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La guerra ignorada del Sahara

Se cumple un año del reinicio del conflicto armado en la última colonia de África.

El 13 de noviembre de 2020 se rompió el alto el fuego vigente desde hacía 29 años en el Sahara Occidental. Luego de casi tres décadas de “paz” entre Marruecos y el pueblo saharaui, este último retomó la lucha armada por la independencia de su país.

La decisión llegó cuando la potencia ocupante reprimió una manifestación en el paso de El Guerguerat, que forma parte de los territorios liberados bajo soberanía saharaui. Esa región al sur del Sahara Occidental estaba siendo utilizada ilegalmente por las autoridades marroquíes como ruta comercial, violando el statu quo establecido por los acuerdos de paz de 1991.

El llamado a las armas por parte del Frente Polisario -organización reconocida por la ONU como legítima representante del pueblo saharaui- fue respondido inmediatamente por la juventud. Toda una generación que creció bajo la promesa de un referéndum de autodeterminación que jamás se realizó, venía denunciando el fracaso de la vía diplomática y exigiendo a sus dirigentes acciones más audaces. Por eso, cuando el escenario cambió, no dudaron.

Lejos de los flashes de las cámaras, las portadas de los diarios y los resúmenes informativos de las grandes cadenas de noticias, volvieron a la batalla en una guerra de liberación nacional que está por cumplir medio siglo.

La juventud para la liberación

Omar Deidih tiene 23 años y nació en los campamentos de refugiados ubicados en las afueras de Tinduf, en el desierto argelino. Es, como él se define, un joven “multi carrera” ya que estudió en España, Libia, Túnez, Cuba y hasta obtuvo una beca para hacer un curso online en California, EE.UU. Sus intereses académicos van desde Política Internacional, pasando por ciberseguridad, hasta Medicina que pretende ir a estudiar a Moscú cuando el conflicto bélico le de un respiro. “La vanguardia revolucionaria tiene que servir para todo y eso es lo que estoy intentando conseguir”, apunta como si fuera una obviedad.

“Estaba en la Universidad de Argelia estudiando, acabé los exámenes y el 13 de noviembre de 2020 comenzó la guerra otra vez”, recuerda en diálogo con este medio. Lo hace a través de audios de whatsapp enviados desde su campamento. “Tomé la decisión de coger un vuelo el 15 de noviembre directamente a las zonas militares para formarme y sumarme al Ejército Popular”, añade.

Su experiencia fue la de muchos. Omar Mansur, ministro de Educación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y dirigente del Polisario, explicó en una entrevista en junio de 2021 que no pudieron “prever las estructuras para poder recibir tanta presencia de gente joven dispuesta a combatir”. “Tuvimos que improvisar escuelas de entrenamientos militares, preparar donde poder albergarlos”.

Deidih lo confirma: “Tras la ruptura del alto el fuego, muchos jóvenes saharauis vinieron de distintas partes del mundo como voluntarios para ser parte del Ejército Popular y yo fui parte de eso”. “Creo que cuando naces en el exilio, con una patria ocupada, con la memoria de tu pueblo, eso se acumula y se refleja en una agitación muy grande; y se vio el 13 de noviembre con muchos jóvenes que dejaron su trabajo, su estudio, y han venido para ser parte de esta etapa importante”, reflexiona.

A través de Whatsapp su voz se escucha tranquila, hace las pausas necesarias para que su español (también habla árabe, inglés y francés) se entienda lo mejor posible, pero además para pensar bien cada respuesta. Se nota que es alguien a quien el conflicto de su pueblo lo atraviesa desde siempre, pero que no ha tomado la decisión a la ligera. “Un día en el combate es un día de trabajo militante antes que una misión militar; es un día de lucha por un pueblo que ha esperado mucho por conseguir sus derechos; es un día de lucha por una causa justa; y es un día más cerca del objetivo”, resume.

Omar Deidih en el frente de batalla | Crédito: Francisco Carrión

Por eso, afirma tajante que hoy “cualquier joven saharaui, cualquier intelectual, la vanguardia que puede dar soluciones a los problemas de esta etapa, tiene que estar en el combate” porque “la revolución no es una opción, es una responsabilidad”.

El referéndum que no fue

El verdadero motivo de fondo de la reanudación del conflicto armado es el incumplimiento de la promesa que la “comunidad internacional” le hizo al pueblo saharaui hace 30 años: un referéndum para decidir su independencia y terminar así el proceso pendiente de descolonización.

En 1991 el gobierno marroquí y el Frente Polisario firmaron un acuerdo de paz con este objetivo. En el plazo de un año se llevaría a cabo una votación por la autodeterminación mediante la cual los habitantes del Sahara Occidental decidirían si querían su plena independencia o aceptaban integrarse a Marruecos, país que invadió y controla la mayor parte del territorio desde que España se retiró en febrero de 1976.

No obstante, la actual potencia ocupante impuso sistemáticamente trabas para la elaboración de los padrones. Rabat impugna el voto de aquellos saharauis que viven en los campamentos de refugiados en Argelia, al mismo tiempo que pretende incluir a los colonos marroquíes que se han asentado durante estos años violando el derecho internacional. La absoluta inacción de la Misión de las Naciones Unidas para el referéndum en el Sahara Occidental (Minurso), la única en el mundo que no está obligada a velar por los Derechos Humanos, sumado a la complicidad de algunos países occidentales como Francia, dio como resultado un statu quo favorable a Marruecos.

El saqueo de la ocupación

El argumento histórico de Rabat para su ocupación del Sahara Occidental se asienta en la idea de construir el “Gran Marruecos” sobre la base de distintos reinos que controlaron en el pasado parte de esa región. Sin embargo, su verdadero objetivo es menos épico y está ligado al potencial económico del territorio.

Lejos de la imagen que se puede tener de una zona desértica, el Sahara Occidental posee importantes recursos naturales. Entre ellos se destacan sus minas de fosfato, los enormes bancos de pesca frente a sus costas y hasta la arena, tan preciada para la construcción como para la creación de playas artificiales.

La monarquía no sólo le ha sacado provecho explotándolos durante estos años de ocupación ilegal (tal como establecieron Naciones Unidas y la Corte Internacional de Justicia) sino que los ha utilizado como forma de legitimar su control del Sahara. Las empresas extranjeras que intervienen son muchas, pero se destacan las españolas.

El documental Ocupación S.A. de Laura Dauden y Sebastián Ruiz-Cabrera lanzado a fines de 2020 documenta con precisión el rol que cumplen las firmas del país ibérico en el saqueo de estos recursos. Pero también en garantizar la supervivencia de la ocupación ya sea mediante la venta ilegal de armas -totalmente prohibido por las leyes europeas y españolas- o petróleo.

Este último aspecto es uno de los más llamativos: sin ese suministro que brindan Repsol y la Compañía Española de Petróleos S.A. (CEPSA) “la ocupación sería inviable”, porque no hay otra fuente de combustibles fósiles.

Tan irregular es la situación que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE) falló en septiembre de este año para cancelar dos acuerdos comerciales con Marruecos por involucrar la explotación de los territorios ocupados. El Frente Polisario había realizado una demanda en 2019.

“En la medida en que los acuerdos controvertidos se aplican expresamente al Sáhara Occidental, así como, por lo que respecta al segundo de esos acuerdos, a las aguas adyacentes a este, afectan al pueblo de dicho territorio y requerían que se obtuviera su consentimiento”, sostuvieron los jueces en su escrito. Asimismo plantearon que “las decisiones impugnadas tienen efectos directos sobre la situación jurídica del Frente Polisario en su calidad de representante de ese pueblo y de parte en el proceso de autodeterminación de dicho territorio”.

Una resistencia que nunca se detuvo

Aunque los enfrentamientos estuvieron formalmente en pausa durante 29 años, la lucha saharaui por su independencia se ha mantenido de manera constante en los foros internacionales, en los campamentos de refugiados y, también, dentro de los territorios ocupados por Marruecos.

Allí la represión ha sido feroz. Desde la ocupación se cuentan más de 500 personas desaparecidas por razones políticas y una innumerable cantidad de detenidos, torturados y asesinados por las fuerzas coloniales. El solo hecho de enarbolar una bandera de la RASD o enunciar consignas a favor del Polisario puede ser motivo de detención. Las y los saharauis viven bajo una dictadura que no duda en aplicar el terrorismo de Estado.

Sin embargo esto no ha doblegado su lucha. Un hecho poco conocido es que en octubre y noviembre de 2010, fue el pueblo del Sahara Occidental ocupado el que dio el puntapié a la llamada “Primavera árabe”. Durante un mes establecieron el campamento de Gdeim Izik en las afueras de la capital, Al-Aiún. Desde allí exigieron a Marruecos el fin de la represión y su independencia.

La fuerte censura de la monarquía logró que prácticamente ningún medio de comunicación internacional pudiera cubrir los acontecimientos. Sin embargo el activista mexicano Antonio Velázquez y la catalana Isabel Terraza, que estuvieron viviendo en el campamento, lograron un registro fílmico que debió ser sacado del país en la clandestinidad. Finalmente pudieron publicarlo y dar a conocer como esa protesta fue desmantelada por la fuerza por soldados marroquíes.

En la actualidad, la situación de Sultana Khaya, activista por los Derechos Humanos detenida sin juicio en su vivienda desde el 19 de noviembre de 2020, es el ejemplo más contundente de esa “voluntad inquebrantable”. Aislada, golpeada y violada por agentes coloniales, habiendo padecido Covid sin atención médica, todos los días sube a la terraza de su casa para ondear la bandera de su patria.

Hoy el conflicto ha entrado en una nueva etapa. Para Omar Deidih “está claro que el pueblo saharaui ha aprendido mucho de los últimos 30 años” y que “esperar la legitimidad internacional para lograr la justicia y el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación no es una solución práctica”. Con una retórica poética subraya que ahora “cualquier solución política sólo ocurrirá bajo la sinfonía de las armas”.

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Publicado en Artículos, Crisis, Guerra, homeIzq, Marruecos and Sahara Occidental

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