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Trabajadores del sector del metal de la provincia de Cádiz se manifiestan por el nuevo convenio. (Foto: EFE / Román Ríos)

Cádiz y el juego del calamar

Una huelga que debe servir de ejemplo.

 

«Todo está guardado en la memoria
Sueño de la vida y de la historia»
(La Memoria
, León Gieco)

Tras no haber avance en la negociación del nuevo convenio del sector del metal en Cádiz, el 16 de noviembre se convocó una huelga indefinida que ha dado lugar a una lucha ejemplar. Analizar la huelga de los trabajadores y trabajadoras de la Bahía de Cádiz requiere de un ejercicio de memoria. No es posible explicar lo que está en juego estos días y en el futuro remontándonos solo unos días atrás, por ejemplo, haciendo referencia al último anuncio del cierre de la planta de Airbus Puerto Real. Ni siquiera basta con recordar los detenidos de Astilleros en 2013 o el cierre de Delphi en 2007, como bien señalan José María González (Alcalde de Cádiz) y David de la Cruz (miembro del equipo de gobierno) en su reciente artículo «El poder traducido en derechos». 

En otras palabras, para comprender lo que está en juego en esta huelga y sus razones profundas, debemos hablar de la reconversión industrial. Esa que sufrieron, como Cádiz y Andalucía, otras regiones desde finales de la década de los setenta y principios de los ochenta con la ofensiva neoliberal.

Primero de la mano de Felipe González —líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Presidente del Gobierno posteriormente— y después con el Partido Popular (PP), hemos visto desarrollarse un proceso de desmantelamiento progresivo de gran parte de la industria pesada. Por el camino de los últimos cuarenta años, generación tras generación han luchado ante cada nuevo ataque y, aun con altibajos, toda esa experiencia forma parte de la conciencia de los y las trabajadoras del metal, así como del pueblo gaditano. Un pueblo que ha visto como la precariedad y la inestabilidad laboral se volvían parte de sus vidas cotidianas bajo la condena inapelable de una economía basada en la fragilidad y estacionalidad de un sector como el turismo.

Tras varios meses en los que se han sucedido manifestaciones pacíficas, Airbus —que tuvo 2635 millones de euros de beneficios en el último año— anunció que la fábrica de Puerto Real cerraría sus puertas. A pesar de ser una factoría modélica en muchos de los parámetros que sigue la empresa para evaluar su productividad, le toca al municipio vecino de Cádiz el cierre. En el fondo, lo que ocurre es un proceso de deslocalización de la producción, que se traslada al municipio madrileño de Getafe, donde se han invertido 400 millones de dinero público.

Por todo ello, para entender la lucha debemos enmarcarla en una geopolítica concreta: la del sur del sur de Europa. Si se nos permite el símil con la serie de moda, Andalucía es una concursante del Juego del calamar de la Europa del capital desde hace décadas. Y hoy de nuevo los y las trabajadoras de la Bahía de Cádiz han decidido movilizarse, porque no piensan quedarse de brazos cruzados mientras los siguen ejecutando lentamente a plena luz del día.

La huelga del metal como referente de lucha 

En este contexto surge la negociación de un nuevo convenio colectivo que, lejos de recoger una mínima mejora salarial, decreta la pérdida de poder adquisitivo y escupe sobre la dignidad de los trabajadores, pretendiendo legitimar y legalizar una situación de semiesclavitud.

En Cádiz, donde la lucha por el convenio en un territorio históricamente maltratado coincide con una tradición de combatividad obrera particularmente fuerte, la huelga y las movilizaciones de apoyo tienden a convertirse en un punto de encuentro de diversos malestares, precisamente porque es la clase trabajadora la que golpea allí donde es más fuerte. Por eso decimos que no se trata solo de una reivindicación puntual de mejora del convenio. La realidad es que nos encontramos con malestares acumulados durante la última década, el cierre de cualquier expectativa sobre lo político y la cuestión territorial sobre el abandono de Andalucía y Cádiz. 

Afirmar lo anterior no quiere decir que el acuerdo del nuevo convenio no vaya a tener un efecto importante sobre el devenir de la movilización. El peso de los grandes sindicatos (CCOO y UGT) y sus aparatos, que además son los que están negociando con la patronal, es central. Mientras que el peso de los movimientos obreros asamblearios, como la Coordinadora del Metal o de los sindicatos combativos como la CGT (que también ha hecho convocatoria formal de huelga, de hecho amparando en mayor medida las movilizaciones de estos días), es más periférico.

En este sentido, el nivel de combatividad y masividad sobre el apoyo a la huelga se relaciona con que los sindicatos mayoritarios convocan y amparan las movilizaciones, y no se están desmarcando —de momento— de los métodos, si bien a su vez se ven empujados y desbordados puntualmente. En otro plano, la sensación general en la sociedad es que esto estaba de alguna forma latente y ahora ha estallado, lo que legitima una explosión tan combativa.

Pero el proceso de movilización creciente no se entiende tampoco sin las posiciones duras y provocadoras de la patronal, que han atascado las negociaciones. Tampoco sin contemplar la pasividad de los gobiernos, puestos de perfil esperando el acuerdo entre partes, tanto de Andalucía (PP y Ciudadanos, con el apoyo de VOX), como del Estado (recuérdese formado por PSOE y Unidas Podemos), el cual además es el responsable de la represión policial. Represión, cabe añadir, que de momento no ha menguado las movilizaciones contundentes y unitarias en Cádiz, que cuentan con fuerte apoyo popular e incluso han provocado una oleada de movilizaciones de solidaridad en todo el Estado.

Sea como sea, al día de hoy, la huelga de los trabajadores del metal de Cádiz se ha convertido en un punto de referencia para la lucha social en todo el Estado. De hecho, podemos considerar que se trata de una de las primeras rupturas fuertes del consenso social entre patronal y clase obrera que, con la colaboración de las burocracias sindicales y la mediación del gobierno progresista, dominaba el ambiente en esta fase política.

Asimismo, se da en un momento en el que la lucha por las pensiones dignas, la negociación por la reforma laboral y la negociación de convenios en la industria (como el de la industria cárnica o el metal en Alicante) empezaban a mostrar cierto agotamiento o incapacidad de conseguir una respuesta mayor. Además, podríamos señalar fuertes movilizaciones en las periferias abandonadas y en procesos de reconversión, como es el caso de la mariña lucense.

«A la huelga cien, a la huelga mil, yo por ellos, madre, y ellos por mí…»

En los días de huelga indefinida que llevamos han quedado definidas reivindicaciones importantes. A los sindicatos negociadores se les reclama la recuperación del poder adquisitivo perdido y futuro. También se pide transparencia e información pública, entendiendo como algo incuestionable la participación de todas las plantillas afectadas en la decisión final de cualquier preacuerdo. Quienes han mantenido la lucha en la calle poniendo sus cuerpos no pueden quedar excluidos en la toma de decisión final.

A los gobiernos se les exige, primero, la paralización inmediata de la represión policial, liberación sin cargos a los detenidos y la policía a sus cuarteles. Además, la investigación de las actuaciones policiales, provocadoras y desproporcionadas. En segundo lugar, un compromiso político para la elaboración de un plan de reindustrialización real para Cádiz (basta de promesas de humo), avanzando en la línea de industrias no contaminantes, pacíficas, sostenibles, bajo control público… En tercer lugar, como símbolo de cambio en la implicación de los gobiernos andaluz y estatal, la apertura inmediata de una mesa especial multipartita para recuperar y garantizar la actividad en la Planta de Airbus Puerto Real. En cuarto lugar, programa especial de Inspección de Trabajo para garantizar el cumplimiento real de los convenios y leyes. En quinto lugar, dotación económica extraordinaria para garantizar los compromisos industriales anteriores, así como dotaciones económicas extraordinarias para atender y garantizar la situación y las condiciones de vida básicas de la población de la provincia. 

Conscientes de la naturaleza de una lucha que se nutre de reivindicaciones parciales, estamos ante una lucha que puede haber establecido un hito decisivo para los escenarios futuros. En este sentido, lo decimos sin ambigüedad: al no ser tenidas en cuenta las reivindicaciones anteriores, como objetivos necesarios que son, debería haberse valorado la convocatoria a una Huelga General. 

El nuevo convenio laboral del metal

Finalmente, la noche del noveno día de huelga se avisa de la existencia de un preacuerdo. Los medios avanzan, ya que los sindicatos mayoritarios van a desconvocar la huelga (aunque el preacuerdo solo recoge el compromiso de desconvocar una vez consultados los órganos de dirección). El día 10 amanece con las estructuras de CCOO y UGT (que representan aproximadamente el 90% de los delegad@s de todo el metal de Cádiz) lanzadas a ir a las empresas, leer y pasar a votar el texto del preacuerdo. Por otro lado, los sindicatos minoritarios y las organizaciones más combativas rechazan el preacuerdo, y llaman a mantener la lucha. De los primeros resultados ya parecía concluirse que iba a haber una contundente aprobación del texto, si bien es cierto que con algunas excepciones, como en la empresa PINE (donde hay representación sindical de la combativa Coordinadora de Trabajador@s del Metal – CTM).

¿Qué recoge el escueto texto? Vigencia de tres años, como quería la patronal. Texto centrado en la subida salarial. Se garantiza una subida acorde al IPC (Índice de Precios al Consumo) real anual, pero en tres tramos (se empieza con el 2%, y si el IPC supera el 2%, en enero del siguiente año se aumenta el 80% de esa diferencia, y en 2024 se añade el 20% restante). Los atrasos se cobran algunos y otros no. A los trabajadores con contrato temporal solo se les garantiza una subida del 2% (aunque el IPC sea mayor) y el abono de esta subida puede retrasarse hasta el momento de finalización de contrato.

Si tenemos que hacer una valoración sobre el mismo, hay que afirmar que el contenido no va más allá de la subida salarial. No hay compromisos de creación ni mantenimiento de empleo. No se avanza nada en cuanto a temporalidad. No se recupera el poder salarial perdido en los años anteriores. Se pospone hasta 2024 el ajuste entre IPC y salarios. Se acepta una diferenciación de trato hacia los temporales, ya que no se les reconoce la garantía de ajuste del salario al IPC y solo se sube un 2%, que se podrá retrasar hasta el momento de finalización del contrato. Es un texto muy pobre, especialmente si se compara con el nivel y la fuerza de la movilización y de los apoyos sociales de esta lucha.

Sobre el acuerdo y la negociación en el contexto de la movilización general, cabe señalar que los sindicatos negociadores vienen de largo tiempo de parálisis y de mantener posturas posibilistas, como la última habida respecto a la aceptación del cierre de la planta de Airbus de Puesto Real.

Estos sindicatos han tenido una gran libertad negociadora, ya que los objetivos del convenio eran muy básicos y poco definidos. Ahora bien, es sorprendente que se hayan estado negociando por estos mismos sindicatos los convenios del metal de varias provincias vecinas (Sevilla, Córdoba) y no se haya apostado por hacer una confluencia en las luchas. Incluso la firma del acuerdo entre estos sindicatos y la patronal en Sevilla se ha escenificado mientras en Cádiz se estaba luchando en las calles, lo que parece casi una falta de respeto.

Sin duda es criticable la manera acelerada en la que se ha pasado a ratificación de las plantillas de las empresas este preacuerdo (fácilmente se podría haber optado por una tregua en la lucha y haber organizado la consulta en mejores condiciones y facilitando un mejor debate entre las posiciones a favor y en contra del acuerdo), recurriendo incluso a argumentar la necesidad de poner ya fin a la lucha para frenar a los grupos más exaltados. Por otra parte, la postura de los grupos más combativos, manteniendo la movilización mientras se estaba decidiendo en asambleas o llamando a desautorizar a CCOO y UGT, tampoco genera nada más que la división de las plantillas, que este acuerdo puede llegar a potenciar (más aún después del alto nivel de movilización).

Algunas conclusiones de una lucha ejemplar

En primer lugar, más allá de la estrategia autocontenida de las direcciones de CCOO y UGT, o de la limitación sobre el alcance del texto, lo que esta lucha ha puesto encima de la mesa —con el respaldo de plantillas y el fuerte apoyo de toda la población e incluso de población de otras provincias de Andalucía y del resto del estado (también internacional)— es que existe una opinión mayoritaria en la sociedad que entiende que Cádiz (se puede extender a toda Andalucía) se encuentra en una situación límite y necesita decisiones políticas firmes que refuercen —y no desmonten— su sector industrial y lo saquen del total abandono actual. En este sentido, es necesario avanzar contra la extrema precariedad, el desempleo, los incumplimientos habituales de normas y convenios que se dan en esta zona, al mismo tiempo que se desarrollan nuevos sectores que caminen hacia una industria limpia, pacifista, sostenible y bajo control público.

En segundo lugar, vemos cómo la unidad en la lucha es la mejor herramienta para forzar a las posiciones más conservadoras de las direcciones sindicales. Ha sido la movilización la que ha obligado a los negociadores a ir más allá de sus posiciones iniciales (la negociación y el acuerdo en calma en el metal de Sevilla y Córdoba así lo demuestran). Y es que, contra lo que quieren hacernos creer —y con algunos sectores de la izquierda a veces lo logran—, la clase obrera no está muerta. Pero es necesaria una mejor estrategia en los procesos de lucha, una mejor autoorganización y preparación con tiempo de la movilizaciones y apoyos (cajas de resistencia, campañas informativas, extensión de la lucha a otras zonas, etc.). Tiene que cuestionarse el monopolio de la negociación que disfrutan los sindicatos mayoritarios (modificaciones legales, compromisos con las plantillas). Hay que exigir total transparencia e información desde el primer momento, durante toda la negociación y hasta la ratificación final de las plantillas. Debe hacerse un esfuerzo por definir los objetivos mínimos y las líneas rojas de la negociación. Y debe avanzarse en el ideal de un compromiso de respeto mutuo que permita que organizaciones que comparten un objetivo común, pero con tácticas distintas puedan actuar en la misma dirección, aunque por caminos distintos.

En tercer lugar, sobre la respuesta política de los diferentes actores y ámbitos institucionales. De un lado, la estrategia de no intervención del gobierno autonómico (PP) es cómplice con las patronales del sector como era de esperar del gobierno de la derecha. Por otro lado, sobre la actitud del gobierno central (PSOE y UP), hay que decir también algunas cosas. Es vergonzoso que la única intervención del gobierno progresista en este conflicto haya sido el envío y refuerzo de policías antidisturbios que han provocado mayor violencia en su actuación represiva. Así como fueron lamentables las declaraciones de Enrique Santiago (Secretario de Estado de Agenda 2030, Diputado de Unidas Podemos/IU y Secretario General del Partido Comunista de España – PCE), en plena huelga del metal: «Lo que les pido a los trabajadores es que tengan confianza en el trabajo que está haciendo este Gobierno, se está haciendo todo lo posible para potenciar la reindustrialización». De otro lado, hay que destacar la implicación en la lucha del gobierno municipal de la ciudad de Cádiz, con su alcalde José María González (Anticapitalistas) a la cabeza, que no titubeó en el apoyo a las justas reivindicaciones de l@s trabajador@s y en el rechazo de plano la represión policial.

¿Hay posibilidades para seguir la lucha? La necesidad de seguir luchando por el futuro de Cádiz, la recuperación de su industria y de otros sectores económicos es básica (hasta el gobierno central lo viene declarando en el día de hoy, lo cual no es ninguna garantía, conociendo la trayectoria y la responsabilidad histórica del PSOE en el proceso de desindustrialización de Cádiz, Andalucía y otros territorios periféricos). Existe una consciencia social sobre esto, y esta lucha la ha mostrado y consolidado. Por lo tanto, debe levantarse una plataforma que reivindique la reindustrialización, las inversiones y políticas públicas, medios (Inspecciones de Trabajo) para controlar los incumplimientos de leyes y convenios.

Respecto a la movilización, la huelga fue desconvocada. Primero fueron las centrales mayoritarias. CGT mantuvo su convocatoria con el apoyo de CTM y otras organizaciones para todo el sector del metal de Cádiz, si bien cabía esperar que iba a ser difícil mantener un nivel de conflicto semejante al que había existido hasta ese momento, sin que cundiera la división entre trabajadores ante el sentido del mantenimiento de esta huelga. Cargados de razón, sin duda, la posición de estas organizaciones y sus trabajadores, desde nuestra perspectiva, debieron evitar focalizar en los sindicatos mayoritarios sus ataques, por más que su actuación y lo escaso de lo conseguido en sus negociaciones (respecto al alto nivel de movilización y apoyo social) permita dudar de sus capacidades para la negociación. Habrá que ver qué dicen las plantillas y qué valoración mayoritaria prevalece, sobre todo pensando en el futuro.

¿Cómo puede repercutir esta experiencia de la lucha del metal de Cádiz y este acuerdo final sobre el ánimo para futuras luchas? Es difícil de saber, y lo normal es que no sea ni blanco ni negro. Podríamos decir que esta lucha y su resultado pueden pesar como una nueva losa en las espaldas de l@s trabajador@s cuando otros conflictos en empresas o sectores se planteen iniciar un proceso de movilizaciones. Pero también es cierto que el alto esfuerzo puesto en la movilización ha repercutido en el nivel de apoyo, solidaridad y simpatía alcanzados. Que ha animado a las trabajadoras más conscientes de muchos lugares de Andalucía y del resto del estado (incluso internacionalmente). Que lo conseguido por los negociadores sabe a poco parece claro, y queda por ver qué dicen las plantillas. Ha quedado palpable que Cádiz es una provincia que existe, que arrastra un grave abandono y que más vale que nadie se olvide de ella.

Para terminar, dos ideas. La primera: es necesario reivindicar como un hecho positivo que las direcciones sindicales apostaran por una movilización contundente. Convocaron un calendario que recogía primero los días 9 y 10 de noviembre y, si no había avance, huelga indefinida desde el 16. ¡Así se hacen las cosas! No lo de amagar y no dar (concentraciones, paros parciales…), que solo deben quedar para cuando tienes que generar las condiciones. Y la segunda: aunque este acuerdo no alcanza las aspiraciones de la movilización generada y sus reivindicaciones, lo conseguido debe ser igualmente reivindicado (la lucha sirve) pero sin conformarnos (la lucha sigue). En definitiva, algo debe quedar claro en nuestro Juego del calamar particular: siempre es peor un acuerdo sin haber movilizado; porque no tensas, generas conformismo y no avanzas en conciencia. Siempre es mejor con lucha.

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Publicado en Artículos, España, homeIzq, Política and Trabajo

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