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Foto: Fabiola Granda

«En el Perú se está cerrando un ciclo»

Una entevista a:

Conversamos con Anahí Durand Guevara, jefa del Plan de Gobierno de Juntos por el Perú, la alianza electoral con la que Verónika Mendoza busca llegar a la Presidencia.

Entrevista por Eloy Marchán

Anahí Durand Guevara es jefa del Plan de Gobierno de Juntos por el Perú, la alianza electoral con la que Verónika Mendoza busca llegar a la Presidencia. Anahí es socióloga, docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, colaboradora de Jacobin América Latina y candidata al Parlamento Andino. Las elecciones generales en el Perú serán el próximo 11 de abril y, según los últimos sondeos, hay cuatro candidatos presidenciales empatados técnicamente en el primer lugar. Una de ella es Verónika Mendoza. En la siguiente conversación con Eloy Marchán, Anahí expone sus propuestas y las de su movimiento político.

EM 

Revisando su hoja de vida y conociendo el importante cargo que ocupa dentro de Nuevo Perú, movimiento que dirige Verónika Mendoza, me salta una inquietud: ¿Por qué decidió postular al Parlamento Andino y no al Congreso Nacional?

ADG

A mí, más que la labor de representación, siempre me dio más por el Ejecutivo. Yo le dije, medio en broma, a Vero: “quiero estar en tu Ejecutivo”. Soy profesora en la universidad, quiero seguir investigando y complementar mi actividad política con la académica. Entonces, no era una opción para mi ser congresista. Lo que sí: asumir lo que decidiera el partido y en esa línea es que se vio que era importante que, como secretaria de Relaciones Internacionales, que es el cargo que ejerzo en Nuevo Perú desde su fundación en el 2017, pudiera haber una continuidad.

EM 

¿Cuál debe ser el papel del Parlamento dentro de la articulación progresista que es tan necesitaría en América Latina?

ADG

En este nuevo momento progresista sí consideramos importante lo que se está jugando en los Andes. En Bolivia volvió el MAS, y no solo con votos sino con una movilización importante. En Ecuador de todas maneras hay un triunfo contra las propuestas neoliberales, contra la traición de Lenín Moreno. Y en esa línea, es clave lo que se puede hacer desde el Perú. Nosotros creemos en la Comunidad Andina, en los organismos de integración, incluso en la Unasur, que es un proyecto de integración latinoamericana, que lamentablemente ha sido ideologizado por la derecha y la izquierda. Hubiera sido otra cosa si conseguíamos las vacunas contra el COVID-19 en bloque. A los países grandes les conviene tenernos dispersos, cada uno cargando sus penas. En mis propuestas, la primera tiene que ver con la emergencia sanitaria: activar el Convenio Hipólito Unanue para comprar vacunas. Otra, a la que le estoy poniendo mucho empeño, es la educación. Yo fui directora del ITACAB del Convenio Andrés Bello, que es un organismo un poco dejado de lado, pero que sería importante para la convalidación de títulos e intercambio en educación. También estoy proponiendo fortalecer e integrar los organismos de investigaciones científica: hacer una ciencia para el pueblo.

EM

Hablemos del momento que vive América Latina. ¿Es un momento progresista? Miremos lo que pasó con las protestas en Chile, lo que acaba de ocurrir en las elecciones de Ecuador, donde Andrés Araúz han pasado a la segunda vuelta. ¿Esta nueva ola llegará al Perú?

ADG

Es un momento de crisis para lo que han sido los gobiernos neoliberales, sus políticas, formas de gobernar y organizar la sociedad en base a la primacía del mercado y el individualismo. Eso, con la pandemia, si ya estaba en crisis, ha terminado de colapsar. ¿Qué tanto ello responde a un segundo momento progresista, que sea continuidad invariable del primero? Eso es parte del debate. Más bien se trata de trascender ese primer momento y de profundizar cambios que no se hicieron. Nosotros que somos mariateguistas hablamos siempre de continuidad y ruptura. Entonces, ¿cómo poder ser una continuidad de los que hubo en esa primera ola progresista de plebeyos, antineoliberal, democratizador, de búsqueda de la soberanía, y profundizar, a la vez, la ruptura con algunos elementos que no estuvieron tan claros? Creo que es un momento de disputa, y ojalá sea una segunda ola 2.0, como dicen por ahí.

EM

Siguiendo con José Carlos Mariátegui, él hablaba de la instauración de una superestructura política. ¿Cómo romper esa superestructura existente el Perú, que es abiertamente pro libre mercado, en favor del individualismo y que está en contra de todo lo progresista y de la defensa de los derechos?

ADG

Eso es parte de la disputa y la construcción política. Se ha sedimentado, lamentablemente, en el Perú la apertura del siglo neoliberal del 1992, que fue una derrota muy fuerte de lo popular en toda línea. Y sí, se ha sedimentado una superestructura, por un lado, en el campo económico. Y por otro de subjetividades, de sentidos comunes, que favorecen a un modelo conservador, a un Estado mínimo. Pero eso, justamente, ha hecho agua en estos años. Esta primacía se ha ido deteriorando. Primero, con la crisis política de Lava Jato y todo lo que vino. Segundo, con la crisis sanitaria de la pandemia. Y tercero, con la crisis económica que estamos viviendo y que va a durar un buen rato.

EM

La primera ola progresista nunca llegó a aterrizar en el Perú. Nunca hubo un candidato de verdad. En el 2011, supuestamente, Ollanta Humala estaba en esa línea o, mejor dicho, nos hizo creer que estaba en esa línea, pero su gobierno terminó siendo abiertamente a favor del modelo neoliberal.

ADG

Claro. Lo que sí hubo en este país fue un voto crítico, antineoliberal. Incluso podría hablarse de búsqueda de una alternativa progresista. Todos, después de Fujimori, llegaron con una agenda de cambio. Alejandro Toledo no era un socialista o progresista, pero sí llegó con una agenda de cambio. Hasta Alan García tuvo que poner el slogan de “cambio responsable”. Y de Humala ni que decir. Llegó con su foto con Lula, hablando de Unasur y de la Constitución del 79. Que tengamos gobernantes que traicionan y se alinean es una cosa, pero creo que sí ha habido un electorado, una sensibilidad favorable a cambios, y que lamentablemente la crisis de movilización social, por la fragmentación, no puso obligar a Ollanta a que asuma el camino por el que fue elegido. Hay que diferenciar eso: que no haya habido un gobierno progresista, no quiere decir que no haya habido un electorado y un pueblo buscando una opción distinta. Incluso el voto de Verónika en el 2016 se explica por eso. Pese a la traición de Humala, hubo un 20% de la población que insiste en una opción de cambio.

EM 

No sé si usted siente que la derecha y los conservadores han hechos metástasis en las actuales elecciones generales en el Perú. Ahora tenemos muchos candidatos fujimoristas y un abanico de defensores del modelo económico. Pero, pese a la necesidad de cambios que necesita el Perú, quien lidera las encuestas es el exarquero de fútbol George Forsyth cuya propuesta es indescifrable.

ADG

Hay una crisis orgánica del modelo y de la derecha nacional, que tanto tiempo le apostó al fujimorismo. Keiko Fujimori fue su opción dos elecciones seguidas, tanto el 2011 contra Humala, como el 2016 contra Pedro Pablo Kuczynski. Tenemos un sector de centroderecha muy conservador, muy poco democrático. Ahora han entrado en crisis porque se les ha desmoronado su mejor opción, que era Keiko. Y están en búsqueda. Su fragmentación es expresión de esa crisis orgánica que está viviendo. Y sí, yo creo que con opciones cada una peor que la otra. Forsyth es un cajón de sastre: en su movimiento hay desde fujimoristas hasta evangelistas.

EM

Es una combi [NdelE: vehículo informal que en el Perú se utiliza para transporte público].

ADG

Donde oportunamente se han subido muchos, que, evidentemente, serán funcionales al modelo. De eso no tengo dudas. Y las otras opciones de la derecha ya son más variopintas: Rafael López Aliaga y el mismo Hernando de Soto, que yo creo que ya les bajaron el dedo porque no despegan.

EM

¿En el Perú está la derecha más retrograda de Latinoamérica?

ADG

Es una derecha torpe, retrograda, efectivamente. La derecha peruana prefiere quemar las naves a ceder un poco en sus paradigmas. Y, además, está combinada con una tecnocracia que también se cree falsamente eficiente. Creo que la teoría de la captura del Estado de Francisco Durand es interesante por eso. Tenemos esta derecha bruta, que ya la conocemos más o menos bien, pero también tenemos esta otra derecha más tecnocrática, que está enquistada en el Ministerio de Economía y el Ministerio de Inclusión Social, que incluso en las peores circunstancias pone por delante sus concepciones ideológicas.

EM

Esa tecnocracia es la que ha manejado el Perú durante los últimos treinta años.

ADG

Totalmente. Es la puerta giratoria, es la garantía de la continuidad del modelo. A Ollanta, el día que le ponen a su ministro de Economía, ya varios supimos por donde iba a ir la cosa.

EM

Es una tecnocracia conservadora, pero que se reinventa. Los que manejan ahora el país son los mismos que gobernaban con Alberto Fujimori, que luego se colocaron con Toledo, García, Humala y con Kuczynski.

ADG

Y que también hacen posta generacional. Hay una nueva generación de tecnócratas que ellos se consideran apolíticos, pero que son funcionales al modelo. La exministra de Economía María Antonieta Alva creo que es el tipo ideal de esa nueva generación: jóvenes formados en Estados Unidos. Seguro pueden ser muy inteligentes, pero terminan gobernando con un modelo que ha fracasado.

EM

Sí, concuerdo. La exministra María Antonieta Alva es el ejemplo más claro de esa tecnocracia, que se dicen progresistas, pero que son tremendos conservadores.

ADG

Progresistas seguros porque apoyan el matrimonio gay y otras demandas cool. Pero, son absolutamente conservadores en términos de apoyo al Estado y de realización de la sociedad.

EM

Las opciones se Verónika Mendoza de ser presidenta del Perú están más vigentes que nunca. ¿Le alcanzará? El camino es duro porque enfrenta a toda la derecha. Por ejemplo, los grupos empresariales ya empezaron la campaña contra ella acusándola de apoyar a Unasur. ¿Cómo aprovechar el momento de demandas que está dejando la pandemia? ¿Y cómo detener ese embate de los conservadores y defensores del modelo?

ADG

¿Cuándo es el momento? Esa es una gran pregunta. En el Nuevo Perú creemos que hay que construir ese momento. Y el 2016, con todo en contra, postulamos con el Frente Amplio, cuando nadie creía que íbamos a pasar la valla electoral, y se consiguió capitalizar un apoyo importante. Ahora seguimos siendo una opción importante, estamos mucho más preparados para ser gobierno. Es el momento de Vero, de un proceso de cambios estructurales. Está más claro que en el 2016, de que tal y como seguimos no vamos a ningún lado que signifique mejores condiciones para las mayorías. Ahora está más claro el fracaso de los grupos empresariales gobernando el país. Está más clara la descomposición de esta clase política, que se han turnado los gobierno. Está más claro que necesitamos una regeneración que incluya un trabajo desde el Estado, desde la sociedad.

EM

En el Perú siempre se dice que el peor enemigo de la izquierda es la propia izquierda. El embate contra la candidatura de Verónika Mendoza no vendrá solo de la derecha. Como candidatos de izquierda también se presentan Pedro Castillo y Marco Arana. ¿Cómo hacer frente a ellos que también buscarán aminorar a la candidatura de Verónika Mendoza?

ADG

Hay que ver más al pueblo, a la sociedad y menos a los partidos. Nosotros hemos tenido, y creo que eso está bien arraigado en el Perú, una izquierda que sufrió un repliegue tremendo. Yo empecé en la universidad a organizar luchas contra Fujimori y éramos muy poquitos lo que creíamos que esto debía ser político, orgánico y partidario. Venimos de una izquierda muy replegada, muy acostumbrada a buscar atajos. Todos fueron detrás de Toledo, de Ollanta, y todos, finalmente, fracasaron. El desafío es fortalecer una ruta propia y tener una concepción unitaria, en la diversidad. Se necesita un gran bloque popular unitario. De hecho, insistimos con el Frente Amplio. Nosotros sí quisimos ir en alianza, pero no se dieron las condiciones. Insistimos en una alianza con Perú Libre, que ahora está llevando a Pedro Castillo, y tampoco se dieron las condiciones. Creo que todavía hay mucho de machismo y de caudillismo en cientos sectores.

EM

Mencionaste el hecho de tomar atajos, algo que es muy peruano. Nuestra “modernidad” está llena de atajos y sobresaltos. Creo que, si algo nos identifica como república, es eso justamente. Somos un país con grietas tremendas y que no encuentran solución.

ADG

Esa es la gran derrota de la izquierda peruana. Primero, muy ideologizada en los setenta y ochenta. Y luego con una dificultad para recomponerse una vez pasado el golpe más duro, que fue con “Sendero Luminoso y el MRTA, la izquierda armada”. También está el golpe del fujimorismo y de todas las fuerzas de la derecha. Pero, cuando pasa todo, ¿cómo reconstruyes las organizaciones de izquierda, sobre todo el músculo que son las fuerzas sociales? Ahí está la gran brecha peruana, querer gobernar descuidando toda esa construcción, de ahí las luchas de estos años que han sido tan potentes, como Conga y Espinar. Además, somos una de las izquierdas más oenegeras de América latina

EM

Las grietas peruanas son únicas y profundas: el abandono de las poblaciones indígenas, de los sectores informales… la lista es muy larga. ¿Cómo cerrarlas?

ADG

Es un desafío. Es la deuda pendiente de la república. Cerrarlas pasa primero por un proyecto de país, que articule una visión conjunta y compartida por los distintos espacios, sectores e identidades. Por reconocer esta diversidad, que le es tan incómoda a las élites, que es a la vez étnica, cultural y de clase. Por eso es importante primero tener este proyecto de país. En el Perú hay muy pocos momentos donde se puso un proyecto de nación. Creo que Juan Velasco Alvarado lo hizo, y ya sabemos cómo recuerdan las élites a Velasco. Ahora creo que es otro de esos momentos: ahora que hemos vivido treinta años de neoliberalismo, que hemos visto la catástrofe del manejo privado de la salud y la educación.

EM 

Y tomando un poco a Ernesto Laclau y la cadena de demandas democráticas, creo que estamos justo, debido a la pandemia, en esos momentos de cambio. Hay peruanos que no puede pagar sus tarjetas de crédito, que no tiene agua e, inclusive, nada que comer.

ADG

El tema es cómo politizas eso en una clave transformadora y no en una clave antipolítica, que lo están haciendo gente como el candidato presidencial Daniel Urresti, como la congresista de su partido Cecilia García, que son gente de derecha conservadora, antisistema y antipolítica.

EM

Que es el populismo no progresista, que tanto daño hace y que es el AND del fujimorismo…

ADG

Exacto. Tal cual. Que tomó ahora vuelo con el brasileño Jair Bolsonaro. Y que ahora tiene varios candidatos: Rafael López Aliga, Fernando Cillóniz. Se aprovechan de ese malestar, de esa disconformidad, de ese fracaso del modelo, no para un cambio que sea beneficioso para la mayoría y que distribuya derechos, sino para el “sálvese quien pueda”. El momento está abierto, pero ese es el riesgo.

EM

Esa es también una misión que tiene el progresismo, a fin de cuentas. En el Perú se habla ligeramente de populismo y meten a todos en el mismo paquete. Hace unos días, justamente, vi un cuadro que publicó un conocido periodista, donde mostraba que entre las propuestas de Yonhy Lescano, Julio Guzmán, Verónika Mendoza y George Forsyth no había diferencia: todo eran populistas. El populismo se ha convertido en un cajón de sastre.

ADG

Es un “significante vacío”, ya lo decía Laclau. Y te sirve para unas cosas, sí, y para otras, no. Nosotros, por lo menos, no lo usamos. No nos parece que sea el elemento, el eje que nos permite hablarle mejor al país. Lo que ahora está en juego es más que llenar ese significante vacío. Es llenar este proyecto de país, esta esperanza, esta propuesta de cambio.

EM

O sea, buscan un Nuevo Perú, precisamente como se llama el movimiento que fundaron.

ADG

Sí. Creemos que hay que hacer un corte y pasar las páginas de muchas cosas e ir para adelante.

EM

¿Cuáles son los tres pilares de la propuesta de Nuevo Perú, ahora en coalición con Juntos por el Perú?

ADG

Finalmente, si ganamos, va a gobernar la coalición, pero creo que compartimos algunos pilares básicos. Lo primero: el Estado para la gente. Y parte de nuestra propuesta de nueva Constitución es fundamental, porque abre un nuevo pacto social, donde el Estado sea el eje central para reconstruir el país. Creo que los últimos treinta años, producto del Consenso de Washington, acá el Estado ha sido estigmatizado como lo negativo. Esa es la gran chamba de los neoliberales, del candidato Hernando de Soto.

EM

Hay que reconocer que en eso han triunfado…

ADG

Sí, y es que también teníamos un Estado destrozado después del primer gobierno de Alan García (1985). Tenían material para decir que se había fracasado. Triunfaron en esa forma: el Estado muy penalizado, muy estigmatizado; y además lograron consolidar una forma de Estado supeditada a la inversión privada. La inversión privada no te va a resolver los problemas de la gente si no le son rentables. Lo hemos visto: la inversión en salud no te va a resolver el COVID-19 si el Estado no interviene. Nosotros tenemos muy claro que si el neoliberalismo y la derecha logró el arrastre que tuvo, fue porque logró calar en las subjetividades, en los sentidos comunes de la gente, en vender esta idea del éxito individual a cualquier costo, del emprendedurismo.

EM

En aspirar a dar una conferencia TED…

ADG

Exacto. ¿Y cómo combatir eso que finalmente es esperanzador? Ese discurso es bien engañoso, te activa la sensibilidad neoliberal, como dice Diego Sztulwark. Te activa cosas, te seduce. ¿Qué le ponemos a eso? No va a ser un rollo estatista. No. Hay que buscar algo mucho más allá.

EM

Pero se empieza con la construcción de una narrativa…

ADG

Por eso nosotros asumimos la narrativa de los cambios de fondo, que es lo que ha dicho Verónika desde el comienzo: nueva Constitución, que es lo que te está poniendo los candados y te está obligando a seguir en piloto automático.

EM

La Constitución peruana, por ejemplo, no habla de la presencia del Estado en sectores estratégicos, pero sí del respeto a los Contratos Ley. Yo, particularmente, no entiendo a las personas que todavía se atreven a decir que no es un texto neoliberal ni abiertamente proempresa.

ADG

O cuando nos dicen: “para qué la van a cambiar entera, mejor ubiquen los cinco capítulos y cuatro títulos que quieren cambiar y trabajamos sobre eso”. Te quieren meter en un callejón procedimental y tecnocrático, cuando el debate es político y nacional. Por ahí va nuestra apuesta y la narrativa que queremos instalar: que es posible hacer cambios en el Perú, que sí podemos vivir de manera distinta, que sí es posible la distribución de los recursos.

EM

Tony Judt en su libro Algo va mal habla de la añoranza a los momentos socialdemócratas: en Europa, por ejemplo, el Estado de Bienestar; en Estados Unidos, el New Deal. Luego de leer ese libro yo me pregunté: ¿y en el Perú cuál fue nuestro momento feliz? Lo de Velasco finalmente terminó siendo un trauma.

ADG

Claro, por toda la contraofensiva que hace Francisco Morales Bermúdez. No llegó a ser un momento feliz. Eran los setenta, la izquierda se le puso en contra. Pero, creo que fue uno de pocos momentos en que se proyecto una noción de país.

EM

Repaso y no encuentro un momento feliz en la historia del Perú. ¿Quizá en el Tawantinsuyo, con el Imperio Inca?

ADG

Sí, estamos un poco huérfanos de esos momentos. Y los necesitamos.

EM

Y eso ha mellado mucho en nuestra autoestima como país. Somos una nación que se ilusiona rápido y creemos en ídolos de barro: Martin Vizcarra, Ollanta Humala. ¿Por qué nos pasa esto? ¿Somos tan carentes de autoestima?

ADG

Creo que hay que construir una narrativa nacional desde abajo. Yo viví mucho tiempo en México, estudié ahí la maestría y el doctorado, y me gustaba mucho cómo los mexicanos habían construido una narrativa popular. Se orgullecían de ser mexicano, no por la gran élite, sino por todas las luchas que habían tenida y que habían sido tan plebeyas: la Revolución, la lucha frente a Estados Unidos. En México sí vi que había un nacionalismo popular, pese a todos sus crisis y problemas, y eso les daba cierto orgullo. Como dices, acá en el Perú estamos bien caído de eso, y ello hace a nuestra tolerancia a la incompetencia, a la delincuencia, a la corrupción. En esa medida me pareció muy esperanzador las marchas de noviembre.

EM

Sí, pero terminó, una vez más, siendo capturada por los tecnócratas. El politólogo Alberto Vergara dice que el Perú es un cementerio de proyectos políticos. Yo creo que se quedó corto: también somos un cementerio de narrativa populares y de intentos de democratizadores.

ADG

Puede ser. Lo de noviembre no lo daría por enterrado. Si bien no escaló, no fue un estallido a la chilena. No iba a pasar eso, no tenemos el músculo organizativo que sí había en Chile, ni la politización que nunca dejo de existir en ese país pese a las crisis de sus partidos. Creo que las marchas de noviembre sí abrieron un marco de crítica, de cuestionamiento, y eso siempre es bueno.

EM

Pero las protestas se calmaron cuando Francisco Sagasti llegó a la Presidencia, y ya estamos viendo lo que está haciendo.

ADG

Fue ante la emergencia y urgencia, y ante un escenario electoral que estaba cerca. Si hubiéramos tenido elecciones en dos o tres años, quizá la situación habría sido distinta.

EM

Y, sin embargo, el líder de las encuestas presidenciales es George Forsyth. El Perú ha estado y está en manos de un cuarteto de terror: Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti y ahora posiblemente siga Forsyth. Muchos pensamos que las protestas democráticas de noviembre iban a ser un giro de verdad, pero eso no está pasando.

ADG

Creo que puede pasar, y ahí tenemos responsabilidad, los partidos y los que estamos en la pelea electoral, de enganchar esa emoción. La figura de Forsyth creo que expresa un descontento con los políticos tradicionales. Creo que el voto que está con él es crítico con el sistema, con los partidos políticos. No es gratuito, va por el lado del populismo de derecha.

EM

O también puede ser la figura del hartazgo de la política. Si Forsyth no fuera candidato presidencial, tranquilamente estaría como panelista de un programa cómico. Nuestra política ha tocado fondo, está en un proceso de farandulización.

ADG

También parte de un desprecio por los políticos. Muchos peruanos dicen: “por qué voy a votar por un político como Julio Guzmán, mejor voto por alguien como Forsyth, que al menos es simpático, chistoso”. Eso, evidentemente, es un riesgo para el país.

EM

Es como si la década de la antipolítica, como bautizó Carlos Iván Degregori a lo que fue el gobierno de Fujimori, hubiera durado treinta años.

ADG

Es una década que se extendió, que no termina, pero que creo que está en sus últimos estertores. El ciclo se va a cerrar, pero el tema es hacia dónde se va a abrir el nuevo. Como en los noventa, el ciclo que inauguró Velasco se cerró con el fujimorismo. Este ciclo se está cerrando porque el modelo que lo impulsó se está descomponiendo. Lo que se abre en el Perú con estas elecciones puede ser una continuidad renovada con Forsyth o Guzmán, o un momento de cambio, de un proyecto progresista, como el que estamos impulsando.

Sobre el entrevistador

Eloy Marchán es periodista y sociólogo, maestrando en Teoría Política de la Universidad Complutense de Madrid y reportero de la plataforma periodística El Foco.

Cierre

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Publicado en Artículos, Elecciones, homeIzq, Perú and Política

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