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Vladimir Ilich Lenin (1870-1924) pronuncia un discurso de celebración como jefe del primer gobierno soviético en la Plaza Roja en el primer aniversario de la Revolución Rusa de 1917. (P. Otsup / Getty Images)

La lengua de Lenin

Traducción: Valentín Huarte

En 1924, un grupo de lingüistas publicó un estudio en el que apuntaba a descifrar el poder de la lengua de Lenin. Una reciente traducción al inglés arroja luz sobre la contribución de las palabras a la política revolucionaria.

La lucha sobre el lenguaje es una lucha política. Los socialistas deben disputar permanentemente la realidad de sintagmas como «lucha de clases» o «antirracismo». En caso contrario, terminan cediendo dichas expresiones a las abstracciones y a las inversiones de la derecha. Pero asumiendo que es verdad que en el campo del lenguaje se gana o se pierde tanto impulso como en las calles o en las campañas políticas, las teorías del discurso y de la literatura, ¿pueden ayudarnos a comprender estos procesos y a pulir las tácticas de la izquierda en estas luchas?

Coiled Verbal Spring: Devices of Lenin’s Language, publicado por Rab-Rab Press, brinda algunas respuestas y muestra el modo en que la poesía como forma conecta con estas luchas sobre el lenguaje. Es la primera traducción al inglés de un número especial de LEF publicado en 1924 que tiene por objeto los discursos y los textos de Lenin. El libro incluye un panfleto del poeta Alexei Kruchenykh. El grupo LEF (Frente de izquierda por las artes) investigó sobre todo cuestiones vinculadas a la poesía. Su coeditor, Vladimir Mayakovsky, fue un importante poeta futurista y trabajó codo a codo con Osip Brik, teórico formalista del lenguaje poético.

El LEF analizó construcciones literarias capaces de romper con las formas antiguas. Sus debates se centraban en modos de refrescar el lenguaje con el fin de contribuir a la revolución permanente. Como dice Sezgin Beynik en la introducción, pensaban que la poesía era fundamental porque se alzaba contra la lengua cotidiana, contra la preservación de la vieja forma de vida, bien aprehendida por el concepto ruso de bytByt no tiene una traducción directa, pero remite a una fuerza inmóvil y reaccionaria, una rendición pequeñoburguesa frente a las inercias de la cultura capitalista, o, en palabras del futurista Sergei Tretyakov, «el peso de la vida cotidiana que nos hunde en el pasado». Cada elemento de la vida revolucionaria debe tomar distancia de dicha tendencia.

Boris Arvatov, el más agudo de estos escritores, argumentó que era posible radicalizar la relación dialéctica entre poesía y lenguaje práctico si la poesía se ponía a la cabeza a modo de vanguardia comunista. Pero, como argumentó Osip Brik, los resultados de toda experimentación debían ser puestos a prueba en el fuego de la lucha de clases. Uno de los golpes planeados contra la lengua de la byt fue el Zaum, un nuevo lenguaje desarrollado por Alexei Kruchenykh y Velimir Khlebnikov. Roman Jakobson definió los resultados como un «condimento sin comida». Un pequeño bocado del futuro banquete revolucionario, o, en palabras de Kruchenykh: «Aprendimos a mirar el mundo hacia atrás».

El número especial sobre la lengua de Lenin, publicado después de la muerte del dirigente en 1924, fue un intento de aplicar estas ideas, derivadas del estudio de la lengua poética, a la lengua eminentemente práctica de la política revolucionaria. Yuri Tynanov destaca el lenguaje que cita y se burla de las abstracciones burguesas de la derecha. Por su parte, Victor Shklovsky concibe el estilo radical de Lenin como una «fuerza descanonizadora» que sabe utilizar las palabras en su justa medida: según Lenin, proposiciones necesarias que sirven como «esquemas» de vida.

Siguiendo a Tynanov, Boris Eichenbaum distingue una forma intermediaria entre lengua poética y práctica en el marco de una minuciosa lectura de «Las tareas principales de nuestros días», texto de 1918, donde descubre una mezcla entre la retórica tolstoiana de la vieja intelligentsia, cierto estilo oratorio latino y expresiones coloquiales rusas. Es una estrategia que implica reconocer las tendencias históricas con el fin de darles una nueva dirección o ponerles fin. Sin perder su naturaleza crítica o su veta futurista, la poesía se convierte en una coordenada para pensar el lenguaje político como acción. Eikhenbaum argumenta: «Las palabras no eran la especialidad ni la profesión de Lenin, sino que sus verdaderos actos».

¿Qué hacer cuando los discursos de derecha adoptan posiciones y estructuras socialistas y las vacían hasta hacer que las voces progresistas se vuelvan insignificantes? Cuando la derecha afirma «Nosotros somos los verdaderos antirracistas» o los grupos fascistas dicen «Estamos más allá de la política», es necesario desmontar esas inversiones y posicionamientos antes de que solidifiquen. Lenin fue coherente con esta lectura cuando advirtió el peligro de debilitar conceptos precisos de izquierda mediante expresiones demasiado abstractas (por ejemplo, cuando dijo «La palabra “comuna” está siendo utilizada con demasiada libertad»). Si la izquierda intenta imitar las estrategias de la derecha asumiendo su retórica —en referencia a la inmigración o a las cárceles, por ejemplo— se produce una catástrofe del sentido político, en parte porque los movimientos de izquierda proponen romper con las formas antiguas o reaccionarias de jerarquía y control y con el lenguaje que las expresa y las subjetiviza.

Por último, Coiled Verbal Spring aborda otro aspecto de las coordenadas de creación de estas nuevas formas. Las revueltas y las transformaciones sociales siempre producen una nueva lengua. En el panfleto en el que analiza la figura de Lenin cuatro años después de la publicación del LEF, Kruchenykh afirma: «Las masas revolucionarias introdujeron en el uso cotidiano expresiones que nunca habían existido. Lenin, con su ingeniosa sensibilidad, detectó esta corriente que estimuló su lengua y solidificó en sus discursos y escritos». La política de izquierda debe expandir el espacio del socialismo en el lenguaje y combatir la byt y todas las formas reaccionarias que conspiran para mantener al mundo en la parálisis.

 

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