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Pedro Castillo fue la sorpresa de las elecciones peruanas. (Foto: AFP)

Castillo, la sorpresa de las elecciones peruanas

Todo indica que será Pedro Castillo quien pase a segunda vuelta para competir con alguna variante de la ultraderecha. Haber evitado un balotaje conservador debe ser visto como un triunfo del campo popular peruano, pero para construir una verdadera alternativa aún queda mucho camino por recorrer.

La candidatura izquierdista de Pedro Castillo lidera los resultados de las elecciones presidenciales del 11 de abril. Al momento de escribir este artículo, según la ONPE, Castillo cosecha una votación del 19,1% de los votos. En segundo lugar se ubica Keiko Fujimori, con el 13,3%, seguida de cerca por Hernando de Soto y Rafael López empatados en un 11,7 %. El centroderechista Yonhy Lescano aparece quinto, con un 9,1% y Verónika Mendoza sexta, con un 7,9%.

La tríada ultraderechista

La descomposición del régimen neoliberal que vive el Perú en el último tiempo explica el grado de dispersión con que las derechas llegaron a estas elecciones. A ello se suma un proceso de desafección política generalizada, que la crisis sanitaria del COVID-19 agudizó considerablemente. Así, la centroderecha y sus distintas variantes fueron desplazadas por la ultraderecha tradicional y pragmática del Fujimorismo y por la extrema derecha (o «ultraderecha desbocada») de Rafael López.

Yonhy Lescano expresó la última oportunidad de que la centroderecha jugara un rol importante en estas elecciones presidenciales, pero perdió el sur andino vertiginosamente a manos de Pedro Castillo. Otras fuerzas burguesas liberales, como el Partido Morado y Victoria Nacional, juntos suman solo siete escaños en el nuevo Congreso, según el conteo rápido al 100% de la encuestadora IPSOS.

Esta tríada ultraderechista compuesta por Fujimori, de Soto y López configura una hegemonía relativa en el Congreso que, al reeditarse su composición balcanizada, augura nuevos escenarios destituyentes en clave reaccionaria. En buena medida, la descomposición de la representación política de la burguesía y sus distintas fracciones constituye el núcleo de la crisis interburguesa a la que asistimos estos últimos años.

Las izquierdas: Verónika Mendoza y Pedro Castillo

Juntos por el Perú (Verónika Mendoza) y Perú Libre (Pedro Castillo) impulsan un programa neodesarrollista similar. Las diferencias –importantes– entre ambos se hacen presentes sobre todo en cuestiones de género y medio ambiente, así como en la dinámica con que encararon la campaña.

Verónika Mendoza no pudo conectar con el sur andino, históricamente contestario, por el énfasis puesto en ganar votos de los sectores medios atenuando las propuestas más avanzadas (como la nacionalización del gas o la convocatoria a una asamblea popular constituyente). Las propuestas posextractivistas o plurinacionales no fueron prioridad, y su entrevista con Evo Morales tuvo lugar algo tardíamente como para que sirva para recuperar el voto del sur andino, que sí había conseguido en las elecciones presidenciales de 2016.

Pedro Castillo es un ex rondero y profesor rural en la región de Cajamarca que, durante el gobierno neoliberal de Pedro Pablo Kuczynski y en alianza con corrientes antiburocráticas, lideró la huelga magisterial de 2017. Militó desde el año 2005 hasta 2017 en el partido centroderechista Perú Posible, y luego pasó a las filas del partido izquierdista Perú Libre, espacio que lo eligió como candidato para estas elecciones generales. 

La candidatura de Castillo, entonces, expresa una confluencia práctica entre sectores del movimiento magisterial de corte antiburocrático y el partido Perú Libre. Aunque el conteo de votos no está terminado, todo indica que ingresará a la segunda vuelta para enfrentar a una de las variantes de la ultraderecha peruana, Keiko Fujimori o Hernando de Soto. Dado ese escenario, es de esperar que la campaña macartista hacia su persona se agudice y sea aún más atroz que en las últimas semanas.  

Perú Libre (PL) es una organización de matriz estalinista, integrante del Foro de São Paulo. Fue fundada por el exgobernador regional de Junín, Vladimir Cerrón. En sus documentos identitarios y programáticos se autodefine como una organización marxista, leninista y mariateguista, aunque en la práctica reivindica un programa económico marcadamente neodesarrollista (o, en sus palabras, una economía popular con mercados, en donde se nacionalizarían los sectores estratégicos de la economía pero indemnizando a las empresas privadas).

Los ejes de campaña de esta formación política han girado en torno a propuestas de nacionalizaciones en clave mercadointernista, la reducción del sueldo de los altos cargos públicos, la convocatoria a una asamblea popular constituyente y la inversión pública en los sectores de la salud y la educación. Al menos durante varios meses fue ese el tenor de campaña, lo cual le permitió ganarse el voto contestario de la sierra y la selva.

Pero Pedro Castillo también carga con importantes aristas conservadoras que son reflejo –en cierta medida– de los conservadurismos presentes en nuestro pueblo. Su oposición al matrimonio igualitario, a las políticas de género y a la despenalización del aborto son cuestiones que bajo ningún concepto podemos pasar por alto. Se diga lo que se diga, estos temas no son ajenos a las clases populares. 

De lo que se trata, sin embargo, es de generar debates e intercambios con las bases sociales que respaldan ese proyecto. La «cancelación política» no es una solución viable para un problema de tal magnitud y extensión. Es necesario emprender un trabajo militante que apunte a avanzar de conjunto hacia una asamblea nacional constituyente que rompa con el patriarcado, el imperialismo y el neoliberalismo.

La cuestión migratoria y la situación de las personas presas en Perú constituyen otros dos aspectos sumamente regresivos de su programa. Al primero de los casos le subyace la lógica xenófoba de culpabilizar a la migración venezolana por el desplazamiento laboral de los trabajadores peruanos, cuando los cañones deberían apuntar contra las patronales y la actitud hacia la clase trabajadora migrante, que vive hacinada y sin papeles, debería ser de solidaridad. El segundo caso refleja cierto conservadurismo punitivista. Cuestionar el acceso de las personas privadas de su libertad al alimento y a los bienes de primera necesidad es un discurso peligroso que, aunque vestido con ropajes populares, debe ser rotundamente cuestionado.

Un triunfo a medias y un nuevo escenario

Evitar un balotaje interderechista representa, sin dudas, un triunfo de las clases populares del Perú ante al campo reaccionario. La tarea del momento pasa por sostener un apoyo crítico a Pedro Castillo en el balotaje del próximo 6 de junio mientras militamos para construir y organizar una izquierda ecosocialista, anticapitalista y feminista a la altura de los desafíos que se nos presentan y con capacidad para interpretar los procesos reales de nuestro pueblo.

Para ello, dar la batalla por una asamblea popular constituyente –plurinacional y paritaria– debe ser nuestra prioridad. Para pavimentar una superación por izquierda de las experiencias gubernamentales progresistas en las que se referencia la izquierda de Pedro Castillo, tendremos que encarar las luchas que se avecinan con ese objetivo en la mira.

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Publicado en Artículos, Elecciones, homeIzq, Perú and Política

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