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Introduciendo Jacobin

Traducción: Valentín Huarte

Por qué existimos. Editorial del primer número de la edición norteamericana de Jacobin

1/1/2011

Las publicaciones con audiencias minúsculas tienen facilidad para hacer pronunciamientos majestuosos. Una apertura grandilocuente, algunos clichés acerca de “resucitar el discurso intelectual”, seguidos número a número de la misma mierda de siempre. Podemos admirar la confianza de estos colegas, pero hay algo patológico en esta tendencia.

Tales      delirios surgen de un justificado sentimiento de impotencia. El intelectual público nació      y se desarrolló      a lo largo del siglo veinte, pero dejó sin dudas un legado ambivalente. Estaban aquellos que se oponían a la injusticia y a todo provincianismo –defendiendo a Dreyfus y la universalidad de los derechos, tomando partido en contra del fascismo, del estalinismo y del imperialismo– pero no estaban solos. Estaban también aquellos que eran seducidos por el nacionalismo. Estos pensadores anhelaban restaurar una integridad social perdida, renovarla mediante la catástrofe, y millones sufrieron por su traición. Más difícil de comprender es el rol que los auto-proclamados internacionalistas tuvieron en perpetuar las ilusiones del comunismo oficial. Tal vez la muerte del intelectual esté merecida.

Aun así, Jacobin fue fundada bajo la premisa      de que existe todavía una audiencia para el comentario crítico. Un sondeo de los medios políticos actuales nos permite identificar dos tipos de publicaciones. Las esotéricas, sitios de ofuscación deliberada, totalmente desconectados de la realidad. Encuentran su complemento en revistitas que tratan a sus lectores como imbéciles. Si se suman sus pretensiones populares, su prosa de anuario escolar, y los informes optimistas sobre el desarrollo de los movimientos de masas, su rol es todavía más desorientador.

Aspiramos a evitar estas dos trampas. El compromiso sustancial no excluye el entretenimiento. Descartar las frases e ideas obsoletas no implica abandonar el pensamiento mismo. Levantar nuestra voz de descontento contra las trampas del capitalismo tardío no significa que no podamos lidiar con la cultura tanto a nivel estético como político. El análisis sobrio del presente y la crítica de la izquierda no implica la adaptación al status quo.

Jacobin no es el órgano de ninguna organización política ni se encuentra           atada a una única ideología     . Sin embargo, nuestros colaboradores están unidos en líneas generales por valores y sentimientos comunes:

+ Como defensores de la modernidad y del proyecto inacabado de la Ilustración.

+ Como reivindicadores de las cualidades libertarias del ideal socialista.

+ Como internacionalistas y epicúreos.

No tendremos ninguna posición editorial más allá de esto. Cada escritor y escritora hablan por sí mismos/as.

Solo espero que podamos estar a la altura de estos modestos objetivos y evitar la barbarie absoluta.

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Publicado en Artículos, Estados Unidos, homeCentro3, Ideas and Política

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