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Ilustración: Paulina Eichhorn

¡Rosa vive!

Traducción: Fernando De Leonardis

En ningún lugar se celebra el 150.° cumpleaños de Rosa Luxemburgo con tanto entusiasmo como en América Latina. Una nueva generación de activistas descubre a la revolucionaria.

Serie: 150 años de Rosa Luxemburgo

Este viernes reabrió sus puertas el Teatro Calibán, un lugar de referencia de la escena teatral de izquierdas de Buenos Aires. El estricto protocolo del coronavirus sólo permite 20 espectadorxs con tapabocas en lugar de 60, como ocurrió por última vez a finales de 2019. En su 150.° cumpleaños, Rosa Luxemburgo vuelve a las tablas, es decir: al mundo. La revolucionaria judeo-polaca debate con el antiimperialista argentino Manuel Ugarte.

Se sabe que ambos participaron en los congresos socialistas internacionales de Ámsterdam en 1904 y de Stuttgart en 1907. Sus encuentros son imaginados y puestos en escena por el legendario Norman Briski, de 83 años. Su mujer, Eliana Wassermann, una abogada de derechos humanos de 43 años, interpreta a Luxemburgo. Lítero, un joven cuestionador y escéptico del siglo XXI que porta un casco con pincho, comenta el intercambio intercultural con monólogos que por su agudeza poética y política nada tienen que envidiar a las conversaciones de ambos revolucionarios. “La conducta de los pájaros” se llama la obra que -si la pandemia lo permite- tendrá su tercera temporada los viernes a la noche hasta finales de abril.

“Rosa pone la vara muy alto, piensa la revolución en la vida cotidiana”, dice Eliana Wassermann. “Ella no se resignó al capitalismo. Su actualidad es enorme, más necesaria que nunca, hoy seguramente sería vegana. Triunfa Rosa o estalla el planeta”.

Rosa en movimiento

En Latinoamérica Rosa Luxemburgo está presente como en ningún otro lugar del mundo. El crítico de arte Mario Pedrosa, que se formó en el trotskismo y en 1980 fue miembro número uno del poco ortodoxo Partido de los Trabajadores de Lula da Silva, la descubrió para Brasil luego de la Segunda Guerra Mundial. Al calor de los movimientos estudiantiles de 1968 y posteriores, la obra de Rosa fue traducida al castellano en numerosas ocasiones. Hoy se pueden encontrar muchas más ediciones de Luxemburgo en las librerías de México, San Pablo o Buenos Aires que en cualquier capital de Europa, incluida Berlín. Las ediciones sudamericanas de la biografía gráfica La Rosa roja, de Kate Evans, aparecieron antes que la edición alemana.

El reciente renacimiento de Rosa está estrechamente relacionado con el fortalecimiento de los últimos y más nuevos movimientos sociales. En la Escola Nacional Florestan Fernandes del Movimiento Sin Tierra (MST), cerca de San Pablo, la sala más grande lleva su nombre. Por sus principios organizacionales, el MST está más cerca de Lenin que de Luxemburgo, pero el comunismo brasileño nunca fue tan terco como el prusiano.

Una radionovela producida por el MST sobre la vida de Rosa -desde los sueños de su infancia en Zamość, en el sureste de Polonia, hasta su sangriento final en el Berlín revolucionario- causó furor en todo Brasil hace algunos años. En la escuela de cuadros de los Sin Tierra, meca de muchos jóvenes izquierdistas latinoamericanos, la Rosa roja es parte de la formación marxista elemental; hasta pensadores transversales como el franco-brasileño, luxemburguista y ecosocialista Michael Löwy o Isabel Loureiro de San Pablo son allí docentes regulares.

PachaRosa

Loureiro aprendió alemán para poder hacer su doctorado sobre Luxemburgo. Durante más de 30 años ha difundido incansable y creativamente la obra de su modelo intelectual, como atestiguan cientos de videos en YouTube. No es exagerado calificar a Luxemburgo de eco-socialista avant la lettre, opina Loureiro: “Su conexión con la naturaleza, que aparece en las cartas de la cárcel, es un rasgo tan constitutivo de su personalidad que es imposible entender a Rosa si no se tiene en cuenta esto”. Hoy estaría junto a quienes “defienden la convivencia armónica entre el ser humano y la naturaleza, a quienes rechazan la idea de que el ser humano tiene derecho a explotar la naturaleza como recurso en pos de la ganancia”.

No obstante, y a diferencia de su amiga Clara Zetkin, Luxemburgo no era feminista en el sentido actual de la palabra. Se burlaba de las burguesas que defendían los derechos de las mujeres, ya que para la marxista creativa el antagonismo entre clases eclipsaba todo lo demás. Pero su estilo de vida independiente y sus debates al mismo nivel con los patriarcas del socialismo europeo anterior a la Primera Guerra Mundial también son admirados en Latinoamérica.

En el Río de la Plata o en las calles de Santiago -epicentro de una variopinta y perseverante revuelta contra el neoliberalismo chileno, incluida la Constitución de Pinochet-, Rosa Luxemburgo está más viva que nunca. Sus reflexiones sobre “Huelga de masas, partido y sindicatos” (1906) resultan sorprendentemente actuales en el contexto de las recientes manifestaciones de masas, así como sus análisis del imperialismo en “La acumulación del capital” (1913) o “Anticrítica” (1915), que van mucho más allá de Marx y que, por tanto, fueron duramente criticados por sus camaradas. Junto a los arduos capítulos sobre las economías nacionales, ahí se encuentran pasajes muy vívidos sobre el despojo del Sur colonial y la destrucción de comunidades tradicionales desde la África austral hasta las selvas del Putumayo.

La obra introductoria “Rosa Luxemburgo y la reinvención de la política. Una mirada desde América Latina”, de Hernán Ouviña, aparece ahora en una nueva edición; además el libro ya está impreso en México, Colombia, Chile y Brasil. El politólogo y activista argentino lee a Luxemburgo como precursora de la izquierda no dogmática, anticolonial y antipatriarcal de hoy, y vincula su asesinato por parte de paramilitares pre-fascistas con la violencia mortal y cotidiana contra mujeres y activistas.

Rosa cómplice

Este sábado por la tarde, Rosa tendrá su gran día en el Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires. En el jardín del Museo Sívori, con su work in progress “Rosa Luxemburgo. Constelación Sur”, Alejandra Arístegui da un paso más allá en su trayectoria luxemburguista que incluye una “Rosa Luxemburg Oper”. “Viviendo este enorme cambio-bisagra que estamos transitando, apareció una Rosa nueva, que tiene a ver más con América Latina”, explica la autora y actriz. “Es una Rosa que se relaciona más con el horizonte, la tierra, esta incertidumbre que estamos transitando”.

Además, cinco canciones de la rapera Karen Pastrana y su Superpoderosas Crew, intervenidas con frases de Rosa Luxemburgo, ofician de marco para la lectura dramatizada de cartas a sus amigas y a cuatro amantes recientemente traducidas: “Las revoluciones de Rosa”.

“Rosa es nuestra cómplice”, dice Karen Pastrana, cuyos padres proceden de dos provincias andinas. “Comparte sus angustias y dolores con sus amigas, es como nosotras. Sabemos lo importante que es caminar juntas”. Buenos Aires es el bastión de un nuevo feminismo que trasciende clases, géneros y generaciones. Aquí un movimiento de masas muy joven recientemente conquistó un amplio derecho al aborto tras años de movilización.

Claudia Korol, que fue quien ideó esta doble intervención, organiza desde hace mucho tiempo círculos de lectura de Rosa Luxemburgo. “Las feministas lo sabemos: lo personal es político”, subraya la educadora popular. “Rosa escribía sus textos públicos de forma que lxs trabajadorxs pudieran entenderlos. Y en la intimidad de sus cartas amasa las ideas que muchas veces se condensan en sus escritos teóricos donde piensa cada palabra”.

¿Y dónde yace la actualidad de todo esto para las luchas sociales en Latinoamérica? “Podemos aprender del método de Rosa”, dice Korol. “Desarrollaba los dilemas «Reforma o Revolución» y «Socialismo o Barbarie» en el contexto bien concreto de su tiempo. Ahora nos toca a nosotres”.

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