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Las finanzas son un sistema de control social

Traducción: Valentín Huarte

¿Qué es la finacierización, el proceso que todo el mundo parece reconocer en sus vidas cotidianas y sobre el cual leen en el diario? Es un sistema de control social.

por Seth Ackerman

 

 

 

Desde la denuncias populistas de los fideicomisos financieros hasta las teorías marxistas del «capital financiero», la crítica de izquierda parece definir en muchos casos a las finanzas como un actor social distinto que tendría sus propios intereses.

Pero el economista J. W. Mason brinda una interpretación radicalmente distinta del rol de las finanzas en la sociedad capitalista.

En esta larga conversación con Seth Ackerman, editor de Jacobin, Mason aborda el crecimiento de los fondos indexados, la crisis financiera europea y nos dice por qué deberíamos tomarnos en serio algunas palabras que están de moda, como «disrupción».


¿Qué es la financierización?

 

SA

«Financierización» es un término que está en boga. Todo el mundo parece reconocer que está sucediendo algo que se denomina financierización. Creen percibirlo en sus vidas cotidianas, lo leen en el diario, etc. Pero es difícil dar una definición precisa de este término.

Defines la financierización como «un sistema para limitar las elecciones de otros actores sociales». ¿Qué quieres decir con esto?

JWM

El término financierización se utiliza en todas partes, aunque se lo define generalmente de manera circular: la financierización implica «más finanzas», implica que más cosas estén bajo el control de las finanzas.

Nuestra forma de pensar este tema viene de la idea según la cual la lógica del mercado no se impone por sí misma: la lógica del mercado debe ser impuesta. Y una manera de abordar el rol de las finanzas es diciendo que impone la lógica del mercado y asegura que todo un rango de decisiones, que en los hechos, al menos potencialmente, podrían tener resultados muy distintos, terminan desarrollándose de acuerdo con la lógica de la mercancía y de la acumulación. Aquí nos inspiramos en los economistas Gérard Duménil y Dominique Lévy, entre otros.

El caso más obvio en el que nos concentramos es el de la corporación. En un sentido, la corporación es una forma organizativa típica del capitalismo moderno. Pero en otro sentido se trata simplemente un grupo de personas que obedecen a algún tipo de jerarquía y tienen roles definidos a la hora de involucrarse en un proceso de producción.

No está inherentemente relacionada con la producción de mercancías para obtener ganancias. Y si nos retrotraemos a la prehistoria de la corporación, esta era solo un cuerpo constituido de forma legal que cumplía una función determinada. El capitalismo se la apropió como una forma específica, pero no estaba destinada a esto desde sus orígenes.

En la otra cara de la moneda hay una larga tradición de pensadores, que incluye a Galbraith, Keynes, Veblen y muchos otros, que creían en una evolución natural, o al menos posible, de la corporación, que la convertiría en la base de algún tipo de planificación u organización colectiva de la producción, es decir, creían que fácilmente la corporación podría dejar de estar orientada hacia las necesidades de maximización de las ganancias.

Si alguien piensa que este tipo de evolución es posible, es lógico que se pregunte por qué no ha sucedido. Diría que la respuesta es que alguien lo impidió, que hay gente en la sociedad cuyo trabajo consiste en impedir que esto suceda. Hay gente e instituciones cuyo trabajo es garantizar que las corporaciones sigan bajo el dominio de la lógica capitalista, que sigan orientadas hacia la producción para la venta y la maximización de las ganancias. Hasta cierto punto, este es el rol fundamental de los accionistas y de sus defensores, y el de las instituciones que dan forma al capital accionario.

Esto queda un poco más claro cuando se observa la relación entre las finanzas y los Estados, porque en el caso de los Estados no cabe sospechar en ningún caso que deberían guiarse por la lógica de las ganancias o de la producción mercantil. Queda claro entonces que el rol que cumplen las finanzas es el de imponerle un cierto tipo de políticas al Estado, imponerle un cierto tipo de lógica, un cierto tipo de organización, sea el mercado de bonos o cualquier otra que podamos imaginar en su lugar.

Creo que esta es una forma más estrecha, más específica, y tal vez más fructífera de pensar la financierización que la que simplemente se contenta con afirmar que se trata de «más finanzas».

SA

Que es justamente como suele definírsela.

JWM

Correcto. Por ejemplo, Thomas Philippon, un economista de la Universidad de Nueva York, un personaje famoso, publicó hace algunos años un artículo que recibió mucha atención. Se titulaba «Has Finance Become Less Efficient?». Argumenta que sucede algo curioso porque, si se intenta medir de distintas formas el crecimiento en la cantidad de actividades de intermediación financiera que se desarrollan en la economía actualmente, no parece siquiera acercarse a la magnitud de las finanzas consideradas como una industria en términos de su participación en la producción o en el ingreso.

Parece que, durante las décadas recientes, los «costos de la intermediación» no han disminuido, sino más bien todo lo contrario. Lo cual puede resultar extraño si se piensa que se trata de una industria que está cumpliendo algún tipo de función útil. En realidad, se volvió menos eficiente durante el período en el que creció más rápidamente. Esto nos invita a plantearnos la siguiente pregunta: ¿para qué sirve realmente este sector, si no está haciendo lo que se supone que tiene que hacer, a saber, distribuir recursos escasos para la inversión?

La otra idea que queríamos criticar se sitúa en el extremo opuesto, ya que supone que las finanzas son un actor social diferenciado, que tiene un conjunto de intereses distintos, y que podemos hablar sobre el capital financiero como si tuviera sus propios intereses materiales distintos –u opuestos– al capital industrial o al capital en general.

Esto simplemente no encaja en la sociología del sistema bajo el que vivimos, en donde obviamente existen muchas relaciones entre estos grupos. En general, la riqueza que toma la forma de derechos sobre las ganancias de las empresas privadas también toma la forma de activos financieros. No hay un grupo distinto de personas ni de entidades que puedan definirse como capital industrial en oposición al capital financiero.

De nuevo, la perspectiva funcional sobre las finanzas, que la considera como el brazo ejecutivo de la clase capitalista en su conjunto, parece ser más productiva.

SA

En otras palabras, el marco que Philippon le da a su análisis parece sugerir que las finanzas son simplemente una industria entre otras, con la excepción de que se trata de una industria que ha disminuido su eficiencia. En ese caso, deberíamos analizar por qué disminuye su eficiencia.

Pero estás diciendo que tal vez, en un sentido más general, el sector no está atravesando ningún proceso de esta naturaleza. En cambio, podría estar justamente haciendo de manera eficiente lo que se supone que debe hacer.

JWM

Exactamente. Creo que los resultados de su estudio son interesantes en términos negativos, dado que permiten sentar las bases para plantear cuestiones diferentes.

Si no podemos explicar el crecimiento de las finanzas en términos de la función que se supone que debe cumplir como una industria, entonces podríamos decir: «Bueno, la cosa es bastante peor de lo que parece». Pero sería más natural decir: «Bueno, tal vez en realidad está cumpliendo otra función».

La paradoja de la propiedad privada

 

SA

En algún sentido, estás planteado una serie de paradojas o acertijos y ustedes exploran cómo su enfoque podría resolverlos o arrojar algo de luz sobre ellos.

Una paradoja que planteas tiene que ver con el rol de los accionistas en el capitalismo de EE. UU. y del Reino Unido. La noción de que los accionistas deberían tener voz en la gestión de las corporaciones se basa en la idea de que harán uso de su poder para presionar a las empresas de forma tal que se vuelvan más competitivas, más exitosas en la competencia.

Y sin embargo, escribes: «De manera irónica, a medida que la financierización concentra los derechos de propiedad en un puñado de grandes fondos, podría debilitar las bases ideológicas de la propiedad privada». ¿Qué quieres decir con esto?

JWM

La gran cuestión es que hubo un crecimiento de los fondos indexados y de otros fondos de inversión pasivos. La gente –los inversores, los pequeños accionistas del patrimonio financiero– ha reconocido que todos estos servicios que apuntan a brindar algún tipo de estrategia de inversión superior no tienen mucho valor, y que la mejor opción es comprar uno de estos fondos indexados que simplemente conserva una serie de valores indexados –siguiendo el S&P 500 o algún otro índice– en proporción a su participación en esas acciones.

SA

Vanguardia, las compañías de fondos mutuos fueron pioneras en esto.

JWM

Sí, pero crecieron rápidamente y terminaron siendo adoptadas por gran parte de los inversores institucionales, no solo por pequeños inversores individuales. Y el resultado es que hay una gran fracción de corporaciones que son propiedad común de un puñado de fondos grandes.

Citamos un artículo de José Azar en el cual informa que, en 1999, menos del 20% de las empresas que forman parte del S&P 1500 compartían algún accionista significativo, es decir, uno que poseía el 5% o más de sus acciones. En otras palabras, si se elegía al azar dos empresas que cotizaban en la bolsa, era relativamente improbable –una probabilidad de uno sobre cinco– que compartieran un accionista significativo.

En 2014 esta misma proporción llegó a 90%. En otras palabras, casi todas las compañías comparten grandes accionistas con otras grandes compañías.

SA

Subió de menos de 20% a 90% en menos de veinte años.

JWM

Correcto. No es que haya habido un gran cambio en la distribución de quiénes poseen la riqueza en última instancia, sino que las acciones son propiedad de un número relativamente pequeño de vehículos financieros que, en distintos momentos, les pertenecen a un grupo de personas muy disperso.

Pero tal como Azar y otros han señalado, desde la perspectiva del valor para los accionistas, la lógica de la maximización de las ganancias cambia sustancialmente. Si cada empresa tiene un conjunto distinto de accionistas, «maximizar las ganancias para los accionistas» es básicamente lo mismo que «maximizar las ganancias para la empresa». Pero cuando los mismos accionistas participan de todas estas distintas empresas, esos dos objetivos son muy distintos.

El ejemplo que suele citar es el de la industria de las aerolíneas. En gran medida, lo que las aerolíneas hacen para competir entre sí es conquistar porciones más grandes del mercado ofreciendo precios más bajos que sus competidores. Eso es lo que se supone que debe hacer una empresa capitalista. Se supone que esta es la forma en la que los estándares de vida y la productividad crecen bajo el capitalismo: las empresas tratan de debilitarse las unas a las otras, ofrecen precios más bajos, mejor calidad y les roban clientes a sus competidores.

Pero si todas tienen los mismos accionistas, entonces este comportamiento, desde el punto de vista de los accionistas, es realmente contraproducente. Porque básicamente están poniendo dinero en los bolsillos de algunos de los accionistas de una de estas aerolíneas sacándolo de los bolsillos de otra aerolínea que también les pertenece.

Un accionista que posee todas las aerolíneas más grandes solo quiere que dividan su participación en el mercado de una forma estable. Lo último que quiere es ver que compiten entre sí y que reducen sus tarifas para beneficiar a los clientes sin generar necesariamente más dinero.

SA

«Competencia salvaje», como solían decirle.

JWM

Claro. Bueno, tu «competencia salvaje» es mi «sacrificio para incrementar la productividad». Es así como se supone que debería funcionar el capitalismo. Se supone que las empresas deben competir unas con otras.

El único argumento real para sostener este sistema de producción es que impulsa la innovación e impulsa la reorganización de la producción, porque los capitalistas enfrentan constantemente la amenaza de ser reducidos por sus competidores si no adoptan las mejores tecnologías, las más efectivas y las más nuevas, y si no generan nuevos productos y nuevos procesos. Es decir que, si los capitalistas no hacen todo esto, se quedan atrás.

Si sacamos la competencia, no está claro cuál es la función que debería cumplir la propiedad privada. Si la evolución de las finanzas nos lleva a una situación en la cual tenemos un solo conjunto de instituciones –o, en el largo plazo, tal vez una sola institución– que posee todas estas empresas, entonces la presión de los accionistas se volverá contra la competencia. No quieren que estas empresas ganen cuotas de mercado las unas a expensas de las otras.

SA

Es difícil escuchar lo que dijiste sin pensar en los debates que se desarrollaron a fines del S. XIX y a comienzos del S. XX, cuando mucha gente –probablemente hasta el mismo Marx– predijo que, o bien las empresas terminarían siendo gestionadas por un número muy reducido de administradores, o bien la riqueza subyacente se concentraría en las manos de un número cada vez más reducido de personas. Y, en cualquier caso, esto socavaría la lógica básica que hizo del capitalismo un sistema política y económicamente exitoso.

JWM

Sí, creo que hay muchas semejanzas. Aunque también hay aquí una especie de dialéctica.

Hasta cierto punto, había oligopolios estables que incluían a unos cuantos grandes productores que no competían agresivamente entre sí. De esta forma se generaba un excedente, del cual se retenía una parte, tal vez para utilizarlo en grandes obras de infraestructura, mientras que se compartía otra parte con los trabajadores, que en aquel momento gozaban de condiciones más favorables a la sindicalización en el marco de oligopolios estables.

Este esquema fue intencionalmente desbaratado a partir de los años 1970 y 1980. Se hicieron grandes campañas para forzar a estas empresas a que se comporten de otra forma, campañas que se llevaron a cabo en gran medida, aunque no exclusivamente, a través de las finanzas. Sin embargo, una generación más tarde observamos el mismo resultado objetivo, solo que ahora este se alcanza a través de las finanzas: tal vez hay más empresas teóricamente competitivas, pero a nivel de la propiedad no son más que un puñado.

Ahora bien, que esto genere un excedente accesible en términos políticos depende de nosotros. Pero hay un sentido en el cual puede decirse que el arma que se suponía que mantendría a raya la autosocialización del capital, parece tender a socializarlo.

SA

Y sin embargo, cuando miramos alrededor, tenemos al menos la impresión de que la gente y las empresas sufren una presión cada vez mayor para producir y lograr un mejor desempeño, sobre todo en comparación con lo que sucedía en los años 1950 o 1960. Ciertamente parece la fábrica social de una economía con mucha competencia intensiva.

JWM

Hasta cierto punto, los mismos resultados de la competencia pueden alcanzarse por otros medios. Otra vez, en un sentido, lo que se supone que deben hacer las finanzas frente a otras corporaciones, es crear las presiones de la competencia sin que exista competencia real. Esto es así si existe la posibilidad de deshacerse de una administración cuando falla en relación con un objetivo determinado, si existe la amenaza de un cambio de gestión que crea la misma atmósfera aun en ausencia de competencia.

En cierto sentido, para esto sirven las finanzas. Incluso alguna gente que sostiene que los accionistas deberían cumplir un rol empresarial más importante y que las finanzas deberían tener más derechos sobre las ganancias estaría dispuesta a decir que ese es el objetivo. Si la competencia no está generando este sentimiento de inseguridad, o de miedo, entre la gente que dirige los negocios, hay que estimularlo artificialmente.

Debería agregar que durante la Segunda Guerra Mundial, cuando había una especie de economía planificada, hubo cierto esfuerzo por parte del Estado para hacer algo parecido. De hecho, lo dijeron claramente: «Debemos generar una atmósfera competitiva, a pesar de que no existe en este momento ningún tipo de proceso de competencia de mercado. Debemos asegurarnos de que estos tipos no se sientan tan confiados».

SA

Tal vez son las dos cosas. Podría suceder que la concentración produzca menos competencia para unas pocas empresas poderosas y más competencia para todas las otras empresas. Por ejemplo, pensemos en todas las industrias afectadas por Facebook o Google: todo el mundo siente como si estuviese permanentemente bajo una presión competitiva creciente (que no proviene de competidores directos, sino solo de esas dos grandes empresas).

JWM

Sí. O podríamos hablar de los proveedores de Walmart. La centralización de la distribución y el poder de Walmart crean una intensificación de la competencia para las partes que están más arriba en la cadena de suministro.

Disciplinando a Europa

 

SA

Otra paradoja de la que hablas tiene que ver con la respuesta europea a la crisis financiera. En los años 2000, los mercados financieros les prestaron mucho dinero a bajas tasas de interés a los gobiernos periféricos de Europa y, luego de que estalló la crisis, estos gobiernos terminaron al borde del default.

El enfoque general de los políticos europeos fue que la crisis había sido causada por la manipulación de los cálculos de riesgo de las deudas públicas (en otras palabras, prestar demasiado sin muchas condiciones). Sin embargo, tú señalas que su respuesta política fue intentar intensificar el control del mercado financiero sobre la deuda pública.

JWM

Sí, esto está muy claro. Es desconcertante para mí que la gente sea capaz de mantener este nivel de disonancia cognitiva. El análisis estándar sostenía que, antes de la crisis, los inversores consideraban que, con el euro, las deudas de los gobiernos griego, italiano y español eran tan seguras como la deuda alemana, y que esto explicaba la convergencia de las tasas de interés. Se volvió muy fácil que los gobiernos de los países periféricos contrajeran deuda en exceso y de manera desenfrenada, y esto creó las condiciones para la crisis.

Ignoremos el aspecto factual de que el único caso en el que efectivamente hubo un gran incremento de la deuda pública antes de la crisis fue el de Grecia. Aun dejando esto de lado, la misma gente que dice que hubo este gran problema con la manipulación de la deuda pública –que los mercados exageraron la convergencia de las condiciones de los países de la región y, por lo tanto, no pidieron tasas de interés excepcionales para las deudas de los gobiernos del Sur, lo cual resultó en el hecho de que estos gobiernos pidieron demasiado–, luego voltea y dice: «Y lo que realmente debemos hacer para avanzar es intentar mejorar la integración financiera, la movilidad financiera, y crear mejores condiciones para el libre flujo de capitales en Europa».

Esto es un poco abrumador, porque esta gente dice que lo fantástico de estos mercados abiertos de capital es que disciplinan a los gobiernos: crean condiciones bajo las cuales los gobiernos no tienen un banco central cautivo que garantiza que sus deudas sean financiadas y, por lo tanto, deben convencer a los inversores privados de que sus programas son viables. Obviamente, este tipo de razonamiento está muy extendido.

Pero la misma gente que dice esto, luego dice que la fuente de la crisis es que los mercados manipularon las deudas de los gobiernos, y que fue precisamente el fracaso de estos mercados para garantizar esta disciplina la que creó esta terrible crisis.

Honestamente me desconcierta un poco cómo alguna gente se las arregla para reconciliar estas dos perspectivas, pero lo cierto es que lo hacen.

SA

La posición alemana en todo este asunto fue interesante, porque un elemento central de su política de reformas para prevenir crisis futuras fue intentar forzar a los tenedores de deuda de los gobiernos a que acepten las pérdidas en vez de rescatarlos.

Al menos superficialmente, esto parece una movida en contra de las finanzas. Pero tu argumento fue que si seguimos escudando a los tenedores de deuda frente a las pérdidas, entonces será imposible imponer la disciplina de mercado que se supone que ellos deberían imponer.

JWM

Sí, esto plantea el problema de la distinción entre las finanzas concebidas como un actor social distinto, con sus propios intereses, frente a las finanzas concebidas como una institución cuya función es mantener la disciplina de mercado allí donde no existiría de otra forma.

Porque es verdad, desde el punto de vista de las finanzas concebidas como un actor social, imponer la aceptación de las pérdidas es algo malo. Pero desde el punto de vista de mantener la efectividad de las finanzas como un dispositivo de disciplinamiento de los Estados, tiene mucho sentido.

SA

Como un contrapunto de Europa, utilizas a India como ejemplo de un lugar en el cual las cosas se desarrollaron de una forma bastante diferente. ¿Podrías explicarnos en qué sentido India es distinta y por qué?

JWM

Lo interesante es que, de algún tiempo a esta parte, en India ha habido gobiernos que, en teoría, en sus declaraciones públicas, estaban muy comprometidos con la liberalización. Son gobiernos conscientemente neoliberales que quieren hacer retroceder la gestión pública de la economía que existió desde las primeras décadas de la independencia. Realmente quieren expandir el rol de los mercados, quieren privatizaciones, etc.

Y luego, si miramos a lo que realmente sucedió, especialmente en el caso de las finanzas, la cosa es mucho menos dramática. La mayoría de los sistemas bancarios siguen estando nacionalizados. No hay un desarrollo de los mercados financieros comparable con el de los EE. UU. Ciertamente no existe la posibilidad de que los accionistas controlen compañías no financieras de la manera en la que se lo hace en EE. UU. No se observa una tendencia mayoritaria de corrimiento en la financiación de las empresas desde los bancos hacia los mercados financieros. Esta fue una de las claves de la financierización en EE. UU. y en todas partes.

En algún sentido, es gracioso. A pesar de que durante mucho tiempo han tenido gobiernos que están muy convencidos de que la liberalización es el camino a seguir, no han avanzado muy lejos en esta dirección.

Lo que sugerimos es que la noción de que las finanzas imponen una lógica de mercado sobre la actividad productiva funciona en dos sentidos. Por un lado, si hay un sector financiero muy grande, habrá mayor adhesión a la lógica de la producción mercantil, a la lógica de la acumulación. Pero, por otro lado, si el Estado tiene otras metas sociales importantes que la impiden, entonces no será posible llevar muy lejos la financierización.

Y la legitimidad del Estado indio depende en gran medida de la redistribución. Depende del crecimiento económico rápido, con el cual la financierización y la lógica de mercado no se llevan muy bien. Se necesitan condiciones estables para financiar las inversiones, condiciones de las que las corporaciones no gozan cuando son extremadamente sensibles a los accionistas.

SA

Y las autoridades se dan cuenta, aun si toda su retórica parece negarlo.

JWM

Correcto. No puedo saber si lo registran conscientemente. Pero en la práctica, las cosas se desarrollan cuando se presentan problemas y hay que resolverlos; se encuentra alguna resistencia y, dependiendo de la fuerza relativa de los compromisos asumidos, se presiona contra esa resistencia o se retrocede.

Y el Estado indio, por muchos motivos, está muy comprometido con un programa de desarrollo y con un programa que implica cierto grado de redistribución. En algún sentido, fueron forzados, por la presión de los acontecimientos, a dar marcha atrás con el programa de liberalizar las finanzas aunque, ideológicamente, es el programa que les gustaría implementar.

El sistema monetario y sus disgustos

 

SA

Bajo estas paradojas individuales hay una especie de metaparadoja, o al menos una profunda tensión entre los dos roles que parecen jugar las finanzas.

Por un lado, las finanzas juegan el rol de relajar la disciplina de mercado, en el sentido de que permiten que la gente gaste más de lo que suman sus ingresos reales, o su riqueza, posibilitándoles reunir dinero en los mercados financieros. Y sin embargo, según el cuento convencional, también se supone que las finanzas jueguen un rol benéfico al imponer la disciplina sobre quienes despilfarran.

JWM

Eso es correcto. Podría decirse que la teoría económica dominante evita esta paradoja asumiendo un mundo de liquidez infinita en el cual todos podemos acceder a nuestros ingresos de cualquier fecha futura para gastarlos hoy.

Pero en el mundo real, el límite que el mercado nos impone es que no podemos gastar hoy más dinero del que hay disponible. Lo cual, llevado al extremo, implica que el ingreso que juntamos en el pasado representa un límite a cuánto podemos gastar hoy. Esta es la forma final de la disciplina de mercado y, en este sentido, toda la función de las finanzas es eliminar esta disciplina para permitir que gastemos hoy en base a los ingresos futuros de los que todavía no disponemos y que probablemente no recibamos.

En un sentido muy básico, el motivo por el cual existe un sector financiero es permitir que funcionen las empresas que generan pérdidas. Las empresas que generan pérdidas son las aquellas cuyas actividades no generan suficientes recursos para autosustentarse, y este es el motivo por el cual deben acudir al financiamiento en primera instancia. Esto es lo que significa, en términos de liquidez, invertir: se desarrollan actividades que, en el presente, no son sustentables. Hay expectativas y se cree que en el futuro serán sustentables, pero en ese momento no lo son.

El propósito de las finanzas es permitir que esto suceda, permitir que las creencias y las expectativas de las personas sobre el futuro tomen precedencia sobre los resultados reales alcanzados en el presente. Pero luego, por otro lado, se supone que el juicio de las finanzas impondrá la disciplina de mercado, aun sobre actores que de otra forma no estarían sujetos a ella, como los Estados y, potencialmente, las grandes empresas cuyas ganancias actuales son superiores a lo que necesitan para mantenerse y para alcanzar sus niveles deseados de crecimiento.

Esta tensión puede observarse en las formas en las que la gente habla de las finanzas desde el comienzo. Si consideramos el ensayo sobre el dinero de David Hume, en un primer momento afirma que todo el negocio de los bancos debe ser considerado como sospechoso, precisamente por este motivo: los bancos crean estos derechos de papel que no están necesariamente atados a ninguna actividad productiva real; por lo tanto, los mejores bancos serían aquellos que solo operaran como cajas de seguridad. Que solo aceptaran las monedas de las personas y nunca hicieran ningún préstamo, eso sería lo mejor. Cualquier otra cosa implica crear este capital ficticio que desplazará la actividad mercantil legítima y real.

Pero luego vuelve sobre la misma cuestión y habla sobre lo maravillosos que son estos nuevos bancos escoceses y cómo le permiten a la gente obtener líneas de crédito en base a cualquier tipo de riqueza. En sus propias palabras, un comerciante ahora puede «transformar toda su casa en dinero». Su casa, sus muebles, los productos que tiene en el depósito, todo puede servir para acuñar dinero.

SA

Con lo cual quiere decir «colateralizar».

JWM

Correcto, pero en esta frase es más preciso «acuñar». En otras palabras, sus bienes son tan buenos como el dinero. Pueden servir como colaterales porque es posible tomar un préstamo de corto plazo poniéndolos como garantía y con el dinero pagarle a otra gente. Todos estos bienes materiales se vuelven tan buenos como el dinero.

La gente siempre se hizo estas dos ideas, lógicamente inconsistentes, pero con frecuencia mantenidas una al lado de la otra, para explicar qué es lo que está mal con el sistema monetario: por un lado, que es demasiado ajustado en términos de la proximidad que exige entre el gasto corriente y el ingreso corriente, pero, por otro lado, que es excesivamente blando y fomenta la especulación, lo cual significa sobre todo que usa las creencias sobre el futuro como base para las actividades del presente.

No se trata solo de una confusión, sino que es una paradoja profunda y real que tiene que ver con cómo funcionan realmente el crédito y las finanzas.

SA

Esta misma confusión estuvo en el corazón de toda la controversia de los bancos durante la era jacksoniana. Andrew Jackson y los oponentes jacksonianos del Banco de los Estados Unidos nunca estuvieron realmente seguros de si el problema era que aquel estaba siendo demasiado estricto o demasiado blando con el dinero.

JWM

Absolutamente. Justo estaba leyendo sobre esto, y estos debates son fascinantes precisamente porque esta gente, que básicamente especula y hace préstamos de terrenos, se opone al Banco de los Estados Unidos porque quiere que cualquiera pueda fundar su propio banco. Y luego, también se le opone al Banco de los Estados Unidos gente que no cree en absoluto en los bancos y piensa que todo debería ser dinero en efectivo, pago inmediato, pago en metales o bienes. Pero ambos grupos odian al Banco de los Estados Unidos.

En un sentido, toda la historia de la reforma monetaria y financiera se trata del intento de encontrar una fórmula para resolver esta cuadratura del círculo, sea que se trate de la doctrina de las real bills, del patrón oro o de la regla de Taylor.

Trastocando el mundo

 

SA

Empezamos hablando acerca de cómo la «financierización» se convirtió en una etiqueta general sin una definición convincente.

Lo mismo se dijo de la palabra «neoliberalismo». Hay mucho debate sobre si la palabra neoliberalismo tiene un significado preciso, sobre si se refiere realmente a algo del mundo o si es más bien un calificativo vacío con el cual atacar a otras personas.

¿Qué podrías decir de la relación entre la financierización, tal como la definiste, y esta cosa o «no cosa» aparente denominada neoliberalismo?

JWM

Bueno, no siento mucha afinidad por la gente que argumenta que el término neoliberalismo no significa nada. En primer lugar, hay personas que se identifican, o que se han identificado, como neoliberales y han planteado al neoliberalismo como un programa consciente.

Pero puede suceder que, si no podemos concebir una vida social organizada de ninguna forma que no sea el intercambio de mercancías, si no podemos concebir ningún derecho que no sea un derecho de propiedad, sino podemos concebir ningún tipo de meta ni de principio organizativo de las actividades de producción colectivas que no sea la maximización de las ganancias o algún tipo de suplemento de las ganancias, entonces el término neoliberalismo no tenga mucho sentido. Porque la extensión de la lógica de mercado no puede ser analizada por alguien que tiene una perspectiva según la cual todo ya está organizado o debería estar organizado como un mercado.

Supongo que podría decirse que el neoliberalismo es más amplio que la financierización, en el sentido de que el crecimiento de las finanzas tiene que ver con la imposición de la lógica de mercado sobre dominios cada vez más amplios de la actividad humana. Pero no es el único instrumento que sirve a este propósito. Podemos imaginar e incluso señalar otros métodos de imponer esta lógica que no tienen prácticamente nada que ver con lo que denominaríamos instituciones financieras, con el desarrollo de los mercados financieros, ni con nada que se les parezca.

SA

Una vez que la financierización ha triunfado, una vez que se acepta una disciplina fiscal más amplia para asegurarse de que todos los dominios de la sociedad siguen la lógica de los mercados y la maximización de las ganancias, se crean toda una serie de disrupciones en la sociedad. Cualquier tipo de institución, incluso las no mercantiles, tendrá que ajustarse a ella. La gente tendrá que ajustar sus vidas, incluso en lo que respecta a su intimidad.

Entonces, tal vez, el «neoliberalismo» se refiere, en parte, al conjunto de estas respuestas y de estos ajustes.

JWM

Sí. Me alegra que hayas usado la palabra «disrupción», porque esta es una palabra que deberíamos tomarnos en serio.

La evolución normal de las cosas, en la esfera económica, indica que debería establecerse un patrón de producción –con un conjunto de responsabilidades y derechos sobre las ganancias para varios participantes–, que luego gana fuerza moral y se vuelve familiar. En ese punto ya no es necesaria la mediación de los mercados. La gente se acostumbra a trabajar junta, se acostumbra a ejercitar ciertos derechos y a cumplir con sus responsabilidades. Entonces, la gente que trabaja en una empresa por mucho tiempo puede seguir operando esa empresa aun sin los estímulos del mercado. Tienen el conocimiento, los hábitos, las relaciones y un compromiso personal con ella.

Y luego viene alguien y dice: «Vamos a romper todas estas relaciones; vamos a tratar lo que la gente considera como derechos morales como arreglos meramente contractuales; vamos a decirle a la gente, de forma más o menos coercitiva, que debe involucrarse en otro tipo de actividades».

Desde el punto de vista de alguien que desarrolla sus actividades en un entramado particular de relaciones, que vive de un determinado tipo de actividad, esta disrupción puede ser muy perturbadora. Es algo malo. Es costoso. Es atemorizante, y no es algo a lo que la gente esté dispuesta a adaptarse si tiene otra opción.

Cuando la gente de las finanzas dice que está involucrada en la disrupción, creo que tienen razón. Es algo por lo que deberíamos darles crédito. Y luego deberíamos decir que no necesitamos tanta disrupción.

SA

Por supuesto, a la gente no le gusta la disrupción. Pero viven en un mundo en el que esta es una constante. Y la gente hace lo mejor que puede. Debe ajustarse y cambiar sus acuerdos, sus perspectivas y su comportamiento.

Y si observamos las dolencias del mundo contemporáneo, los resultados pueden no ser muy agradables.

JWM

Eso es correcto. Las finanzas, en algún sentido, están ahí para evitar que la gente se sienta demasiado cómoda, demasiado segura. Pero, como dijiste, cuando se les arrebatan la comodidad y la seguridad a las personas, la reacción que obtenga a cambio puede no ser agradable.

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