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Simpatizantes del Partido Comunista de la Federación Rusa (KPRF) protestan por la decisión de la Comisión Electoral Central de retirar al candidato del KPRF, Pavel Nikolayevich Grudinin, de la lista federal de candidatos a las elecciones. (Anton Novoderezhkin / TASS vía Getty Images).

Los comunistas resisten al fraude de Putin en Rusia

Traducción: Valentín Huarte


El Partido Comunista se posicionó como segunda fuerza en las elecciones generales de Rusia. Pero el ascenso de la organización avivó los reflejos represivos del gobierno de Vladimir Putin y culminó con la intervención del proceso electoral.

Entrevista por Denis Rogatyuk

A primera vista, la escena política rusa no cambió luego de las elecciones generarles. Los comicios marcaron una victoria fácil para la coalición pro-Putin, garantizada tanto por las bases que moviliza el presidente como por el acoso y la represión estatales contra sus oponentes más visibles.

Los resultados oficiales, publicados el 24 de septiembre, muestran que el ala nacionalista, conservadora y estatista de Putin sigue siendo hegemónica. Aun su Rusia Unida, punta de lanza del putinismo, apenas arañó el 50% de los votos y perdió diecinueve legisladores en la duma, conserva 324 escaños de un total de 450. La fuerza que más creció fue el Partido Comunista de la Federación Rusa (KPRF), que obtuvo el 19% de los votos —su mejor resultado desde 2011— y cuenta ahora con un total de 57 diputados (15 nuevos). Del resto de los partidos, cabe mencionar a la organización socialdemócrata «Una Rusia justa», que conquistó el 7,5% de los votos, a «Pueblo Nuevo», que obtuvo el 5%, y a la extrema derecha del Partido Liberal Democrático de Rusia, que tuvo su peor desempeño de la historia reciente y empardó el 7,5% de los socialdemócratas.

Con estos resultados, Rusia Unida conserva la «supermayoría» parlamentaria que garantiza el poder de Putin y lo habilita a profundizar las enmiendas constitucionales.  Sin embargo, el retroceso parcial del oficialismo, las peculiaridades del nuevo sistema electoral y la persecución política y legal contra el fortalecido KPRF apuntan a un cambio de etapa.

Denis Rogatyuk, editor de Jacobin, conversó con Yaroslav Listov y Vladimir Kharchenko sobre los logros electorales del KPRF, los desafíos que enfrenta la organización y la posibilidad de que empiece a pintarse un amanecer rojo en el horizonte.


 

 DR

¿Podrían contarnos algo de la campaña electoral del KPRF? ¿Cuál fue el eje?

 

YL

Nos centramos sobre todo en dos tipos de políticas, unas ancladas en nuestro programa, «Diez pasos hacia el poder popular», y otras más generales, vinculadas a la coyuntura inmediata del país.

Básicamente, pensamos que el futuro de Rusia debe ser socialista. En ese sentido, reconocemos las conquistas y los errores de la URSS y de las experiencias socialistas de todo el mundo. Nuestra propuesta cuenta con mucho apoyo en la sociedad rusa.

Una de nuestras consignas electorales planteó la necesidad del control estatal de los precios y del desarrollo económico. Creemos que el Estado tiene la responsabilidad de garantizar la infraestructura, el sistema médico y el sistema educativo necesarios para desarrollar capital humano.

Otra consigna fue la derogación de la reforma previsional [promovida por el gobierno de Putin], que en términos concretos implica robarles 5 años de vida a las generaciones más jóvenes. En el mismo sentido, pensando en la juventud, propusimos eliminar los exámenes de ingreso a las universidades y las carreras a distancia.

En cuanto a la crisis económica propiciada por el COVID-19, propusimos toda una serie de medidas para asistir a la población trabajadora. El Estado ruso solo proveyó alivio económico y asistencia financiera a los grandes bancos y a las corporaciones. Pero lo que más necesitamos es que apoye a los ciudadanos comunes, que son los que sufrieron las peores consecuencias de la pandemia: perdieron entre el 15 y el 20% de sus ingresos, mientras que la riqueza de una pequeña clase oligárquica creció cerca de 17 billones de rublos (237 000 millones de dólares).


 

DR

Durante las semanas previas a las elecciones, las autoridades estatales ejercieron mucha presión contra el Partido Comunista. La situación fue evidente cuando inhabilitaron la candidatura de Pavel Nikolayevich Grudinin. ¿Cómo se explican esos ataques? ¿Las autoridades se sienten amenazadas por su presencia y por la del KPRF en general?

 

YL

La presión viene en ascenso desde las elecciones presidenciales de 2018, en las que Pavel Nikolayevich obtuvo muy buenos resultados y se convirtió en el líder de la nueva izquierda. Además de luchar por sus premisas comunistas, también demostró que sin romper con el capitalismo es posible aplicar políticas socialistas que mejoren la vida de los trabajadores. Así lo ilustró el [colectivo de agricultores] «Lenin Sovkhoz» en Moscú, bajo la dirección de Pavel Nikolayevich, que mejoró la vida de los ciudadanos de esa región en comparación con otros pueblos y ciudades. Las autoridades estatales sienten que ese ejemplo es una amenaza.

Entonces, siempre contamos con que deberíamos enfrentar la presión del gobierno, pero la verdad es que no imaginamos que llegaría a los extremos a los que llegó. Pavel Nikolayevich fue inhabilitado en función de una ley electoral que prohíbe que los candidatos políticos posean activos o cuentas bancarias en el exterior. La ley fue propuesta y aplicada por Rusia Unida. Pero en general solo es utilizada como un arma contra la oposición, pues sabemos que muchos de sus propios diputados poseen acciones en empresas extranjeras. Las acusaciones contra Pavel Nikolayevich son dudosas y presentamos suficiente evidencia que prueba que no posee cuentas offshore ni activos financieros en ningún paraíso fiscal, tampoco en Belice [como argumentan sus acusadores].


 

DR

¿Qué balance hacen de los resultados del KPRF?

 

VH

Vemos que los ciudadanos rusos lograron familiarizarse bastante bien con nuestro programa y nos apoyaron. El KPRF creció en todas las regiones del país. También vimos que las autoridades hicieron todo tipo de maniobras para modificar los resultados a su favor. Defendimos a nuestro electorado y calculamos que en realidad obtuvimos alrededor del 25% de los votos. De ese total, las autoridades electorales solo reconocieron un 19%.

Es imposible que los votos por Rusia Unida hayan aumentado continuamente mientras duró el escrutinio y que los de la oposición hayan caído sistemáticamente. Todas las encuestas previas mostraban que el KPRF oscilaba entre el 22 y el 25% y Rusia Unida difícilmente pasaba del 30%. Por lo tanto, el conteo final, que otorga al oficialismo el 50% de los votos, es inconcebible. Como sea, es importante notar que, a pesar de la presión del gobierno, el KPRF derrotó a Rusia Unida en cuatro grandes regiones de Rusia: Jabárovsk, Altái, Mari-El y Nenetsia.

Hay que tener en cuenta que en el marco del sistema electoral ruso [dividido equitativamente entre escaños asignados proporcionalmente y escaños asignados en función de mayorías directas], es muy difícil ganar en los distritos que tienen un solo representante. Sin embargo, mostramos que tenemos la capacidad de hacerlo. Ganamos en nueve distritos y hubiésemos ganado en otros siete a no ser por el voto electrónico [que terminó dando vuelta los resultados de las urnas].


 

DR

Entre los nuevos diputados electos, ¿hay dirigentes jóvenes capaces de conducir el partido en el futuro?

 

YL

Entre quienes fueron reelectos, hay que destacar a Yuri Afonin, que dirigió el Komsomol leninista [la juventud comunista] durante más de diez años antes de empezar a trabajar para el partido. Hoy es jefe de diputados en el comité central del KPRF. También están Vladimir Isakov, secretario principal del Komsomol, que ganó las elecciones en Tula, y María Drobot, dirigente de nuestra Organización de Pioneros.

En Tartaristán ganaron muchos candidatos jóvenes, Artyem Prokofiev entre ellos, y en Moscú hay que mencionar a Denis Parfyonov. Muchos secretarios regionales del Komsomol obtuvieron bancas en los parlamentos regionales que sincronizaron sus elecciones con las nacionales. En esa instancia entraron alrededor de cuarenta diputados nuevos, entre los que cabe destacar a Maria Krusakova y a Oleg Mikhailov. En fin, la juventud estuvo muy bien representada en estas elecciones.


 

DR

¿Qué piensan sobre las acusaciones de fraude?

 

YL

En algunas regiones, entre las que se destaca Moscú, el KPRF no reconoció los resultados finales debido a los incidentes generados por el voto electrónico. No estamos de acuerdo con la falta de transparencia y la imposibilidad de auditar adecuadamente el sistema. Otro caso sospechoso es la región de Rostov, donde viven muchos exhabitantes de Dombás. Es evidente que en esa región, al igual que en las Repúblicas de Donetsk y Luhansk, tenemos mucho más apoyo que el que reflejó el Comité Electoral, pues hace muchos años que venimos acompañando a los ciudadanos y a los refugiados de la zona con ayuda humanitaria.

En muchas otras regiones también asistimos a espectáculos bastante desagradables. Utilizando el pretexto de la pandemia, el gobierno anunció que el proceso electoral duraría tres días. También sabemos que hubo incidentes en ciertas regiones de Moscú, donde se obligó a los ciudadanos a utilizar el voto electrónico bajo supervisión de los empleados. En otras zonas, como St. Petersburgo, observamos que la cantidad de votos electrónicos a favor de Rusia Unida emitidos por personas con discapacidades fue sospechosamente elevada. Además, muchas urnas fueron directamente descartadas. Nuestros equipos legales continúan la batalla por los recuentos y la convocatoria a nuevas elecciones en las regiones donde pudimos demostrar que hubo fraude.


 

DR

¿Qué planes tiene el KPRF en la nueva etapa política que se abre? ¿Cómo piensan defender los derechos de los trabajadores y construir su propia hegemonía? 

 

YL

Debemos seguir desarrollando nuestro programa y nuestra agenda para abolir la reforma previsional neoliberal y las leyes represivas contra el derecho a protestar. Durante los últimos años, el Partido Comunista fue la única organización política que convocó a protestas masivas con cierta frecuencia, a pesar de la presión de las autoridades. Entre otras iniciativas que nos interesa seguir desarrollando está el apoyo a los trabajadores jóvenes a través del programa «mi primer trabajo», la reforma de la ley de vivienda social en favor de las familias jóvenes y una nueva iniciativa de asistencia médica estatal para niños y niñas. Muchas veces decimos en chiste que, al contrario de lo que sucede, los salarios de los diputados deberían recolectarse mediante campañas de financiamiento colectivo y que el Estado debería costear las operaciones médicas de niños y niñas.

También nos oponemos a la idea de mantener las reservas nacionales de oro en Estados Unidos y creemos que deberíamos seguir el camino de China y utilizar esas reservas para invertir en proyectos de infraestructura que generen empleos e ingresos. Queremos revivir las condiciones de igualdad y paridad entre naciones que caracterizaban a la Unión Soviética. Somos el único partido que mantiene contactos y conexiones con todas las organizaciones comunistas y de izquierda de la ex-URSS, a pesar de la represión que enfrentan nuestros compañeros en países como Ucrania y los países bálticos. En cambio, Rusia Unida no tiene ningún aliado.

Nosotros formamos mayorías en 12 parlamentos regionales, privamos a Rusia Unida de la mayoría absoluta y defendemos los intereses del pueblo trabajador. En las próximas elecciones municipales y regionales de 2022 esperamos poder fortalecer nuestro triunfo y empezar a organizarnos para las elecciones presidenciales de 2024.


 

DR

¿Qué piensan de Alexei Navalny y su influencia sobre la escena política rusa?

 

YL

No acordamos con su posición política ni con su ideología. No es la ideología del pueblo trabajador. En muchos sentidos, es un ultraliberal que mira hacia Occidente y no estamos dispuestos a cooperar con él en términos políticos.

Aun así, apoyamos su campaña de lucha contra la corrupción. En efecto, Navalny se sirvió de una iniciativa impulsada por nuestro partido: la utilización del Artículo 20 de la declaración internacional de lucha contra la corrupción, de la cual Rusia es signataria. También formamos parte de la coalición «En defensa de las elecciones», que incluye a muchos candidatos de distintas organizaciones políticas.

Pero hay que tener en cuenta que la política de Alexei Navalny surgió de lo que los rusos llaman las «torres del Kremlin», es decir, los pilares fundamentales que sostienen el poder político del país. No solo trabajó durante mucho tiempo para las autoridades estatales, sino que sus acciones suelen favorecer al gobierno, como cuando convoca a protestas sin autorización y el Estado refuerza sus medidas represivas.

En cualquier caso, reconocemos que el caso contra Navalny es político y nos posicionamos en contra de toda represión. Lo hicimos durante las protestas de 2011 y lo seguimos haciendo hoy.  Creemos en la libertad y en el derecho sin excepciones. La ley no puede ser utilizada como un instrumento en las batallas políticas.

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