la perspectiva gramsciana original. 

Este diccionario quiere contribuir directamente a la primera tarea pero, al mismo tiempo, propiciar de forma indirecta la tercera, es decir la aplicación rigurosa de las palabras y los conceptos gramscianos como imprescindibles claves de lectura y de acción colectiva en el «mundo grande y terrible» en el que vivimos.

Notas

Notas
1 La expresión es de Gianni Francioni, «Un labirinto di carta. Introduzione alla filologia gramsciana», en International Gramsci Journal, vol. 2, n. 1, 2016, pp. 7-48.
2 En español circulan la de Antonio Santucci, originalmente publicada en italiano (Antonio Gramsci, Palermo, Sellerio, 1997), que se publicó en Chile (Gramsci, Santiago de Chile, LOM, 2006) pero también la de Néstor Kohan (Gramsci, La Habana, Ocean Sur, 2007) y de Jorge Luis Acanda (Traducir a Gramsci, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2007), mientras que se encuentra agotado el trabajo pionero de Carlos Nelson Coutinho (El pensamiento político de Gramsci, Ciudad de México, Era, 1986). A estos textos se podrían sumar algunos ensayos de referencia de carácter general, como el de Manuel Sacristán, el de Francisco Fernández Buey y los de otros autores, pero que no tuvieron el propósito de ser una introducción como tal.
3 Los resultados de la primera etapa fueron publicados en Fabio Frosini, Guido Liguori (a cura di), Le parole di Gramsci, Roma, Carocci, 2004.
4 La versión portuguesa, publicada por la editorial Boitempo (Sao Paulo, 2017) cuenta con 823 páginas.
5 Guido Liguori, Pasquale Voza (a cura di), «Prefazione», Dizionario gramsciano (1926-1937), Roma, Carocci, 2009, p. 6.
6 Massimo Modonesi, «Consideraciones sobre el concepto gramsciano de clases subalternas», en Memoria, n. 265, Ciudad de México, CEMOS, 2018, pp. 61-63; también en Massimo Modonesi, The antagonistic principle. Marxism and political action, Boston-Leiden, Brill-Historical Materialism, 2018, pp. 33-37.
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