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«Frustración la que sintió Rosa Luxemburgo cuando, después de luchar por instaurar el socialismo en Alemania, terminó instaurándose el fascismo».

Marx, Betty La Fea y el derecho a la propiedad cooperativa

Si la realidad fuese como la televisión, todas las personas tendrían una compañera como Betty para salvar sus puestos de trabajo en caso de que sus jefes decidan disolver el negocio. Pero como no lo es, en la vida real la gente solo pierde sus empleos. ¿Qué tal si hubiese una alternativa?

El cierre o la liquidación de una empresa naturalmente resulta en despidos de trabajadores debido a la suspensión de su actividad lucrativa. A ese escenario se enfrentaron los personajes de la telenovela colombiana Betty La Fea, cuando en uno de sus episodios Daniel Valencia decide disolver Ecomoda. En esa ocasión, Betty citó a un grupo de abogados y logró salvar la empresa encontrando un vacío legal en el argumento de Valencia.

Si la realidad fuese como la televisión, todas las personas tendrían una compañera como Betty para salvar sus puestos de trabajo en caso de que sus jefes decidan disolver el negocio; pero como no lo es, en la vida real la gente solo pierde sus empleos. ¿Qué tal si hubiese una alternativa? ¿Qué tal si los trabajadores siempre tuviesen la capacidad de comprar la empresa en disolución para la cual trabajan y convertirla en una cooperativa?

Imaginemos además que los trabajadores no solo tuvieran la oportunidad de comprar su empresa cuando se va a disolver, sino que también pudieran hacerlo si se va a vender. Me refiero a un escenario en donde la legislación laboral asegure el derecho de los trabajadores a hacer una oferta –antes que cualquier otro inversionista– para comprar su empresa en el caso de que la Junta Directiva decida ponerla en venta. ¿Y qué tal si encima de eso, tuviésemos gobiernos dispuestos a proveer inversión pública para financiar las nuevas cooperativas? Ese sería un verdadero giro argumental en el guion de la realidad. Quizás tan determinante como el episodio en el que Betty cambia de look, se empodera y nunca más deja que la humillen. 

Estas ideas fueron implementadas por primera vez en el año de 1985 en Italia. La Ley Marcora permite a los trabajadores desempleados cobrar la totalidad de la cantidad asignada de pago por desempleo para iniciar un negocio cooperativo con otros trabajadores. Esto ha convertido a Italia en el hogar de un próspero sector cooperativo, donde muchas empresas son propiedad de sus trabajadores. En la región norteña de Emilia-Romaña, las cooperativas propiedad de sus trabajadores generan un tercio del PIB. Esta región cuenta con los ingresos medios más altos y el desempleo más bajo de Italia. 

Más recientemente, estas mismas ideas fueron parte de la campaña de Jeremy Corbyn y el Partido Laborista inglés durante las elecciones de 2019. Corbyn y sus aliados apostaron por ofrecer a los trabajadores la prioridad de comprar una empresa que se disuelve, vende o cotiza en bolsa para convertirla en una cooperativa. A esta propuesta le llamaron «right to own», lo que en español sería algo como «derecho de propiedad cooperativa».

Riqueza o propiedad

Una medida de estas características representa un cambio fundamental en la política de izquierdas, ya que plantea una amenaza sobre la propiedad privada y no solo sobre la riqueza privada. Es común que gobiernos progresistas se limiten a redistribuir la riqueza por medio de impuestos progresivos y programas de reducción de la pobreza. Sin embargo, esas medidas dejan intactas tanto la propiedad como las relaciones de clase, y eventualmente pueden ser eliminadas. Si un grupo de capitalistas quiere dejar de pagar tantos impuestos, simplemente puede organizarse para hacer lobby entre representantes del parlamento y conseguir contrarreformas en su favor. 

La conciliación de clases socialdemócrata no es una estrategia que perdure en el tiempo porque, eventualmente, la clase dominante hará lo posible por imponer sus intereses. Esto lo explica Marx cuando apunta a que la tensión y el conflicto entre las clases sociales resulta inevitable. De la misma manera lo señaló Betty, cuando cenaba con sus amigas del cuartel y les dijo: «Ay, ustedes saben que a los ricos les molesta que los pobres tengan plata».

El «derecho de propiedad cooperativa» significaría ir más allá de la conciliación de clases. Esta ley sería una apuesta por un modelo de socialismo democrático o socialismo de mercado en donde se logre suprimir por completo a la clase capitalista gracias a la transición de las empresas del sector privado hacia el control de los trabajadores. En este escenario, gran parte de las transacciones económicas seguirían implicando transacciones de mercado, pero ahora sucederían entre empresas controladas por trabajadores y no por empresas privadas.

Sería, además, un modelo socialista distinto del modelo soviético, cuando el intento por superar las relaciones de clase se basó en nacionalizar la producción de bienes y servicios para establecer una planificación centralizada. Los modelos socialistas de ese tipo fallaron en lograr una verdadera propiedad de los medios de producción porque se limitaron a sustituir empleadores capitalistas por burócratas del Estado. Las decisiones sobre qué se produce, cómo se produce y cómo se distribuyen los beneficios en las empresas pasaron de ser tomadas por capitalistas a ser tomadas por funcionarios del Estado. Por el contrario, el socialismo democrático tiene como objetivo que los trabajadores tengan voz y voto sobre las decisiones clave de sus empresas.

Puertas afuera y puertas adentro

El objetivo es lograr que exista democracia en los espacios de trabajo. En las sociedades capitalistas, la democracia se acaba a la puerta de las fábricas. La gente tiene el derecho de votar por sus representantes locales y nacionales, incluso de postularse, pero dentro de sus centros de trabajo solo puede seguir órdenes. Dedicamos una enorme cantidad de horas trabajando en organizaciones verticales, en donde la última palabra la tienen las Juntas Directivas y los accionistas. Es por eso que los debates constantes entre la izquierda y la derecha deberían dejar de ser tanto sobre si el Estado es más eficiente que el mercado y enfocarse más en cómo la autogestión obrera es mejor que el modelo privado de accionistas para dirigir las empresas del mercado. 

La telenovela Betty La Fea no tiene nada que ver con socialismo (salvo aquella vez cuando Betty le dijo a un grupo de matones que la verdadera frustración era la sentida por Rosa Luxemburgo cuando, después de luchar por el socialismo en Alemania, terminó instaurándose el nazismo), solamente la estoy usando como referencia cultural de un espacio de trabajo. Y, en ese sentido, funciona también como referencia para hablar sobre el modo en que las empresas privadas tienden a tomar decisiones irresponsables en perjuicio de sus trabajadores.

A lo largo del show, Ecomoda estuvo varias veces en problemas financieros y legales. Durante su paso como presidente de Ecomoda, Armando Mendoza cometió varios errores: maquilló balances financieros, abrió puntos de venta sin estudios previos, hizo mal uso de la figura del embargo y contrató proveedores ilegales, entre otros. El modelo privado de accionistas usualmente permite la toma de decisiones riesgosas debido al reducido número de personas a la cabeza. Por el contrario, las empresas cooperativas tienden a tomar decisiones más seguras debido al gran número de personas analizando las consecuencias.  Ese es solo un argumento que favorece a la autogestión obrera por sobre el modelo privado de accionistas. Podrían citarse muchos más.

Es tiempo de que las izquierdas de la región dejemos de conformarnos con el reformismo y pensemos cómo construir una América Latina poscapitalista. Para ello, el debate sobre cómo implementar la democracia directa dentro de nuestros espacios de trabajo no puede ser dejado de lado. El «derecho de propiedad cooperativa» es una ruta que nos podría ayudar a alcanzar esos objetivos en la región. Después de todo, parafraseando a Betty, la verdadera frustración es luchar por el socialismo y que se termine por implementar algo peor.

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Publicado en Economía, homeIzq, Políticas and Trabajo

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