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Miembros talibanes son vistos cerca del aeropuerto internacional Hamid Karzai mientras miles de afganos se apresuran a huir de la capital afgana de Kabul, Afganistán, el 16 de agosto de 2021. (Haroon Sabawoon / Agencia Anadolu vía Getty Images)

Todo lo que hay que saber sobre el conflicto en Afganistán

UNA ENTREVISTA CON
Traducción: Valentín Huarte

El rápido colapso de Afganistán frente al poder del Talibán generó una situación compleja y caótica. Pero este es el punto fundamental: Estados Unidos no tiene nada que exhibir después de dos décadas de derramamiento de sangre y ocupación.

Entrevista por Daniel Bessner.

¿Qué está pasando en Afganistán?

Pocas semanas después de que Estados Unidos empezó a retirar sus tropas, el Talibán tomó la capital de Kabul y se autoproclamó gobierno. El presidente respaldado por Estados Unidos abandonó el país. Desde entonces, los grupos políticos dominantes no dejaron de difundir burdas comparaciones con la Caída de Saigón de 1975.

Daniel Bessner y Derek Davison, presentadores de American Prestige —podcast de política exterior con una perspectiva de izquierda— conversaron para aclarar el panorama. El texto que sigue es una versión editada y condensada de la transmisión. Aquí el episodio completo.


Daniel Bessner 

¿Por qué cayó Afganistán? 

Derek Davison

La respuesta corta es que el ejército y el gobierno afganos eran un castillo de naipes. Esto era algo sabido. El inspector especial general para la reconstrucción afgana viene diciéndolo hace mucho tiempo. Hace dos años, el Washington Post publicó los Afgahnistan Papers», una serie de documentos escandalosos, que básicamente mostraban que todo lo que Estados Unidos decía sobre las competencias militares del ejército afgano y sobre el curso de la guerra eran mentira. 

La cosa es que el Talibán logró tomar el país entero en pocas semanas. El presidente de Afganistán abandonó el país, supuestamente para evitar el derramamiento de sangre (al menos el de la suya, de eso no cabe duda). En este momento el país atraviesa un limbo. El nuevo gobierno no termina de establecerse, pero es probable que no difiera mucho del último gobierno talibán. Corre el rumor de que nombrarán como presidente a Mawlavi Abdul Hakim, principal mediador del Talibán.

La posición de las embajadas occidentales no hace más que contribuir a la crisis. Muchos gobiernos, incluido el de Estados Unidos, evacuaron sus embajadas y movilizaron su personal hacia el aeropuerto de Kabul. Supuestamente están intentando sacar a mucha gente del país. Pero, descontando el caso de los ciudadanos estadounidenses, no está claro que sean capaces de hacerlo. La situación de los traductores y de otros afganos que trabajaban con los militares y las instituciones estadounidenses es bastante ambigua. En realidad, deberían haber sido evacuados hace años, pero puso manos a la obra recién ahora y por eso anda a las corridas.

DB

Creo que estamos de acuerdo en que la mejor política exterior para Afganistán sería una política nacional organizada en función de la protección de los refugiados. El gobierno de Estados Unidos podría permitir que cualquiera ingresara al país y luego vincularlo con algún programa de empleo. Pero creo que, salvando algunos casos simbólicos, no es esto lo que sucederá. 

Antes de seguir, me gustaría enfatizar la velocidad del colapso. Empezaron a circular muchas comparaciones con Vietnam y es probable que se multipliquen. Pero el gobierno vietnamita del sur tardó dos años en caer. El colapso vertiginoso de Afganistán deja en evidencia lo absurdo de la construcción nacional en la que supuestamente se había embarcado Estados Unidos luego de la invasión y la ocupación. Lo mejor que cabe esperar es que esta situación represente el último estertor de ese proyecto.

DD

Anthony Blinken, secretario de Estado de EE. UU., recorrió todos los programas de televisión y se rehusó enfáticamente a comparar la situación con la Caída de Saigón. En ese punto estamos de acuerdo, pues es todavía peor que la caída de Saigón. En realidad, se trata en este caso de un mal autoinfligido. En diciembre de 2001, el Talibán ofreció la rendición de Kandahar, la última ciudad que estaba bajo su dominio. Todo lo que pidieron a cambio fue que Mullah Omar, su líder en aquel entonces, cumpliera su sentencia bajo prisión domiciliaria, en vez de ser enviado a Abu Ghraib u otro lugar por el estilo. El gobierno de Bush se negó y se embarcó en nuevas campañas militares.

Pero nada parecido sucedió en Vietnam: los vietnamitas no se rindieron y Estados Unidos no prolongó el conflicto. La situación actual es mucho peor y es más vergonzosa y humillante que la de Vietnam.

DB

Al parecer, los únicos que se «beneficiaron» de la invasión estadounidense fueron los contratistas militares privados, los traficantes de heroína y ciertos estratos vinculados a las poderosas facciones del gobierno respaldado por Estados Unidos. ¿Es así? ¿Hay algún aspecto «positivo» en todo esto? 

DD

Sin duda, los que más se beneficiaron fueron los contratistas militares privados. El comercio de heroína también sacó provecho de la situación durante los últimos veinte años. 

Pero los caudillos que se enriquecieron hasta amasar grandes fortunas gracias a Estados Unidos, a esta altura ya perdieron todo. Esta semana circularon videos de miembros del Talibán saqueando la decadente mansión de Abdul Rashid Dostum, exvicepresidente y experimentado líder guerrillero, a cargo hasta hace poco de la defensa de la ciudad de Mazar-i-Sharif-Sheri, que cayó el sábado y originó un efecto dominó. Vivía en un palacio ridículamente opulento, pero está claro que ahora perdió todo. Tuvo que exiliarse. (Por cierto, Dostum es un criminal de guerra y debería ser llevado a juicio en La Haya).

Pero Ashraf Ghani, que gestionó espantosamente la política afgana, probablemente vivirá cómodo en el exterior mientras toda la gente que abandonó sufre las consecuencias de su gobierno. Recibirá todo tipo de agasajos, se paseará por las fiestas de los círculos más elitistas, participará de conferencias y trabajará poco a cambio de mucho dinero. No cabe duda de que saldrá beneficiado. 

Aun así, me cuesta imaginar otras personas que se encuentren en una situación tan excepcional.

DB

¿Es posible caracterizar al gobierno talibán o es demasiado pronto? 

DD

Los talibanes hicieron muchas promesas: «No somos el viejo Talibán. No vamos a gobernar del mismo modo. No vamos a oprimir a las mujeres. No vamos a maltratar a los sectores marginales de la población». Pero el estilo de su gobierno de los años noventa estuvo marcado por la represión y es probable que este sea parecido. 

Ahora bien, es cierto que el Talibán deberá tener en cuenta ciertas cuestiones diplomáticas. Tienen que ser muy cuidadosos en el trato con los hazara, minoría chiita bastante extendida en la zona, pues en caso contrario podrían terminar enfrentados con Irán. Como ese, hay otros elementos que los talibanes deben tener en cuenta y que no eran parte de la ecuación en los años 1990. En ese sentido, es cierto que algunas cosas podrían ser distintas. Pero es imposible saberlo todavía, es demasiado pronto.

DB

Cuando se piensa en una revolución islámica, lo primero que viene a la mente es el nombre de Irán. En ese caso, luego de la revolución hubo una gran diáspora. ¿Sucederá algo similar en Afganistán?

DD

Hasta cierto punto, ya sucedió. Hubo enormes oleadas de refugiados, que terminaron sobre todo en Irán y en Turquía. Creo que seguirá pasando lo mismo. 

Y, del mismo modo, seguiremos viendo que Estados Unidos, el Reino Unido y los gobiernos occidentales en general, que dicen estar tan preocupados por el pueblo afgano, mantienen a estos refugiados a punta de pistola y los fuerzan a aceptar condiciones de vida deplorables en Turquía y en otros países de la región. 

El Talibán ahora controla muchas de estas fronteras y será más difícil salir del país, pero de todas formas no creo que eso baste para detener el proceso migratorio.

DB

¿Qué va a hacer Estados Unidos ahora? ¿Qué debería hacer?

DD

Seguramente vamos a hablar mucho sobre el tema: «¡Ay, las mujeres afganas, la sociedad civil; ojalá el Talibán no lastime a toda esa gente inocente! ¡Condenamos al Talibán y saludamos al pueblo afgano!», y otras cosas por el estilo, enmarcadas en una serie de clichés sobre la democracia, la libertad y la justicia. Es probable que el gobierno amenace con aplicar algunas sanciones y organice un boicot internacional para no reconocer al nuevo gobierno. Pero al menos dos potencias regionales, China y Rusia, quieren mantener buenas relaciones con este gobierno, pues en el caso contrario deberían asumir importantes riesgos securitarios. Así que no creo que la estrategia del gobierno de Estados Unidos funcione. 

En realidad, deberíamos hacer lo que dijiste antes. Deberíamos dejar entrar a los refugiados. Ese debería ser el eje del gobierno estadounidense. Habría que dejar entrar al país, sin dar tantas vueltas con la visa y la jerga legal, a cualquier persona que esté en riesgo a causa de sus actividades anteriores al golpe. 

Deberíamos dejar entrar refugiados de toda la región, no solo de Afganistán. Aunque no estamos dispuestos a hacerlo, nos sobra capacidad. Está claro que en este conflicto, en una situación que fue causada por nuestro país, deberíamos asumir la responsabilidad de dejar entrar a cualquiera que busque asilo.

DB

Última pregunta. Hace unos días alguien comentó en Twitter que Estados Unidos debería quedarse en Afganistán hasta solucionar la crisis que generó. ¿Qué contestarías frente a este tipo de argumento?

DD

No creo que aplique en una situación en la que la ocupación coincidió con la crisis y la profundizó. Quiero decir que provocamos una crisis y luego nos quedamos veinte años durante los cuales empeoró un poco cada día. En ningún momento permitimos que estos países recobraran fuerzas. Evitamos por todos los medios que la situación mejorara. Es eso lo que está sucediendo en realidad.

Sobre el entrevistador

Daniel Bessner es profesor asociado en la cátedra Joff Honors de Civilización Occidental perteneciente a la Escuela de Estudios Internacionales Henry M. Jackson de la Universidad de Washington. También es miembro invitado del Instituto de Gobierno Responsable Quincy y editor colaborador de Jacobin.

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Publicado en Afghanistan, Artículos, Guerra, homeCentro3 and Imperialismo

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