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El martes pasado, el candidato presidencial ecuatoriano Andrés Arauz conversó con Bhaskar Sunkara, de Jacobin, sobre cómo planea ganar la segunda vuelta electoral y unir a su país y qué podemos esperar de su presidencia.

Andrés Arauz habla con Jacobin

Una entevista a:
Traducción: Valentín Huarte

En esta entrevista, Andrés Arauz habla acerca de la sorprendente trayectoria que lo dejó a un paso del poder del Estado, lo que logró su aliado Rafael Correa en Ecuador y cómo planea ganar las elecciones de abril, reconstruir su partido y profundizar la «Revolución Ciudadana».

Por Bhaskar Sunkara

Andrés Arauz no se comporta como alguien que está en la cúspide del poder del Estado. Durante el tiempo que pasé en Nueva York con quien probablemente sea el próximo presidente de Ecuador, me sorprendió la humildad que define sus interacciones con la gente de su equipo, con los militantes y con los desconocidos.

La prensa internacional nos quiere hacer creer que Arauz es una persona peligrosa, un peón del ardiente populista Rafael Correa, alguien que estaría comprometido con la retórica de la polarización y con políticas desestabilizadoras. En cambio, lo que encontré en mi conversación fue un personaje modesto, un progresista muy comprometido en términos ideológicos, pero también un pensador que sabe analizar los matices, orgulloso de su agudeza tecnocrática y de sus antecedentes de economista.

El semblante calmo de Arauz no permite sospechar la tormenta que se está fraguando a su alrededor. Las teorías conspirativas sobre una implausible conexión con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia crecen día a día, mientras se expande la propaganda sobre sus planes para Ecuador y sobre los intereses a los que responderá una vez que esté en el gobierno. 

Arauz, que acaba de cumplir treinta y seis años y era relativamente desconocido hasta hace algunos meses, triunfó en la primera vuelta de las elecciones presidenciales a principios de este mes. Lo hizo con alrededor de un tercio de los votos, sacándole a sus rivales una ventaja significativa que, no obstante, fue insuficiente para evitar un desempate. Tras una larga espera, el Consejo Nacional Electoral anunció que su contrincante será Guillermo Lasso. Se descartó de esta forma la posibilidad de una disputa, seguramente más compleja, con Yaku Pérez, activista ambientalista que logró ganarse el apoyo de algunos sectores de la izquierda.

Ninguno de los tres candidatos que disputaron las elecciones estuvo dispuesto a asociarse a Lenín Moreno, quien ejerce el gobierno en la actualidad. Luego de aprovechar el movimiento que se generó alrededor de Correa para llegar al poder en 2017, Moreno dio un giro a la derecha, adoptando medidas de austeridad y persiguiendo a muchos de los dirigentes que habían dado forma a la Revolución Ciudadana.

El resultado fue que algunas figuras prominentes, como Rafael Correa y Jorge Glas, no pudieron participar este año en las elecciones. En efecto, el Movimiento Revolución Ciudadana debió enfrentar una serie de medidas extraordinarias al intentar registrarse como un partido y presentar una boleta. Dada la persecución de sus dirigentes, fue el forastero Arauz la mejor opción para desplegar una campaña con el objetivo de deshacer muchas de las acciones de Moreno y profundizar las conquistas de la administración de Correa (2007-2017).

A pesar de las controversias y las críticas relacionadas con los proyectos mineros y de los enfrentamientos con el movimiento indígena organizado, lo cierto es que, bajo el gobierno popular de Correa, el salario mínimo se duplicó, los índices de pobreza descendieron abruptamente, la inversión en educación y salud aumentó de manera considerable y el crecimiento del PIB excedió el promedio de la región. Es un período al que mucha gente en el país querría volver.

Hoy el COVID-19 se ha cobrado cerca de quince mil vidas, el desempleo alcanzó un máximo histórico, la infraestructura sanitaria se vino abajo y el programa de austeridad del FMI amenaza con hundir al país en una recesión aun más profunda.

Andrés Arauz tenía tan solo veintiséis años cuando empezó a trabajar en el banco central y treinta cuando fue designado ministro. A continuación nos cuenta cuál es su visión del mundo, cómo planea ganar la segunda vuelta y unir a su país y qué podemos esperar de su presidencia.

 


 

BKS

Empecemos con tus antecedentes. ¿Qué te llevó hacia la economía y cómo definirías la tradición económica que más te influenció?

AA

Todo empezó cuando era muy joven. Mi abuela me enseñó matemáticas mediante los juegos de cartas y también me transmitió un sistema de valores importante. Me impartió una visión del mundo igualitaria y moral.

Entonces, cuando decidí continuar mis estudios, la economía fue una elección lógica. Tuve las habilidades cuantitativas para sobresalir en la disciplina, pero a diferencia de muchos de mis compañeros en el campo, también estaba comprometido con la justicia social.

Al comienzo, me atrajo la economía del desarrollo y, más específicamente, el rol de las instituciones en la configuración de una economía. Estaba estudiando economía política, en el sentido de que me interesaba la distribución del poder –y no solo la del ingreso– al interior de la economía.

De nuevo en Ecuador, me familiaricé más con lo que llamamos economía social y solidaria. Estaba realmente interesado en modelos alternativos de organización económica, tanto a nivel micro como a nivel macro. Y luego, mientras trabajaba en el banco central, me obsesioné completamente con la economía monetaria de la tradición poskeynesiana.

Entonces, podríamos decir que me apoyo en las tradiciones de la economía poskeynesiana y del desarrollo, a las cuales agrego algunos conceptos tomados de las experiencias de la economía solidaria.

 

BKS

Evidentemente, el gobierno de Rafael Correa fue progresista y desplegó medidas redistributivas, pero pareció enfatizar la estabilidad macroeconómica. Con este énfasis, ¿estaban respondiendo a los problemas con los que se toparon otros gobiernos de centroizquierda en el pasado?

AA

Nuestra referencia principal es el mismo Ecuador, más específicamente, las experiencias de tres períodos de nuestra historia. Tenemos a Eloy Alfaro, líder de la Revolución liberal de 1895, que se sirvió de la infraestructura para crear un verdadero proyecto nacional… Seguimos este modelo enfatizando, no solo la contabilización de nuestra producción económica, sino el tipo de productos que generamos y su impacto en la vida real.

Alfaro construyó el tren que conectó Guayaquil con Quito, lo cual cambió el panorama ecuatoriano para siempre. En un sentido similar, quisimos crear proyectos de infraestructura que no solo faciliten el desarrollo, sino que ayuden a construir una nación.

En segundo lugar, nos inspiró la experiencia desarrollista de Ecuador durante el boom del petróleo en los años 1970. Me refiero al crecimiento económico, a la expansión del sector estatal, pero también a la crisis.

Y, por último, la crisis bancaria de fines de los años 1990 fue un ejemplo negativo potente. Estudiamos esta historia de forma muy rigurosa y nos comprometimos a no repetirla. Para ponerlo en términos sencillos, sabíamos que este tipo de crisis era el resultado de priorizar al sector financiero sobre el resto de la sociedad.

Esto implicaba que había que crear modelos alternativos de crecimiento, mediante el fomento de las oportunidades de las personas comunes y sus capacidades, pero también en términos macroeconómicos.

 

BKS

Desde tu perspectiva, ¿cuál fue el logro más importante del gobierno de Correa del que formaste parte?

AA

Empoderar a los ecuatorianos y a las ecuatorianas comunes. Podría decirse que la gente sintió que tenía un lugar en la sociedad y un cierto orgullo por las transformaciones que estaban desarrollándose. Pero, obviamente, este empoderamiento era una consecuencia de todo lo demás: de nuestras políticas sociales, de nuestra inversión en educación, de la nueva infraestructura, etc.

 

BKS

Pero el gobierno de Correa se quedó corto a la hora de institucionalizarse como lo hizo, por ejemplo, el proyecto de Morales a través del desarrollo del Movimiento al Socialismo (MAS). En el marco de Alianza PAIS, Lenín Moreno y todos los que lo rodeaban tuvieron la posibilidad de apropiarse de la Revolución Ciudadana e intentaron llevarla hacia la derecha.

¿Cuáles son las lecciones sobre la construcción de instituciones y la construcción partidaria que podemos aprender de estas experiencias?

AA

Bueno, estoy completamente de acuerdo con tu planteo. Esa fue la principal debilidad de nuestro proyecto político y es un asunto que perdura y con el que lidiamos en este momento. Necesitábamos una estructura partidaria real que echara raíces en la sociedad.

En cambio, dependíamos fuertemente de un líder carismático con el que la gente conectaba a través de los medios de comunicación masivos. Necesitábamos que nuestro movimiento fuese más profundo que eso, y este es un problema del que soy consciente y que estoy dispuesto a solucionar.

 

BKS

Tenían un líder popular y un programa popular, pero no contaban con la base institucional para conectar regularmente con la gente en sus lugares de trabajo y en sus comunidades.

AA

Sí, necesitábamos un partido fuerte anclado en una sociedad civil fuerte, y no teníamos nada de eso. Y no se trata solamente de ganar elecciones. Un partido democrático es la base para que la gente común participe realmente de la política.

 

BKS

¿Qué medidas estás tomando para garantizar que el nuevo movimiento no siga el mismo camino que Alianza PAIS?

AA

Luego de transitar por siete partidos diferentes para presentarnos a las elecciones, estamos consolidando nuestro propio partido, que sobrevivió a todos estos procesos judiciales, y estamos reconstruyéndolo principalmente con cuadros jóvenes. Hay un esfuerzo explícito para hacer que la gente que no estará involucrada en las tareas gubernamentales –asuntos estatales– juegue un rol importante en la construcción partidaria.

De manera semejante, estamos intentando garantizar que el partido tenga mucha más interacción con la sociedad civil que antes. Es realmente importante para mí que creemos una formación con bases fuertes, que conecte con el activismo de los movimientos sociales y con nuestros esfuerzos políticos. Tenemos que ser conscientes de que, si llegamos al gobierno, habrá presión para que los cuadros ocupen cargos estatales, pero esto terminará vaciando al partido y socavando estas iniciativas que van de abajo hacia arriba.

 

BKS

¿Cuál es la base social de tu partido y tu candidatura en la actualidad? ¿Y por qué parece ser tan difícil incorporar al movimiento indígena organizado de Ecuador a tu proyecto?

AA

Tenemos bases en los sectores populares de la sociedad a lo largo y ancho de todo el país. Por supuesto, somos más fuertes entre las clases trabajadoras de la costa.

Sobre tu otra pregunta, podría ser útil un contraste con la experiencia boliviana. En Ecuador, el movimiento indígena se alió con fuerzas supuestamente progresistas en el pasado, lo cual lo llevó a apoyar a a Lucio Gutiérrez en 2002, para luego sufrir una traición. La lección de estas experiencias fue la desconfianza hacia las alianzas electorales y el poder estatal. En cambio, en Bolivia hubo una alianza fructífera entre los objetivos de una izquierda progresista y los movimientos indígenas. Eso es lo que permitió la consolidación del MAS.

Mi objetivo es intentar crear un Estado plurinacional con el movimiento indígena.

 

BKS

Tal vez deberíamos volver un poco más atrás. Evidentemente, existe cierta narrativa –influyente también en algunos sectores de la izquierda liberal estadounidense– que tal vez sobrestima la homogeneidad y la coherencia de la base social indígena. Por ejemplo, Correa conquistó niveles considerables del voto indígena en las elecciones de 2013, en muchos casos por los mismos motivos por los que ganó el de otras personas en Ecuador.

AA

Sí, por supuesto. Y también hay muchos sectores del movimiento indígena que nos apoyaron.

 

BKS

Sin embargo, parece haberse producido un cambio significativo en 2013, cuando Pachakutik obtuvo solo el 3% en la primera ronda…

AA

El levantamiento de 2019 fue significativo, y fue dirigido por la CONAIE [Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador], la organización indígena más grande. Esto creó una base más popular para Pachakutik.

 

BKS

¿Cómo caracterizarías su programa? ¿Es un programa que puede denominarse de izquierda, con aspectos que puedes incorporar a tu propio proyecto?

AA

La mayor parte de su programa es efectivamente progresista y de izquierda. Sin embargo, hay muchos elementos que están influenciados claramente por una red de oenegés en un sentido negativo. Hay un énfasis posmoderno que temo que podría estar en el origen a una tendencia hacia el neoliberalismo.

 

BKS

Para ponerlo en términos más concretos, ¿con «énfasis posmoderno» te refieres al rechazo del Estado desarrollista?

AA

El pensamiento que estoy criticando podría resumirse en la idea de una plataforma «antiextractivista» llevada al extremo.

 

BKS

«Ecuador necesita aprovechar responsablemente la riqueza de sus recursos naturales como parte de un proyecto para construir una economía más avanzada y menos dependiente del extractivismo». ¿Sería esta una forma adecuada de resumir tu posición?

AA

No, lo pondría en términos un poco más sofisticados [risas].

Pero aquí va un ejemplo: si tenemos minas de cobre, no me interesa simplemente exportar cobre en bruto; quiero incorporar tecnologías de procesamiento del cobre en Ecuador y que la industria sea un motor para el desarrollo de las comunidades en las que se emplazan las empresas. No se trata solamente de «vender lo más que se pueda para tener dólares y luego poder comprar cualquier otra cosa». En cambio, el proyecto en sí mismo debe apuntar directamente hacia el desarrollo.

 

BKS

Una vez en el poder, tendrán el mandato popular de rechazar la austeridad impuesta por el FMI y de aplicar medidas redistributivas, o al menos políticas expansivas para combatir la recesión, pero también será necesario garantizar la confianza en los mercados y el crédito internacional existente. ¿Cómo pilotear entre estos dos polos?

AA

Definitivamente habrá un área de conflicto con el FMI. Es inevitable. No es ningún secreto que el FMI representa al capital financiero por sobre todas las cosas y que habrá un conflicto frontal que se desarrollará tanto sobre el terreno práctico como sobre el ideológico. Sin embargo, tenemos la constitución de nuestro lado e intentaremos pelear esta batalla de forma inteligente.

También diría que la pandemia ha ampliado el espectro de políticas que los gobiernos pueden utilizar y que el nuevo discurso Kristalina Georgieva, directora del FMI, sobre estos temas es prometedor, aun si no podría definirse su perspectiva económica como «heterodoxa». Lo mismo puede decirse de la nueva Secretaria del Tesoro de los Estados Unidos, Jane Yellen. 

 

BKS

¿El gobierno de Lenín Moreno enfrentó presiones que sirvan para dar cuenta de al menos una parte de su desastroso giro a la derecha?

AA

Moreno enfrentó presiones considerables. Sin el liderazgo fuerte de Rafael Correa, que también era una figura de unidad, se desplomó la alianza que sostenía a nuestro movimiento y que era muy heterogénea.

Frente a un movimiento conservador de restauración, Moreno no fue lo suficientemente fuerte como para resistir. Además de su debilidad de carácter, sufrió el chantaje de las élites económicas que lo forzaron a adoptar estas medidas neoliberales.

 

BKS

Aun si llegan al gobierno, se enfrentarán con una Asamblea Nacional hostil. ¿Cómo superarán este desafío?

AA

No llegaremos a la mayoría, pero eso significa que tenemos que expandir nuestras bases y, a través de nuestra defensa del Estado plurinacional, tenemos que ganar a aliados potenciales…

 

BKS

Mencionaste al Estado plurinacional en muchas ocasiones, pero me pregunto si es posible describirlo en términos un poco más concretos. ¿Qué tipo de estructuras son necesarias para un Estado plurinacional? ¿El modelo es Bolivia?

AA

Dado que el Estado plurinacional se encuentra en nuestra constitución, nuestro modelo teórico no es Bolivia: es Ecuador. Hay elementos específicos que planteó el movimiento indígena para profundizar esta idea.

En parte se trata del espacio cultural y del reconocimiento del pueblo afroecuatoriano, además de los pueblos indígenas de Ecuador. También hay elementos específicos que conciernen al sistema educativo, al sistema judicial, a los territorios locales, especialmente en la región del Amazonas y a la participación popular en las decisiones sobre los proyectos extractivos, entre otras cosas.

 

BKS

Antes de terminar, quiero traer a colación las acusaciones sobre una supuesta influencia extranjera en las elecciones y presuntos apoyos internacionales a tu campaña. Hasta hubo un video falso del ELN «respaldando» tu candidatura… ¿Cómo hacer para dispersar estas acusaciones sin desplazar el eje de la campaña, es decir, el mensaje popular sobre la recuperación económica y sobre mejorar la vida de la gente común?

AA

Bueno, se trata justamente de una distracción. Se crearon estos rumores para desviar la atención de los temas importantes que enfrenta el pueblo ecuatoriano, precisamente porque sobre esos asuntos podemos ganar la disputa. Esto no viene solo de las élites nacionales; hemos visto noticias falsas que llegan desde Argentina, desde Colombia…

Nuestra demanda es sencilla: queremos decidir nuestras elecciones por nuestra propia cuenta. Queremos tener una disputa limpia y democrática sin manipulación mediática.

Cierre

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Publicado en Ecuador, Elecciones, Entrevistas, homeIzq, Política and Sociedad

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