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Bolsonaro más frágil y radicalizado

¿Cuál es el significado de los recientes cambios ministeriales que introdujo Bolsonaro?

Los cambios ministeriales promovidos por Jair Bolsonaro el 29 de marzo de 2021 mostraron un importante malestar entre los dirigentes de las Fuerzas Armadas y el gobierno. La dimisión del general Fernando Azevedo como ministro de Defensa y su sustitución por el general Braga Netto llevó a los comandantes de las tres Fuerzas Armadas – Edson Leal Pujol (Ejército), Ilques Barbosa (Marina) y Antônio Carlos Bermúdez (Fuerza Aérea) – a presentar sus dimisiones. José Levi también fue sustituido por André Mendonça, hasta entonces ministro de Justicia, en la Fiscalía General, y el comisario de la Policía Federal Anderson Torres -un agregado de la familia Bolsonaro- pasó a ser ministro de Justicia y Seguridad Pública. Estos intercambios muestran que el presidente y su familia buscan rodearse de aliados incondicionales en el ámbito militar y jurídico.

Estos cambios no eliminan el apoyo de los militares al gobierno de Bolsonaro, pero muestran sus límites en un momento en que el presidente tiene que conceder cada vez más espacio en el gobierno al Centrão. Flávia Arruda fue nombrada ministra jefa de la Secretaría de Gobierno, responsable de la articulación con el Congreso. Ernesto Araújo fue sustituido en el Ministerio de Asuntos Exteriores por el embajador Carlos Alberto Franco França, en respuesta a la presión de los empresarios descontentos con su “olavismo”. Jair Bolsonaro también discute con aliados de Centrão la sustitución de otros tres ministros: Ricardo Salles (Medio Ambiente), Bento Albuquerque (Minas y Energía) y Gilson Machado Neto (Turismo).

El país está a la deriva, bajo una crisis sanitaria catastrófica y sin precedentes. Comienza el mes de abril con 320.000 muertes, 63.000 en marzo. Tampoco hay posibilidad de que la economía brasileña se recupere, este año o el próximo, del desplome del 4,5% que se produjo en 2020. La situación de la economía se extiende por todo el tejido social: el mayor número de parados de la historia del país, la reducción radical de las ayudas de emergencia, el resurgimiento del hambre y el retorno de la inflación de los carburantes y los alimentos.

Es difícil imaginar un gobierno que se fortalezca en un escenario así. Bolsonaro ve cómo se reduce su apoyo de su base social más fiel, se debilitan sus vínculos con las clases dirigentes y se amplía su aislamiento internacional. Su victoria en las elecciones de las cámaras legislativas de enero, fruto de su adhesión al Centrão, le ha pasado factura y los signos de fragilidad política se multiplican.

Entre ellos podemos enumerar:

a) la creciente caída de la popularidad, incluida la derrota abrumadora en la disputa por la vacuna en la población (el 85% de la población está a favor de la vacuna);

b) la carta de los grandes empresarios y operadores del mercado del país con ultimátums explícitos

c) la derrota en el STF con el intento de interferir en el bloqueo en DF, BA y RS;

d) la falta de convencimiento de la cúpula de las Fuerzas Armadas hasta ahora en acompañar a Bolsonaro en las medidas aún más extremas contra los gobernadores y alcaldes.

La decisión del juez Edson Fachin de invalidar, el 8 de marzo, la condena de Lula por el juez Sergio Moro y la posterior decisión del Tribunal Supremo de considerar a Moro como sospechoso en la conducción del proceso Lava-Jato representan una rehabilitación política del expresidente y ponen a Lula de nuevo en la carrera presidencial de 2022. Si el proceso se mantiene, Bolsonaro se enfrentará a un oponente con densidad política e igualmente popular.

Bolsonaro se encuentra en su momento de mayor aislamiento político y social, aunque cuenta con una base leal y sólida, cada vez más asociada a ideas de extrema derecha y reaccionarias, en la policía, en parte de las fuerzas armadas y en las iglesias fundamentalistas. Entre los que se ven como emprendedores, en una franja importante de pequeños y medianos comerciantes y sectores de las clases medias y una parte minoritaria de la clase dirigente. Pero el movimiento de Bolsonaro de esta semana es producto de sus derrotas y lo que intenta a partir de la reforma ministerial es recomponer el diálogo con el Centrão y retomar la disputa por la mayoría de las fuerzas armadas activas, que hoy no tiene.

La desesperación de Bolsonaro no se debe a que no consigue dar un golpe ahora (sabe que no puede, que no tiene fuerzas para hacerlo ahora), sino a que su proyecto de reelección en 2022 está seriamente amenazado. Hoy probablemente no sería capaz de vencer a Lula en las elecciones. Bolsonaro y su clan familiar y miliciano saben bien que una derrota en 2022 con pérdida de inmunidad tras una catástrofe humanitaria de estas proporciones podría traducirse en cárcel, pérdida de patrimonio, etc. La improvisada reforma ministerial y la crisis con los militares fue una jugada de los que buscan respirar, ganar tiempo, poner la casa en orden y tratar de detener la sangría de su popularidad, muy difícil ante el caos de la pandemia y la vacunación, la inflación de los combustibles, el desempleo y la pobreza.

Nada de esto significa que Bolsonaro esté inexorablemente derrotado. Tendremos, sí, enormes inestabilidades en el próximo período, fruto de las crecientes contradicciones, que tienden a abrir espacios para la acción política. Cuanto más avance la crisis en el país y se vea amenazado el proyecto de Bolsonaro, más provocaciones veremos y no es posible descartar intentos de medidas autoritarias y golpistas. Este sector no aceptará su derrota pacíficamente, como ya hemos visto en la reacción del trumpismo en EEUU en una situación mucho menos comprometida de Trump en relación a la pandemia y a la crisis económica. No hay que bajar la guardia, porque cada vez más Bolsonaro apostará por el caos y la polarización para sobrevivir y seguir siendo viable para 2022.

Brasil vive hoy una crisis multifacética, donde el ultraliberalismo promovido por Bolsonaro ataca todos los derechos sociales, humanos y ambientales. Debemos luchar en todos los frentes.

Algunas demandas ganan protagonismo:

-La defensa de los ingresos de emergencia, condición para mantener el aislamiento social y una medida humanitaria de solidaridad social ante el gravísimo desempleo y el resurgimiento del hambre y la inflación;

-La lucha contra la pandemia, con la defensa de las medidas de distanciamiento social, los fondos y el apoyo a la salud pública y el acceso a las vacunas; y

-La defensa de la Amazonía, ante una devastación sin precedentes que afecta a toda la humanidad, siendo un flanco de gran vulnerabilidad internacional del actual gobierno.

Pero la lucha por el impeachment encabeza todas las demandas. En el contexto de mayor polarización política y social en el que vivimos, no hay mayoría posible para un golpe de Estado viable por parte de la extrema derecha; ni mayoría social, ni mayoría institucional, ni siquiera en las fuerzas armadas, por no hablar del apoyo de las clases dominantes y de las potencias imperialistas. Las banderas de Fora Bolsonaro y del impeachment son, a principios de 2021, la salida democrática y civilizatoria  posible a la crisis que desgarra al país.

 

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