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Consignas de una movilización antivacunas en Buenos Aires a mediados de 2020. (Foto: AFP)

«La responsabilidad colectiva está colapsando»

Una entevista a:
Traducción: Valentín Huarte

Kenneth Pomeranz, especialista en China, conversó con Jacobin sobre los motivos que llevaron a las sociedades occidentales a responder tan mal al desafío del coronavirus y los indicios que deja esta crisis sobre las pandemias que vendrán.

Por Arjun Chaturvedi

Kenneth Pomeranz es Profesor de Historia en la Universidad de Chicago. Es especialista en historia social, económica y ambiental de China y del mundo. Al examinar en términos comparativos las historias de China y Europa en la creación de la economía mundial moderna, su célebre obra, The Great Divergence (2000), abrió nuevas perspectivas en el debate sobre el desarrollo capitalista. En la actualidad trabaja en un libro titulado Why is China So Big? 

En esta entrevista con Jacobin, Pomeranz discute el ascenso de los regímenes autoritarios, el empeoramiento de las desigualdades sociales y económicas y el crecimiento de ciertos movimientos políticos durante la pandemia de COVID-19. Señala que existen medios para confrontar los desafíos que planteará una época de pandemias, pero también destaca el fracaso de los Estados a la hora de tomar las decisiones políticas adecuadas para mejorar la situación a nivel mundial.

 

AC 

Me gustaría empezar preguntando si existen vínculos entre el cambio climático y la pandemia de COVID-19.

 

KP 

No estoy seguro de que el cambio climático haya contribuido directamente a la pandemia. Pienso que la verdadera cuestión pasa por saber identificar lo que esta pandemia nos enseña sobre la próxima, que probablemente sí tendrá algo que ver con el cambio climático.  

Durante las próximas décadas, asistiremos al desarrollo de un entorno de enfermedades completamente nuevo. Muchos insectos y otras especies se están adaptando a climas que solían ser demasiado fríos para ellos. Además, el Antropoceno excede en mucho al cambio climático. También incluye la pérdida del hábitat de muchas especies, lo que ciertamente incrementa el riesgo de que venga otro murciélago al que se privó de su comida usual y entre en contacto con un animal de granja, o el riesgo de que alguna enfermedad salte de los monos a los humanos.  La combinación de la pérdida del hábitat con una densidad poblacional humana, de aves de corral y de cerdos cada vez más grande en algunas partes del mundo implica que los riesgos aumentarán progresivamente, especialmente en la región que abarca desde el norte de Vietnam hasta Shangai. 

Las sociedades que supuestamente estaban mejor preparadas apenas lograron salir del paso frente a la pandemia. Las cosas podrían haber sido mucho peores y pueden empeorar todavía a causa de las nuevas cepas. Es probable que estemos entrando en una época en la que las pandemias serán más frecuentes.

 

AC 

¿Es posible salvar la relación entre Estados Unidos y la Organización Mundial de la Salud luego del gobierno de Trump?

 

KP 

Será interesante comprobar si la Organización Mundial de la Salud sale de esto mejor parada. Al menos en este punto, estoy seguro de que el gobierno de Biden representará una diferencia. Volverá a comprometerse rápidamente con la OMS y tal vez, ahora que la gente tomó conciencia de que es esencial, la organización se volverá más fuerte. Pero nada está garantizado.  Evidentemente existe cierto resentimiento, pues la institución permitió que China le mintiera a todo mundo durante las primeras fases. No es difícil imaginar que una organización se debilite enormemente luego de un suceso de ese tipo.

 

AC

¿En qué sentido empeoraron las relaciones sociales y económicas durante la pandemia?

 

KP 

Si pensamos en las distintas formas de odio que se exacerbaron a causa de la pandemia, las cosas no son tan malas como cabía esperar. Tal vez esto es un signo de que hubo cierto —si se me permite la palabra— progreso.  Pero la pandemia todavía no terminó y hay cosas que no cierran, especialmente en Estados Unidos. Es muy difícil desenredar la maldad provocada por el COVID-19 de otros malestares, como el nacionalismo blanco y el odio trumpista. 

Es fácil imaginar que todavía nos toparemos con nuevos disgustos. Por ejemplo, en India, donde se acusa a los musulmanes de haber propagado el virus.  Al mismo tiempo, según observé en los números que publicó recientemente el Banco Mundial, se habla de que alrededor de 115 millones de personas nuevas serán lanzadas a la extrema pobreza —es decir, sobrevivirán con menos de 1,90 dólares estadounidenses por día— y casi la mitad está en Asia del Sur. Es muy desalentador, sobre todo si se tiene en cuenta que la situación ya está bastante candente y los gobiernos parece tener propensión tanto a provocar el odio como a reprimirlo. 

 

AC

¿Qué decir sobre las consecuencias a largo plazo de las tecnologías de información y rastreo? 

 

KP 

Mi impresión es que fortalecerán tendencias prexistentes. Por ejemplo, en la República Popular China, la pandemia fue una excusa para acelerar la recolección de todo tipo de datos biométricos, pero en realidad el gobierno estaba haciéndolo desde antes. En otros lugares creo que existen sociedades civiles suficientemente fuertes, que encontrarán las maneras de hacer retroceder a los gobiernos, con grandes posibilidades de que la pandemia no se convierta en el primer paso hacia un avasallamiento más grave de los derechos individuales.  

Creo que la pandemia nos está mostrando la dirección que estaban asumiendo las relaciones Estado-sociedad. Desafortunadamente, no existen muchos lugares en los que pueda observarse una tendencia a fortalecer la privacidad.  Será interesante notar hasta qué punto la gente es capaz de resguardar ciertos datos recolectados hasta el momento, de forma tal que no sean utilizados con otros objetivos. También debemos recordar que no son solo los gobiernos. Son tanto los Estados como las empresas. Amazon y Google están recolectando todavía más datos que antes, dado que la gente utiliza con más frecuencia los comercios virtuales para no desplazarse hasta los centros comerciales.

 

AC  

¿Por qué algunos países desarrollados, como el Reino Unido y los Estados Unidos, tuvieron brotes sobre los que parecían no tener control, mientras que otros países fueron capaces de aplanar la curva?

 

KP 

El contraste entre la mayoría de los países desarrollados de Occidente y Japón, Taiwán, Hong Kong, Corea del Sur, Singapur, China, Vietnam y Tailandia es sorprendente. Y abarca regímenes muy distintos. Con esto me refiero a que no se puede decir: «Sí, claro, es porque tienen esos Estados sumamente poderosos que fuerzan a que las personas cumplan las medidas sanitarias». Por ejemplo, el Estado japonés estaba en realidad bastante paralizado. Además, el país tiene una población muy vieja y centros urbanos muy densamente poblados. Sin embargo, su desempeño fue muy bueno. Taiwán fue muy exitoso a pesar de su enorme densidad poblacional. 

En fin, pienso que debemos considerar que, en parte, la historia de Occidente es la historia del colapso de sus estructuras estatales, pero que también, hasta cierto punto, es la historia del colapso de —a falta de un término mejor— un consenso popular ilustrado.  Lo digo en este sentido: si los epidemiólogos que dirigen las instituciones sanitarias dicen que deberíamos usar barbijos, entonces, aunque sea un poco fastidioso, debemos usar barbijos y punto. A diferencia de lo que sucede en países como Corea del Sur o Taiwán, en Estados Unidos y en Europa occidental no se enfrenta ninguna amenaza geopolítica real ni imaginaria; eso puede tener un efecto liberador, por supuesto, pero también erosionó la solidaridad y permitió que algunos de los elementos más irresponsables de la derecha promuevan un egoísmo bobo. 

Tal vez el deterioro de la mayoría de las democracias occidentales, incluyendo a las semidemocracias, como México —donde observamos un tipo de negacionismo muy similar— obedezca a factores más profundos. 

No tengo en claro cuál es la explicación de esta especie de colapso de lo que, en otro tiempo, fue un vago consenso ilustrado. Está claro que las redes sociales juegan un rol importante, y, en el caso de Estados Unidos, también lo hacen algunas medidas regulatorias específicas, como la Ley de Telecomunicaciones de 1996, el fin de la doctrina de equidad para los medios, etc. En Estados Unidos, mucha gente poderosa tomó conciencia de que es imposible ganar una mayoría con sus agendas políticas. Entonces, lanzan mucho humo. Una parte de este humo es racista y otra es esa retórica en contra de las élites que dice: las élites no son las personas que acumulan miles de millones de dólares; las élites son gente que tiene un título de doctorado y hacia ellas debería dirigirse nuestro odio. 

Hay gente que siente, muchas veces con razón, que fue engañada. Solía trabajar, por dar un ejemplo, en una maderera, pero resulta que la industria hoy es un desastre, o en un pequeño tambo que dejó de ser competitivo. Pero su resentimiento no se dirige contra los gigantes porque esas personas están fuera del rango de su imaginación. En cambio, apuntan contra el tipo de su mismo pueblo que obtuvo mejores notas que ellos y fue a la universidad, estudió derecho, trabaja en alguna agencia estatal para la protección del medioambiente y ahora aplica impuestos en la maderera que los empleaba. Esta redirección del odio obedece a intereses muy poderosos y evidentemente está vinculada, de forma compleja, con toda una serie de ataques a la ciencia y a la responsabilidad colectiva.

 

AC 

A medida que entramos en lo que Mike Davis denominó «la era de las pandemias», ¿qué cabe esperar del futuro?

 

KP 

Efectivamente, pienso que es muy probable que estemos entrando en una época en la que las pandemias serán más frecuentes. Obviamente, no soy epidemiólogo, pero también señalaría que disponemos de muchas herramientas nuevas y mejoradas para lidiar con situaciones de este tipo. 

En términos tecnológicos, podemos diseñar una vacuna mucho más rápido que antes. Pero también existe la tecnología para luchar contra el cambio climático; es una cuestión de voluntad política.  ¿Estamos obligados a esta dependencia total respecto de los combustibles fósiles? No, en absoluto. ¿Estamos obligados a obtener nuestra carne, nuestras proteínas, mediante estas granjas industriales? Evidentemente, no de esta forma. Tenemos los medios para actuar frente a todos estos problemas. Obviamente, también tenemos herramientas para cuidar mejor a la gente que no podrá afrontar la pérdida de sus ingresos cuando llegue la próxima pandemia, de modo tal que no se vea obligada a hacer cosas que incrementan los riesgos, tanto para nosotros como para ellos mismos.  

Una vez más, el ejemplo favorito de todo el mundo es Kerala. Es un lugar muy pobre, pero tomaron la decisión de invertir en las cosas adecuadas.  Su índice de mortalidad per cápita representa solo el 5% del promedio global, a pesar de que se trata de una zona densamente poblada, muy pobre y, a diferencia de buena parte de la India, con una población bastante envejecida. Tenemos los medios, tanto para atacar las causas que podrían provocarla como para resistir mejor cuando una nueva pandemia llegue. Pero esto implicará tomar decisiones políticas muy distintas de las que se están tomando ahora en la mayor parte del mundo.  

Pasé una porción considerable de mi vida adulta estudiando distintas realidades y diciendo: «Bueno, sí, esto tiene que hacer que la gente tome conciencia». Especialmente, como ciudadano estadounidense, muchas veces dije: «Este desprecio desquiciado por lo colectivo no puede crecer por siempre, la gente tomará conciencia». Pero bueno, sabemos que hasta ahora no estuve en lo cierto.

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Publicado en Crisis, Desigualdad, Entrevistas, homeIzq, Política and Salud

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