Press "Enter" to skip to content
Ilustración: Juan Fuji

Un himno plebeyo

Traducción: Valentín Huarte

«Common People», el hit que Pulp lanzó en 1995, no es solo un clásico del britpop: es un análisis de clase que, por su honestidad y brutalidad, opaca a los medios de comunicación actuales.

La ciudad de Sheffield albergó al menos a dos cantantes famosos de apellido Cocker. Uno fue el blusero cuyo apodo evoca inmediatamente los clubes obreros y el realismo británico. Joe Cocker es la clase nombre que uno estampa, junto a un tipo con cara de póker, en un álbum titulado «Sheffield Steel». 

En cambio, «Jarvis» no es un nombre obrero. Al oído inglés suena continental, medio francés: es sofisticado. En The Mary Whitehouse Experience, comedia británica de los años 1990, había un personaje llamado «Jarvis»: un adulto gay bastante aristocrático. Por eso no deja de sorprender que fuera un tipo llamado Jarvis Cocker el que escribió ese himno tan popular, «Common People», uno de los pocos hits de los años 1990 que trata explícitamente sobre el conflicto de clases.

«Common People» salió al aire en 1995. Fue el principal sencillo de Different Class, quinto álbum de Pulp, una de las bandas más famosas de Sheffield. La canción se convirtió rápidamente en uno de los grandes hits del britpop, pero es probable eso no sea lo más importante. A esta altura, casi cualquiera que sepa un poco de música conoce la historia que cuenta la letra: nuestro héroe pretende enamorar a una estudiante del Central Saint Martins, escuela londinense de arte. Ella es de Grecia, estudia escultura y dice que quiere «vivir como la gente común». Un rumor, que no deja de correr a pesar de haber sido negado por todos los implicados, es que la mujer de «Common People» es Danae Stratou, artista de izquierda que se cruzó con Cocker en Saint Martins y que hoy está casada con Yanis Varoufakis, exministro de Finanzas griego durante el breve gobierno de Syriza y frecuente colaborador de Jacobin

Como sea, cautivado por su simpatía, el protagonista lleva a la joven estudiante a pasear para que vea cómo viven realmente los trabajadores. Pero la falsedad lo exaspera, hasta que finalmente reconoce que ella jamás entenderá las clases sociales mediante significantes y estilos de vida: «Smoke some fags and play some pool / Pretend you never went to school» [Fúmate unos puchos y juega al pool / Finge que nunca fuiste a la escuela]. Una vez que la orquesta de sintetizadores baratos, seguramente comprados de segunda mano, llega a su punto más álgido, Cocker grita: «You will never understand / How it feels to live your life / With no meaning or control / And with nowhere left to go» [Nunca entenderás / Cómo es vivir la vida / Sin sentido y sin control / Y sin otro lugar adonde ir]. 

Aquí, como en todo el álbum Different Class, la banda aborda distintos problemas vinculados a las clases sociales, unas veces de forma apasionante y otras veces perturbadora. «I Spy» es una escabrosa fantasía de revancha, que tiene como víctima a un londinense rico de la zona oeste. En «Monday Morning», el protagonista se pasa todo el fin de semana bebiendo y bailando para escapar a la monotonía de la pobreza: «Why live in the world / When you can live in your head?» [¿Por qué vivir en el mundo / Cuando puedes vivir en tu cabeza?»]. «Live Bed Show» cuenta la historia de una pareja cuya riqueza no logra disimular su desenamoramiento.

Pero Pulp siempre fue un grupo muy singular, difícil de encasillar junto a las típicas bandas que escriben sobre la clase. No venían de la calle ni eran roqueros punk. Lanzaron su primer álbum en 1983 y la pelearon hasta convertirse en una banda indie de segunda durante los años 1990, cuando por fin encontraron el formato pop retrofuturista, definido por los sintetizadores y esas letras medio cantadas, medio gritadas, que hablan sobre ropa y paisajes urbanos, y que narran los detalles de la vida de la gente común. Así surgieron esas canciones raras y alegres que todos conocemos. 

Las letras tratan generalmente sobre la vida de los trabajadores: el relato de optimismo adolescente de «Inside Susan» está narrado desde el segundo piso de un colectivo municipal, y el increíble lado b, «Sheffield: Sex City», gira en torno a los famosos edificios brutalistas de Park Hill, uno de los proyectos de vivienda británicos más ambiciosos de la segunda posguerra. Por su parte, His ‘n’ Hers se enfoca sobre todo en la cultura de la distinción que reina en esos nuevos barrios que empezaban a crecer en las afueras de la ciudad.

Hasta aquí todo muy inglés. De hecho, aunque rara vez haya sido tan lograda como en las grabaciones obsesivas de Pulp, que rozan el fetichismo, este tipo de disección de las pequeñas cosas de la cultura británica se remonta a los Kinks de los años 1960.

Pero «Common People» es otra cosa. En cierto sentido, es una intervención en la disputa estereotipada que opone el britpop del norte al britpop del sur: Blur es una banda de chicos de clase media de Essex que juegan con los significantes del East End londinense; Oasis es una banda de vivos, trabajadores de los suburbios de Manchester, que fingen ser mucho más estúpidos y malos de lo que realmente son. «Common People» hace una lista de todas las cosas que uno puede comprar, vestir o hacer si quiere habitar la calle: fumar cigarrillos, jugar al pool, alquilar un departamento arriba de un local comercial.

Pero nada de eso basta para ser realmente pobre: «If you called your dad, he could stop it all» [Si llamaras a tu papá, él podría acabar con todo]. Siempre que haya parientes o algo de riqueza heredada, la situación será pasajera. La pobreza no es, según esta canción, algo que uno pueda fingir. Es no tener esperanzas, no tener expectativas, no tener salida. El resto es insignificante, y pensar que «ser pobre es ser cool» —algo que suele mezclarse con cierta ideología de izquierda— es un insulto.

En parte, Pulp fue capaz de expresar con tanta claridad la realidad objetiva de las clases sociales —contra cierta tendencia a escribir sobre esos rasgos superficiales que obsesionan a los publicistas, a los psicólogos y a los músicos de rock—, porque los integrantes de la banda no ocupaban una posición fácilmente identificable en función de los términos tradicionales. Los padres de algunos, aunque no los de la mayoría —ciertamente no los de Jarvis Cocker—, trabajaban en fábricas. Sheffield es una ciudad con muchas plantas siderúrgicas, pero también tiene universidades, parques hermosos y exuberantes barrios victorianos.

La estética del grupo era deliberadamente nerd y Cocker acentuaba su flacura y su imagen desprolija. Su ropa era tan fea y estaba tan pasada de moda que la gente terminó identificando a la banda como un fenómeno «retro». No pretendían ser típicamente norteños ni obreros porque no lo eran, o no lo eran del todo. Aun así, ninguno fue a una escuela privada, ninguno había heredado nada y, como la mayoría de los jóvenes de Sheffield, sobrevivieron a los años 1980 cobrando subsidios por desempleo.

Los productos culturales del tipo de «Common People» y Different Class están llamados a perdurar, sobre todo cuando los medios de comunicación británicos tienden a definir a la clase en función del acento y la localización geográfica, con el único objetivo de castigar a esos jóvenes cuyo único pecado es no tener ninguna propiedad. Como sea, la música de Pulp logró transmitir dos mensajes muy importantes. Uno estaba dirigido a los trabajadores que no encajaban, que no jugaban al pool ni fumaban, que no tenían tonadas cockney ni manc, que tal vez no tenían ningún interés en la cerveza ni en los deportes y que probablemente ni siquiera eran heterosexuales, y afirmaba que nada de eso tenía que ver con las clases sociales.

El otro estaba dirigido a esa gente que gusta fingir su clase social como si fuera un juego, sea en función de una realidad que vivieron en otro momento o de un ideal que les gustaría alcanzar, es decir, un nicho para el marketing, pero no una realidad capaz de arruinar la vida de alguien. Como sea, resultó ser que la canción más importante de los años 1990 que trató la cuestión de las clases sociales fue escrita por alguien que se vestía como un profesor de geografía de los años 1970, tenía nombre de comediante y —no es coincidencia— nunca más volvió a cantar sobre el tema. Cuando la canción se convirtió en un hit, Jarvis Cocker se convirtió en una estrella y dejó de ser un trabajador. Entonces no dijo más nada sobre las clases sociales. Si otros tuvieran el mismo decoro…

Cierre

Archivado como

Publicado en Capital Cultural, Categorías, Cultura, Inglaterra, Música and Número 4

       Suscribirse

Jacobin es una voz destacada de la izquierda que ofrece un punto de vista socialista sobre política, economía y cultura.


EN ARGENTINA

ARS$3900

1 Año : 4 Números
Suscripción Impresa + Digital

EN EL RESTO DEL MUNDO

US$ 12

1 Año : 4 Números
Suscripción Digital

J

Todas las pesadillas llegaron hoy/
y parece que están aquí para quedarse.

DAVID BOWIE

Ingresa tu mail para recibir nuestro newsletter

Jacobin Logo Cierre

Suscribiéndote a nuestro boletín recibirás las últimas novedades de Jacobin.