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Venício Lima identifica a Paulo Freire como un pensador de la política que se expresa en la educación y la cultura. (Foto: Wikimedia Commons)

Freire, más allá de la alfabetización

Un nuevo libro sobre Paulo Freire nos muestra al pedagogo brasileño como un gran pensador del socialismo democrático.

 
 

El artículo que sigue es una reseña de Paulo Freire: a prática da liberdade, para além da alfabetização (Fundação Perseu Abramo, 2021), de Venício Lima. Fue publicada originalmente en el número 3 de Jacobin Brasil, «Educação & revolução».



 

El pensamiento humanista tiene verdadero horror al vicio de la departamentalización del conocimiento y a cierta cultura analítica que entiende la totalidad a partir de la yuxtaposición funcional de conocimientos especializados. En las tradiciones de la filosofía política clásica, renacentista y moderna, el principio de totalidad elabora las relaciones de compenetración mutua con las particularidades, lo singular y lo universal.

No hay mayor malentendido que clasificar el pensamiento de Paulo Freire en el campo de la educación como una ruptura o como una mera fuente de inspiración de la cultura del humanismo. Pero es de este modo, como «pensador educativo», que se le ha identificado casi invariablemente.

El mérito exponencial, subversivo y posibilitador de una nueva comprensión del pensamiento de Paulo Freire en este libro de Venício Lima, síntesis y resumen de cinco décadas de investigación y reflexión, es que identifica a Paulo Freire como un pensador de la política que se expresa en la educación y la cultura. Se trata de un paso más coherente en toda una andadura de investigación: ya su tesis doctoral, editada en 1981, recorría el camino de la interdisciplinariedad e intentaba pensar la obra de Paulo Freire desde el ámbito de la comunicación pública.

Esta departamentalización de la recepción de las obras de autores que tuvieron como alfa y omega la búsqueda de una visión histórica de la totalidad no se limita, ciertamente, a pensar en Paulo Freire: Celso Furtado, «economista»; Antonio Candido, «crítico literario»; Florestan Fernandes, «sociólogo»; Caio Prado Jr., «historiador»; Milton Santos, «geógrafo». Un caso clásico: Mary Wollstonecraft, la gran pensadora fundadora del feminismo moderno, autora del clásico Vindicación de los derechos de la mujer, de 1792, fue recibida en su época como una pensadora de la educación…

Lo que se gana al pensar en la obra de Paulo Freire como una creación dentro de una tradición política moderna, la del humanismo cívico, es nada menos que la posibilidad de entenderla bien. Esta tradición, de Rousseau a Thomas Jefferson, de Mary Wollstonecraft a Gramsci, en sus diversas matrices modernas, siempre ha pensado en la educación a nivel de la política activa en la ciudad, como fundamento de la ciudadanía, como elixir de la libertad, que es pública, comunicativa, intersubjetiva, expresión de sujetos autónomos que cambian el mundo. 

Tal vez el aporte singular y universal de Paulo Freire a esta tradición de pensar la educación desde la política de la libertad es que, inserta en un contexto periférico de opresión, la radicaliza como praxis de superación de un sujeto históricamente oprimido. Ya encontramos en Émile, de Rousseau, una crítica a la educación que Freire llama «bancaria» (depósito de conocimientos), la formación como conciencia de la autonomía del sujeto que se ha preparado para ser ciudadano. Pero Émile no es exactamente un sujeto en estado de opresión: en Paulo Freire, más que un ejercicio de formación en libertad, la educación es una praxis de liberación.

El conflicto entre el opresor y el oprimido está en el centro del pensamiento de Paulo Freire, en el centro mismo de la personalidad del oprimido, y está conectado con las estructuras históricas de dominación. Si no se puede leer Émile sin El contrato social, por una razón aún más fuerte no se puede leer Pedagogía del oprimido sin la política de liberación de Paulo Freire.

Por eso esta obra es visceralmente una praxis de la libertad. La revolución paulista, la radicalidad de su pensamiento que lo ha convertido en el objeto central de la execración de la cultura más regresiva de la historia brasileña, desde la que legitimó el genocidio de los indios o la esclavitud de los negros, es ser un verdadero epicentro de la cultura de la emancipación de los brasileños y latinoamericanos.

En este preciso sentido este libro de Venício Lima es, al mismo tiempo, un documento de reparación y una moción de esperanza. Porque lo que puede refundar la democracia brasileña es este sentimiento político radical de libertad que sopla en la obra de Paulo Freire.

Una polémica clásica y contemporánea

Debemos a las obras de grandes historiadores eruditos del pensamiento político clásico, renacentista y moderno la relectura de la génesis de la Modernidad, antes referida de forma antipluralista —al borde del sectarismo— solo al liberalismo. La documentación de un momento maquiavélico en las revoluciones de los siglos XVII y XVIII, el largo recorrido del humanismo cívico en la fecundación de las culturas de emancipación contra la dominación colonial, el patriarcado, la esclavitud y el racismo, condujo a la inevitable identificación de un concepto de libertad anterior al propio nacimiento del liberalismo. Este concepto de libertad, vinculado a la idea de igualdad, formulado a partir de las nociones de autonomía ciudadana y soberanía popular, está en el origen de las declaraciones de un sentido universalizador de los derechos humanos en la Modernidad.

Esta verdadera revolución de la conciencia del pasado que nos formó es, por eso mismo, una clave indispensable para entender los impases democráticos del mundo contemporáneo. La modernidad deja de ser vista simplemente como un despliegue históricamente progresivo de la historia del liberalismo y se convierte, en sí misma, en un lugar que siempre ha sido un conflicto entre los que quieren dominar y los que no quieren ser dominados. La cultura de la libertad nace de este conflicto en el corazón de la política.

Esta nueva conciencia del pasado actualiza la obra de Paulo Freire en la cultura política brasileña. No por casualidad es el único autor clásico brasileño, en el sentido de que ha formado una irradiación y un patrimonio de ideas en movimiento, que lleva la libertad y la superación de su otra, la opresión, en el título de sus obras centrales. En cuatro sentidos, su concepción de la libertad está relacionada con este concepto de libertad que formaron las revoluciones democráticas de la Modernidad.

En primer lugar, su identificación con el sentido de la autonomía, que la vincula a la noción de igualdad estructural: no puede ser libre quien está sometido a una situación de esclavitud, servidumbre o dependencia estructural de otro. En segundo lugar, el sentido intersubjetivo, público y dialógico de la construcción de la libertad. No preexiste a la comunidad política, no se puede naturalizar, depende de la vida pública. En tercer lugar, reivindica al sujeto activo, no conformista e inconformista, sino creativo y dispuesto a transformar el mundo como creador. Por último, solo puede existir en una cultura cívica que instituya el amor a la libertad compartida entre los ciudadanos, la fraternidad. Esto requiere una revolución cultural de los valores que antes legitimaban la opresión.

Paulo Freire se vincula a esta tradición a través del socialismo democrático. De ahí su diálogo con Marx y los autores humanistas del marxismo.

Una obra del 68

Esta visión política de la obra de Paulo Freire nos permite situarla en el contexto de su creación: está atravesada por el imaginario libertario de 1968. La Pedagogía del oprimido, identificada como una especie de punto culminante desde el que se puede escudriñar toda la obra freireana, es un libro escrito enteramente a fuego y en libertad. Arde en las manos del lector. Escrito desde Chile, parece salido de las barricadas del 68.

En este sentido, el segundo capítulo de este libro es muy afortunado al poner de manifiesto las formas en que Frantz Fanon está presente en la obra de Freire. La coyuntura de 1968 vinculó la lucha por la libertad en los países capitalistas centrales, contra los regímenes burocráticos de Europa del Este y las luchas anticoloniales. Paulo Freire escribe sobre la libertad en medio del subdesarrollo, allí donde la colonización y sus permanencias ejercen su poder deshumanizador sobre los oprimidos. La moción de Fanon, que reivindica la legitimidad del uso de la violencia contra el colonizador y sus necropoderes, es recibida por la cultura de la emancipación de Freire como una contraviolencia, como una reacción a una violencia de origen y estructural.

Si 1968 marcó el dramático y feliz reencuentro de la izquierda del siglo XX con la fundación de la libertad, después de décadas de dominio del estalinismo, el libro de Paulo Freire es el gran documento en la historia intelectual de los brasileños del reencuentro de un pensador con el Marx libre, fuera de los dogmas y pensado desde la emancipación. 

Todo el libro está impregnado de referencias y diálogos con las tradiciones humanistas de la lectura de Marx, inspiradas —aunque las exceden con creces— en las reflexiones de los cristianos brasileños iniciadas a finales de los años 50 por el jesuita y eminente filósofo Henrique de Lima Vaz. En el centro del libro, como si fuera un ancla, está el tercer aforismo de las llamadas «Tesis sobre Feuerbach» de Marx, que Freire cita en la nota 15: 

La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado. Conduce, pues, forzosamente, a la sociedad en dos partes, una de las cuales está por encima de la sociedad (así, por ejemplo, en Roberto Owen). La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana solo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria.

Esta tesis, para ser mejor comprendida, debe pensarse como una crítica al dilema de la cultura ilustrada: ¿educar a los hombres para cambiar las circunstancias o cambiar las circunstancias para educar al hombre? Y las tesis socialistas autoritarias o sustitutivas. La síntesis está escrita en letras grandes en la Pedagogía del oprimido: «Nadie libera a nadie, nadie se libera solo: los hombres se liberan en comunión». La coincidencia entre el acto de cambio y el cambio de sujeto hace toda la fortuna de la obra de Freire.

Paulo Freire, en un documento casi perdido y que Venício Lima, que lo recibió del autor manuscrito, publica en esta edición, afirma la pedagogía de la revolución, la función pedagógica del partido de la transformación, él mismo transformado en el proceso de liberación. Su obra es, en este sentido, un gran movimiento para la fundación de un socialismo democrático en un período de profundo impase de las vanguardias y de la propia historia de la matriz histórica dominante del marxismo en Brasil, que había escindido trágicamente socialismo y libertad.

Paulo Freire y el pensamiento político brasileño

La relación entre educación y democracia es, sin duda, uno de los temas más ricos y constitutivos de las tradiciones del pensamiento brasileño que buscó una forma de romper los impasses de la formación. Esta relación estuvo en el centro del pensamiento liberal de Rui Barbosa —formulando un progresismo posibilista de inclusión progresiva de los pobres y los negros en el orden político—, del pensamiento democrático republicano de Manoel Bomfim (la universalización de la educación como forma de constituir la soberanía popular y, posteriormente, la necesidad de una revolución para producir la deseada reforma de la educación). También estuvo presente en el pensamiento desarrollista —que concebía la educación como fundamento del progreso soberano y autónomo del país— o las utopías antropológicas y civilizatorias de Darcy Ribeiro: la educación pública como expresión misma de nuestra singularidad como civilización multiétnica.

Paulo Freire disuelve el impase entre reforma y revolución a través de la educación como práctica de la libertad, es decir, diferenciando la «educación sistemática» posterior a la revolución del «trabajo educativo» que la precede. Al exaltar el sentido pedagógico de la política de liberación, al proponer una dialéctica entre maestro y alumno, entre vanguardia y pueblo, lo que hace Paulo Freire es sentar las bases de un pensamiento y una perspectiva socialista democrática. De este modo, está fundando o refundando esta tradición en el pensamiento político brasileño, dándole cuerpo, abriendo un camino para su formación.

«No hay palabra verdadera que no sea praxis», dice Paulo Freire. Romper la dura corteza de la cultura del silencio, formar el derecho público de la voz, construir con los que nunca pudieron hablar y ser escuchados la plena expresión y posibilidad de formar el poder, la soberanía popular es una democracia radical, nos dice la obra de vida de Venício Lima.

Venício y Freire

Ciertamente, hay una diferencia fundamental entre adorar a un autor y cultivar a un autor, apropiarse de sus logros y desarrollarlos críticamente. Es en este orden, el del diálogo crítico, en el que se sitúa la relación de cinco décadas de Venício con la obra de Freire y que este libro condensa y actualiza.

El concepto que sintetiza toda la obra de Venício, referencia ineludible para quienes pretenden estudiar los dilemas históricos de la formación de una opinión pública democrática en Brasil, y que dialoga con el propio centro de las teorías freireanas, es la cultura del silencio. Porque el oprimido comienza a superar su condición en la medida en que es capaz de hablar de sí mismo en su propio lenguaje —«no hay palabra verdadera que no sea praxis»—, de biografiarse en una narrativa de sentido, humanizándose a través del diálogo con su mundo y el de los demás. La opresión es un robo de la palabra, un silenciamiento de la voz, «una estructura constitutiva del mutismo». El trabajo de Venício es una crítica a la permanencia de esta «estructura constitutiva del mutismo» en la democracia postconstitucional brasileña de 1988.

Su investigación sobre este concepto lo llevó necesariamente por el camino de la historización, desde los orígenes de la sociedad colonial, la formación del Estado nacional, del Imperio a la República, con sus distintos regímenes, y de la dictadura al proceso de redemocratización: la larga continuidad de las estructuras institucionales de silenciamiento de los pueblos indígenas, negros, obreros, mujeres, campesinos en medio de sus esfuerzos, siempre reprimidos, por sacar sus voces libres.

Es posible y necesario, por tanto, escribir la historia de la formación de Brasil a partir de la cultura del silenciamiento, en sus formas colonial, moderna y contemporánea. Este es el sentido inscrito de la clasicidad de la propia obra de Venício. Porque ningún otro clásico de la formación de Brasil ha llevado al centro de la narración el derecho de los brasileños, su derecho inalienable, como ciudadanos, a hablar en democracia y pluralismo a través de su propia voz.

«Hablar, por ejemplo, en democracia y callar al pueblo es una farsa», afirma Paulo Freire en Pedagogía del oprimido. La frase es típicamente, en el sentido autoral, de Venício Lima, en el sentido de que es expresiva de su trabajo crítico sobre la separación entre el derecho al voto y el derecho a la voz en la democracia liberal brasileña. La cultura del silencio es la pareja de oposición a la educación y la política como dialogicidad que propone Freire, como buen humanista, que no separa la isonomía de la isegoría. La obra de Venicio, al dar un estatus conceptual y una documentación histórica a la cultura del silencio, ilumina con luz propia la obra de Freire.

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