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El arribo de Iván Duque a la Casa de Nariño no estuvo auspiciado por algún mérito propio o por su trayectoria política, sino por la exclusiva voluntad de Álvaro Uribe Vélez.

Duque, un gobernante de papel

El gobierno de Iván Duque en Colombia se acerca a su fin, pero el sistema corrupto que lo llevó a la presidencia pretende reciclarse una vez más. En las elecciones de mayo, los colombianos y colombianas tienen la oportunidad de ponerle punto final al uribismo y cambiar el rumbo de su país.

La escena es tragicómica: el inepto presidente colombiano mira a un lado y a otro, ensancha su sonrisa, toma un pequeño martillo y, pleno de ansia y satisfacción, lo golpea alegremente para dar por cerrada la jornada en la Bolsa de Valores de Nueva York. Todo el mundo se ríe y celebra su épica hazaña. Su figura proyecta la imagen de un niño pequeño que se divierte con los privilegios del poder; se distrae con actuaciones intrascendentes en un intento por demostrarse a sí mismo y al mundo que es un hombre importante. Está ansioso por recibir un reconocimiento que sabe que en su propio país no tiene, y juega a ser un líder mundial de primer orden.

A esta altura, a los colombianos ya nos resulta difícil seguir sorprendiéndonos de las idioteces de las que es protagonista Iván Duque. No obstante, su episodio más reciente en Nueva York alcanzó unos extremos de infantilismo y ridiculez que, aunque parezcan realmente inverosímiles, desafortunadamente fueron reales. La escena es muestra, al mismo tiempo, de los modos habituales con que se desenvuelve el tristemente célebre presidente de nuestro país: su alejamiento de los problemas urgentes de la nación es tal que su actitud de tranquilidad y desparpajo resulta ofensiva. Duque se pasea plácidamente por su amado Estados Unidos como si en Colombia no hubiera nada que atender

(Foto: REUTERS / Andrew Kelly)

En su país, sin embargo, la violencia rural y urbana es moneda corriente, la paz ha sido implementada solo a medias y no pasa una semana sin que explote un nuevo caso de corrupción gubernamental. Pero lo que realmente desvela por estos días a Duque es asegurar su puesto en la burocracia internacional para cuando termine su perverso mandato. Sabe que en Colombia no tiene lugar. Por eso acude raudo a cuanto show internacional lo inviten, con el fin de ganar popularidad y marcharse a continuar su cómoda vida de funcionario viviendo a cuenta de organismos multilaterales y de instituciones financieras una vez termine su mandato presidencial.

Y es que Duque llegó a la presidencia de Colombia en paracaídas. Su arribo a la Casa de Nariño no estuvo auspiciada por algún mérito propio o por su trayectoria política, sino por la exclusiva voluntad de Álvaro Uribe, quien hace dos décadas dirige la política colombiana a su gusto y placer y vio en Duque un personaje endeble y manipulable que le permitía seguir controlando los hilos del poder mientras otro ocupaba el sillón presidencial. A diferencia de un político que culmina años de carrera pública desempeñándose como primer mandatario de la nación, Duque fue un presidente mediocre sin experiencia ni recorrido, designado a dedo por su padrino político. Ahora, cuando sus días al frente de la presidencia de Colombia están contados, busca desesperadamente algún lugar que le permita seguir viviendo a costa del trabajo ajeno.

Duque parece habitar una realidad paralela. Ante la más mínima cuestión que pueda implicar un conflicto con sus intereses, elige hacer oídos sordos. Simplemente omite cualquier cosa que no se adecúe a su simple visión del mundo. En el plano internacional se muestra hipócritamente como un defensor del medio ambiente y los migrantes, buscando aplausos que lo acerquen a su añorado puesto en Washington. Mientras tanto, en su propio país los líderes y lideresas sociales son asesinados semanalmente, la protesta social es perseguida y duramente reprimida y el poder está concentrado en un pequeño círculo de personas que se mueven con absoluta impunidad.

El presidente participa de la política electoral favoreciendo descaradamente a su candidato y negándose a escuchar las críticas provenientes de diversos sectores afectados por el desempleo, la inflación, la inseguridad y la precariedad. Colombia es el segundo país más desigual de la región, solo superado por Brasil. Pero eso no es algo que al presidente parezca importarle en absoluto, eligiendo explayarse acerca de la guerra en Ucrania en cada oportunidad que se le presenta en lugar de emitir una mínima opinión acerca del caos social que reina en varios departamentos del país que —en teoría— gobierna.

Colombia necesita cambios urgentes, serios y estructurales. Y la respuesta del uribismo, por increíble que parezca, es la misma que hace cuatro años llevó a Duque a la presidencia: Federico «Fico» Gutiérrez, candidato que se disputará con Gustavo Petro las elecciones presidenciales del 29 de mayo próximo, no es más que otra marioneta. Con un discurso vago y plano, y sin un conocimiento suficiente de las complejidades que enfrenta el país, lo único que cabe esperar de una eventual presidencia suya es un agravamiento de los problemas que nos asfixian diariamente.

El país se prende fuego y la solución de Uribe, Duque y «Fico» Gutiérrez es echarle gasolina. Pero el pueblo colombiano tiene una oportunidad: está en sus manos ponerle un freno a estas políticas, cortar con el continuismo y comenzar la construcción de un país más justo. Para ello deberá hacer caso omiso de la campaña mentirosa que, por medio de miedos y prejuicios, se intenta instalar contra Gustavo Petro y Francia Márquez, los únicos candidatos con propuestas reales, que podrían representar un cambio de dirección frente a la crisis en la que estamos sumidos por obra y gracia del uribismo y sus políticas neoliberales.

Ojalá los últimos cuatro años que vivimos bajo el gobierno de este vendedor de humo hayan sido suficientes para abrirnos los ojos y mostrarnos que para cambiar las cosas no se puede seguir haciendo lo mismo. Que para librarnos de los fantasmas de ayer hay que deshacernos de los monstruos de hoy.

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Publicado en Artículos, Colombia, Elecciones, homeCentro2 and Política

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