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Se celebra un rito para una persona que murió de COVID-19 en un crematorio en Guwahati, Assam, el 5 de junio de 2021. (Str/Xinhua vía Getty Images)

Modi convirtió al COVID en una catástrofe para la India

La experiencia de India con el COVID-19 pasó de la crisis a la catástrofe durante los últimos meses. La responsabilidad por el desastre corre a cuenta del gobierno de derecha de Narendra Modi, que priorizó sistemáticamente sus propios intereses políticos por sobre la salud pública.

El 19 de mayo, India marcó un record mundial nada envidiable: informó 4500 muertes por COVID-19 en 24 horas. La suma de víctimas del país roza el total de 350 000. El Institutito de Medición y Evaluación Sanitarias predice que este a cifra crecerá hasta alcanzar el millón en agosto.

La crisis de la salud pública estaba latente al menos desde comienzos de 2020, cuando los expertos calificaron a la India como un país de alto riesgo en relación con las posibilidades de propagación del COVID-19 más allá de China. Mucha gente anticipaba que el debilitado sistema de salud pública no sería capaz de lidiar con un brote considerable del virus. 

Durante algún tiempo, pareció que India había logrado evitar el peor escenario. En marzo de este año, el ministro de Salud de los Sindicatos declaró que el país estaba entrando en la fase final de la pandemia. Presumió con que India estaba bien preparada para una campaña de vacunación a nivel nacional y que había suministrado vacunas a diecisiete países de ingresos medios y bajos. 

Un mes después, el país enfrentaba la escasez de vacunas, de oxígeno médico y de camas en los hospitales. The Lancet criticó al primer ministro Narendra Modi por ignorar los signos de advertencia de la segunda ola y por su gestión catastrófica de la crisis de la salud pública a nivel nacional.

Rara vez una pandemia se reduce exclusivamente a la cuestión de la salud pública: suele ser también una cuestión política. Las acciones de Modi empeoraron en gran medida el curso de la pandemia en la India. El líder indio aprovechó la situación para apuntalar el culto a su personalidad luego de haber cosechado una serie fracasos políticos considerable. Los resultados fueron desastrosos.

Una crisis inevitable

El acceso a la salud —o el no acceso— depende de que los servicios sanitarios tengan precios asequibles, una calidad aceptable y se ofrezcan en lugares accesibles. La Constitución de la India garantiza el acceso a la salud de todos los ciudadanos. Sin embargo, el debilitamiento institucional y la falta de recursos del sistema de salud pública llevaron a que, en la India, el sector privado sea el principal responsable de los servicios prestados a personas hospitalizadas y de la atención ambulatoria. 

El sector privado, que funciona casi sin regulaciones, es poco confiable en cuanto a la calidad del servicio. Además, los costosos pagos de bolsillo arrastran a la pobreza a las porciones más vulnerables de la población, que carecen de cualquier tipo de seguro médico. La diferencia que existe entre la inmensa mayoría del país y el 10% más rico —que acumula el 77% de la riqueza nacional— se refleja en el acceso desigual a un servicio de salud de calidad durante la pandemia. 

Como cabía esperar, los hospitales públicos y privados se quedaron rápidamente sin camas durante la segunda ola de la pandemia en los centros urbanos de mayor densidad poblacional, mientras que la posibilidad de garantizar el distanciamiento social y una higiene adecuada sigue siendo patrimonio de unos pocos. Sin un sistema de coordinación centralizada, los productores de oxígeno del este del país luchan para satisfacer las necesidades del sector médico de las zonas más duramente golpeadas del norte y del oeste. Esto resultó en las desgarradoras escenas de pacientes que mueren en las puertas de unos hospitales que no están suficientemente equipados para enfrentar el virus.

Por supuesto, los habitantes más pobres de las ciudades de la India son los más afectados. Están más expuestos al riesgo de contraer el virus y son los que menos posibilidades tienen de pagar la atención médica necesaria. En las zonas rurales de la India, la mayoría de la población carece también de acceso a servicios de salud pública adecuados, y la propagación de la pandemia se desarrolla sin supervisión, por lo que existe poca información disponible sobre la situación.

Fallas políticas

La crisis del sistema de salud era completamente predecible. Con todo, el gobierno del Partido Popular Indio (BJP) no asumió ese punto de vista al abordar la pandemia. Le preocupaba sobre todo contener cualquier desafío potencial frente al liderazgo de Modi, que todavía no se recuperaba de una serie de fracasos políticos.

Cuando la pandemia estaba en ciernes, las credenciales que definían a Modi como un primer ministro capaz de dirigir el crecimiento económico y el desarrollo sin corrupción y de manera provechosa para el ciudadano común, parecían estar flaqueando. India estaba atravesando su peor recesión económica en tres décadas. 

Las medidas económicas de Modi habían arrojado resultados desiguales. Se suponía que la supresión de los billetes de 500 y 1000 rupias reduciría la circulación de dinero falso y dinero negro vinculado al financiamiento del terrorismo. Pero la implementación que hizo el gobierno de esta política fue bastante caótica. En el corto plazo, resultó en escasez de dinero, aumento del desempleo y una caída significativa de los ingresos y de la actividad económica. 

Mientras la pandemia seguía progresando, las políticas económicas del gobierno de Modi volvieron a ser cuestionadas cuando aprobó una nueva legislación para el sector agrario en septiembre de 2020. Las leyes abrían la industria a las grandes empresas y dejaban a los pequeños productores expuestos a las fuerzas de mercado. Seis gobiernos estatales habían votado contra estas leyes federales. Hubo una huelga nacional y los productores de los estados circundantes marchan regularmente a Nueva Delhi desde noviembre del año pasado para protestar contra la nueva legislación.

El mandato de Modi también está marcado por el conflicto religioso y gusta de exhibir sus credenciales de nacionalista hindú. Observamos un incremento de la violencia contra los musulmanes: políticas gubernamentales que restringen el sacrificio de ganado, la enmienda a la Ley de ciudadanía de 2019 y la revocación del estatus especial de Cachemira en la constitución. El gobierno tomó medidas drásticas contra quienes se oponían a esta orientación, especialmente en el Valle de Cachemira, donde clausuró las comunicaciones por internet, celulares, teléfonos fijos y la TV por cable durante varios días.

La campaña de prensa de Modi

Con pocos éxitos para exhibir, Modi emprendió una campaña para reconstruir su imagen pública durante la pandemia. El 22 de marzo de 2020 declaró el toque de queda y alentó a los ciudadanos a que golpearan ollas y sartenes a las 5 p.m. en un gesto de apoyo a los trabajadores de salud que estaban en la primera línea. El 9 de abril, les pidió a los ciudadanos que encendieran velas y lámparas a las 9 p.m. durante nueve minutos en señal de solidaridad. Estas campañas tenían poco efecto sobre el brote de COVID-19, pero gozaron del amplio apoyo de ciertas figuras públicas en las redes sociales, que aclamaron las cualidades de la dirección de Modi en un momento de crisis.

Luego, Modi ordenó el confinamiento nacional con cuatro horas de anticipación. Esto tuvo un impacto devastador para la población vulnerable de las áreas rurales y urbanas. El BJP alardeó con que el confinamiento recibió 100 puntos en el Índice de rigurosidad (Stringency Index) y citó este dato como evidencia de la efectividad de la gestión de Modi. Sin embargo, esta medida de la «rigurosidad» tenía poco que ver con la eficacia de las políticas contra la propagación del virus.

Modi y sus aliados describen la lucha contra la pandemia como si se tratara de una lucha personal del líder indio. Cuando su gobierno lanzó al Fondo para la Asistencia y el Socorro a los Ciudadanos en Situaciones de Emergencia del Primer Ministro en marzo de 2020, mucha gente cuestionó la lógica que subyacía a esta política. Efectivamente, el dinero que todavía quedaba en este fondo fue útil durante la pandemia. Pero una ventaja adicional para el gobierno es que su título puede abreviarse «FONDO DE ASISTENCIA DEL PRIMER MINISTRO», lo que simboliza el compromiso directo de Modi. También es un medio para que las donaciones de los empresarios que apoyan al gobierno canalicen fondos previamente asignados en concepto de responsabilidad social de las empresas.

El BJP presenta la campaña de vacunación en curso como una victoria personal de Modi. En contraste con lo que sucede en otros países, donde los certificados de vacunación exhiben el logo de las autoridades sanitarias nacionales, los certificados de la India tienen la imagen del primer ministro con el mensaje «Unida, la India derrotará el COVID-19». 

Muchos observadores sostienen que la causa del surgimiento de la nueva cepa fue Kumbh Mela, una festividad religiosa celebrada en Haridwar (Uttar Pradesh), en el marco de la cual millones de personas se reunieron a orillas del Ganges. Realizada sin ningún tipo de medida precautoria, es probable que haya sido el acontecimiento de supercontagio más grande del mundo. Fue el gobierno del BJP el que permitió que el festival se realizara, pues se suponía que debía mostrar que India estaba llegando al final de la pandemia.

Contrariando las advertencias de las autoridades sanitarias, también se desarrollaron, durante marzo y abril, elecciones legislativas en distintos estados. Los enormes actos de campaña y las largas filas en las sedes de votación resultaron en el incremento inmediato de los contagios. En Bengala Occidental, donde el BJP tenía ansias de derrotar al gobierno del Congreso Trinamool (CT), Modi inundó el estado con recursos provenientes de su partido. Aunque el BJP finalmente perdió la disputa, las campañas contribuyeron a que la tasa de contagios en el estado creciera como nunca antes. 

Tanto Modi como su gobierno nacionalista Hindú enfrentan muchas críticas a nivel mundial. Muchos consideran que su gestión de la segunda ola testimonia enormes faltas de dirección y de previsión. Pero el BJP se preocupó más por censurar las críticas en las redes sociales que por buscar soluciones a la crisis sanitaria en curso.

El enorme costo humano de la pandemia se volvió penosamente evidente cuando el agua arrastró cientos de cuerpos a las orillas del Ganges. Mientras la tragedia seguía su curso, el 17 de mayo el Buró Central de Investigaciones (BCI) arrestó a cuatro líderes de CT en Kolkata, vinculados a un caso de corrupción que obtuvo mucha atención de los medios

El momento de los arrestos llevó a que mucha gente piense que Modi está dirigiendo las instituciones federales contra los rivales del BJP. Los dirigentes del CT protestaron violando las medidas de confinamiento y atacaron las oficinas del BCI. 

En la actualidad, Modi sigue desarrollando el proyecto de remodelación de Central Vista, un plan de 2800 millones de dólares que pretende modernizar el área administrativa central de la capital nacional. Su gobierno respondió a las críticas argumentando que el proyecto «contribuirá a agilizar la gestión mediante una infraestructura progresiva y dependencias estatales adecuadas». 

La Ley de Servicios Esenciales invocada para que los trabajadores continúen su actividad en el proyecto de Nueva Delhi, es la misma que se les negó a las empresas encargadas de garantizar el suministro de oxígeno médico durante el período de escasez. Una vez más, es evidente que la pandemia en la India es una crisis sanitaria inseparable de las luchas políticas del país.

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Publicado en Artículos, homeCentroPrincipal, India, Política and Salud

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