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(Flickr)

GameStop muestra la inutilidad del mercado bursátil

Traducción: Valentín Huarte

Los bromistas que están detrás de la burbuja GameStop de 2021 probablemente pierdan mucho dinero. Pero le hicieron un favor al mundo al recordarnos la completa inutilidad del mercado bursátil, una institución que no sirve a ningún propósito más que el de enriquecer a un puñado de personas que no se lo merecen.

¿Quién hubiera pensado que GameStop terminaría siendo semejante jugada?

El verano pasado, parecía que las operaciones de la distribuidora de videojuegos se desplomaban. La empresa estaba perdiendo dinero, sus ventas estaban cayendo desde hacía años y las acciones se negociaban en la bolsa a precios cercanos a los 4 dólares. Mientras escribo este artículo, el miércoles 27 de enero, las mismas acciones se negocian a un mínimo de alrededor de 339 dólares. Al cierre de las negociaciones del martes, el precio era tan solo de 148 dólares. 129% no es un mal rendimiento, sobre todo teniendo en cuenta que se produjo de la noche a la mañana. Tres días antes, el precio era de 38 dólares. Creció casi diez veces ese mismo precio en menos de una semana. ¿Por qué?

Para responder esto hay que explicar el concepto de posición corta, que seguro es prácticamente incomprensible para la gente normal. Una posición corta es una apuesta a que el precio de una acción (o el de cualquier otro activo especulativo, como los bonos o el oro) disminuirá. Pero para hacer esta apuesta, es necesario vender algo que todavía no se posee, lo cual no entra en absoluto en los parámetros de un comportamiento normal. Para lograrlo, es necesario pedir prestadas acciones a alguien que efectivamente las posee. Como sucede con cualquier préstamo, es necesario pagar un interés por el activo en cuestión. Y también hay que depositarle algún colateral al corredor de bolsa para garantizar que uno califica para la operación. La esperanza está puesta en que el precio caerá, y entonces será posible comprar las acciones –ponerse corto, según la jerga– a un precio menor. La ganancia surge en este caso de la diferencia entre el precio de la venta original y el precio al que se cierra la compra, restando los intereses pagados por el préstamo.

Pero, ¿qué pasa si nos equivocamos y el precio sube? Entonces estamos en problemas. Cuando uno compra una acción, el riesgo que se asume es perder el equivalente al precio de compra, pero no más que eso. Con la posición corta, si uno se equivoca, no hay ningún límite predeterminado de cuánto se puede perder si los precios siguen subiendo. Y si el precio sigue subiendo, el corredor de bolsa demandará más garantías en forma de dinero real. Entonces se plantea la alternativa entre rendirse –ponerse corto y asumir la pérdida– o seguir despilfarrando más en el colateral que respalda una posición perdedora con la expectativa de que las cosas finalmente darán un vuelco favorable.

Volvamos a GameStop. En agosto, el inversor Ryan Cohen, que fundó Chewy, una compañía minorista de venta de alimento para mascotas, para venderla luego obteniendo cuantiosas ganancias, empezó a comprar acciones de GameStop. Le dijo a la empresa que era momento de ponerse a la altura de la era digital, cerrar muchos de sus locales y mudarse a la red. Los inversores, a la expectativa de un mejor futuro para esta agonizante empresa minorista, agotaron las acciones, que triplicaron su precio para fines de noviembre. Tal vez hubo algo de optimismo injustificado, pero no era una locura. Sin embargo, algunos fondos de cobertura, especialmente Melvin Capital Management, empezaron a apostar en corto con GameStop, creyendo que los mitos de recuperación eran un delirio.

Esto les dio pie a los habitués del subreddit Wall Street Boys, entre cuyos miembros se destaca un usuario conocido como DeepFuckingValue. Empezaron a hacer campaña a favor de la empresa y a comprar acciones. No solo los motivaba la perspectiva de ganar un poco de dinero, sino también el chiste de hacer quebrar a algunos fonditos de inversión. Empezaron a comprar acciones en grandes cantidades, tal como dicen quienes se quejan en Wall Street. El precio resultante de estas operaciones forzó la salida de los fondos que habían invertido en corto, como Melvin. Esta demanda, más la de los redditores, hizo crecer por las nubes el precio de las acciones.

GameStop se ha convertido en una de las grandes burbujas de nuestro tiempo. El martes 26 de enero se negociaban más acciones en GameStop que en Apple, que tiene el mayor capital accionario, con un valor de mercado total que equivale a 108 veces el de la empresa. Tal como dijo James Mackintosh del Wall Street Journal, la acción del precio y el volumen de las operaciones tomadas en conjunto sugieren un «desajuste en la capacidad de juicio de las personas».

Las burbujas como esta siempre terminan en un crack y los redditores que no vendan sus acciones terminarán con una bolsa bastante desinflada. (De manera sorprendente, el anuncio de que Melvin se puso corto la noche del martes no parece haber aguado la fiesta. Las burbujas generalmente van mucho más lejos de lo que los simples racionalistas son capaces de predecir). Mientras tanto, es gracioso observar cómo algunos personajes de Wall Street se quejan argumentando que hay algo injusto en esta maniobra, sobre todo cuando se considera que es el tipo de juego en el que compiten unos con otros todo el tiempo, arrastrando tras de sí a la población en general. Hacen que las acciones suban y bajen, promoviendo sus intereses sin ningún tipo de miramientos, y conspiran permanentemente contra aquellos a quienes consideran como jugadores débiles o vulnerables. Sucede simplemente que los especuladores con nombres como DeepFuckingValue, que los están atacando violentamente en este momento, no son las personas «indicadas» para hacerlo. No viven en casas de Greenwich que tienen veinte garajes.

Todavía más divertidos son los «honestos» que piensan que este tipo de juego pervierte de alguna forma la función del mercado bursátil. Josh Barro, columnista del Business Insider, declaró en Twitter: «Sé que hay gente que piensa que esto es gracioso, pero, ¿para qué tenemos un mercado bursátil? Para que las empresas productivas puedan reunir capital para hacer cosas útiles. Separar el precio de las acciones del valor básico (GameStop cuesta ahora casi tanto como Best Buy) impide que los mercados sirvan a los intereses de la economía real».

Lo más gracioso de estos comentarios, además de esta «honestidad» que roza la comedia baja, es que el mercado bursátil no tiene prácticamente nada que ver con reunir dinero para inversiones productivas. Casi todas las acciones que se negocian en el mercado, incluyendo las de GameStock, se emitieron el año pasado, lo cual significa que las empresas no perciben ni un centavo de las operaciones cotidianas. Las empresas efectivamente emiten acciones de vez en cuando en las denominadas ofertas públicas iniciales (IPO), pero según los datos aportados por el profesor de economía Jay Ritter, durante los últimos veinte años las IPO han recaudado un total acumulado de 657 000 millones de dólares, cantidad que se sitúa muy por debajo del 2% de la inversión que las empresas hicieron durante el mismo período en cosas como infraestructura y equipamiento. En el mundo real, que se opone a la imaginación de Barro, las empresas reúnen casi todos sus fondos de inversión de manera interna por medio de las ganancias. En vez de recaudar dinero de los accionistas, las empresas entregan a estos últimos grandes sumas de dinero. Desde el año 2000, las quinientas empresas más grandes que forman parte del índice bursátil Standard & Poor’s 500 han gastado 8,3 billones de dólares comprando sus propias acciones para incrementar su precio, lo cual representa casi la mitad de sus ganancias del mismo período y casi el 20% de las inversiones privadas de las últimas dos décadas. Las recompras de acciones no solo hacen felices a los accionistas, sino que también engordan los recibos de sueldo de los ejecutivos, dado que en los días que corren a los jefes se les paga principalmente con acciones.

Dejando de lado las risas, este drama, como el alza aparentemente infinita de los precios bursátiles desde 2009, interrumpido brevemente por el miedo al COVID-19 en marzo, es una señal de que el sistema financiero está absolutamente desconectado de la realidad económica. Los billones de dólares desembolsados para ayudar a las empresas y las inyecciones de la Reserva Federal en el mercado bursátil han creado un monstruoso pozo surtidor de dinero que no tiene otro destino más que los activos especulativos. Esto en un momento en el cual las Unidades de Cuidados Intensivos están llegando al límite de su capacidad y 24 millones de personas les dicen a los entrevistadores de la Oficina del Censo de los Estados Unidos que están teniendo problemas para reunir el dinero suficiente para comer. Barro haría mejor en preocuparse por esto.

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